SEGUNDA PARTE
El salario

ANTONIO ROSADO GARCÍA

Antonio Rosado García

Para aprovechar el segundo período de la Presidencia de la República actual, todos quisiéramos resolver la pobreza  y que a través de algunos cambios a la administración y a las leyes, esto se pudiera lograr y así dar respuesta al problema más grave que vive nuestro país.

Se han tomado algunas medidas que supuestamente tratarían de ser la forma en que poco a poco se fuera mejorando el ingente problema que representa el cada vez más grande número de mexicanos que vive en malas condiciones. Por ejemplo, podemos hablar de la medida de aumentar el famoso Hoy No Circula poniendo a descansar dos veces a la semana a los automóviles presuntamente viejos, que son los que este segmento de la población tiene, con el argumento de la contaminación ambiental. Esta decisión fue tomada sin recapacitar que los ciudadanos que deben asistir a sus trabajos diariamente, tienen que aumentar a su presupuesto de gastos el  costo del transporte público que, además, no siempre es uno, sino que se ven obligados a tomar dos y hasta tres por las dificultades de comunicación; sin tomar en cuenta que muchos de estos vehículos hacen sólo un viaje de ida al trabajo y un viaje de regreso al hogar. Así que aún en caso de que fuera cierto el argumento de la calidad del aire, se debe entender que es una cosa mínima si se compara sobre todo con la contaminación que producen el mismo transporte público, los vehículos de los servicios urbanos del gobierno, los taxis y las emanaciones producto de la actividad industrial que aún funciona en la capital del país. El gobierno, al darse cuenta del daño tan grande que le hizo a los pobres de México, tomó una solución que aparentemente arregla el problema: informó que todos los vehículos sin importar sus años de uso, pero que demuestren que no contaminan, podrán circular todos los días.     

Esta determinación, que podría tomarse como buena, se utiliza una vez más para volver a sacar dinero a los ciudadanos, pues sin tomar en cuenta el resultado de la verificación anterior que bien pudiera ser de hace unos meses o de hace unos días, los obligan a recurrir una vez más a este servicio y desde luego a pagar un nuevo examen, lo cual nos hace pensar que, además del beneficio social ofrecido, significa obtener una enorme cantidad de millones de pesos que nadie sabe a dónde van a parar.

Otro ejemplo que demuestra la voracidad por el dinero es que para cualquier trámite que uno necesite, la administración exige un documento, acta de nacimiento, matrimonio o defunción actualizada al menos con fecha de tres meses anteriores, lo que obliga a tener que gastar una vez más en su obtención como si no fuera uno la misma persona con los mismos datos. Por la variedad de asuntos en los que se requieren estos documentos, esto significa también un ingreso millonario del que nadie sabe qué uso se le da.

Ya hablamos del abuso que se ejerce sobre el mismo núcleo demográfico con los famosos parquímetros que han sido impuestos a la población.

Ojalá que nuestros diputados y jefes delegacionales tomaran en cuenta, por lo menos, estos conceptos para evitar que continúe el deterioro de los ingresos de los trabajadores, y que se dé a conocer qué fin tiene lo recolectado, pues los ciudadanos sentimos que no se le da el uso que se espera y que ha sido prometido, ya que la ciudad entera está hecha un desastre con baches, encharcamientos, dificultades para transitar, mala iluminación, inseguridad creciente, falta de agua en algunas partes, mal y escaso  transporte público, entre otras muchas carencias.

Nos damos cuenta de que estos problemas se conocen y a veces se tratan de solucionar, pero puede más la mala administración que los buenos deseos: tarea pendiente para los tres años restantes de este gobierno.

Todos los días en la prensa nacional, en los medios de comunicación y en las redes sociales, se ven incongruencias como que se ha mejorado la atención a los que menos tienen y en otra parte que ha crecido alarmantemente el número de pobres en México, lo cual indica que o no se tiene un sistema adecuado, o es parte de un triunfalismo político que no debe existir.

Es la hora de pensar seriamente en el beneficio de los ciudadanos y no exclusivamente en los resultados de las elecciones y los votos conseguidos ya sea para los partidos políticos o para los cargos públicos.