EDUCACIÓN, HUMANISMO Y MERCADO

Durante la etapa de la enseñanza media y superior, ya con la educación primaria y la secundaria tras de sí, los estudiantes agudizan su capacidad para pensar, reflexionar, cuestionar, impugnar, exigir y decidir. De esta manera, se convierten en un importantísimo factor de regeneración para toda sociedad que se asuma democrática, pues sus acciones suelen estar vinculadas a la desigualdad social y a la educación. Esto es, a la sociedad humanitaria.

Siempre que el Estado (por democrático que presuma ser), divorciado del humanismo y seducido por el mercado, se desentiende de esta valiosa función de la juventud estudiantil, provoca dolorosos enfrentamientos que dejan profundas heridas en el tejido social. Se manifiesta el natural espíritu de rebeldía del estudiante. En este contexto, son paradigmáticos el movimiento de la “revolución estudiantil de mayo de 1968”, en Francia, que arrastró tras de sí a 9 millones de obreros franceses que se declararon en huelga, y que tuvo sus réplicas, ese mismo año, en diversos países europeos y de América Latina; y el cruento verano de 1968 en México, con su desdichada cuota de vidas segadas, víctimas de la represión.

Como se advierte en las páginas centrales de esta edición de El Ciudadano, el tema es vastísimo en lo que concierne a México, no obstante que no rebasa sus propios límites: las luchas estudiantiles en el país, algunas de las cuales datan del siglo XVII.

Es de llamar la atención la similitud de objetivos de esas luchas en el curso del tiempo, hoy como antaño: el rechazo enérgico al autoritarismo, a la injusticia, a la inequidad, al abandono de los deberes de los gobernantes en turno, a las conductas represoras de la autoridad y en general a la violencia.

Fernando Gil Villa, profesor de sociología en la Universidad de Salamanca, España, publicó el año pasado un valioso libro sobre el tema: Los estudiantes y la democracia. Reinventando Mayo del 68, en el que después de analizar movimientos estudiantiles similares en ese año, sobre todo los de España, Chile y México, concluye que hubo problemas no resueltos en aquella primavera y aquel verano, que ahora requieren su reivindicación: la recuperación de una educación humanista, de una mayor igualdad y libertad.

La muy voceada reforma educativa, ¿recoge esta problemática? ¿Será ese el motivo por el cual el Estado mexicano no ha construido una sola universidad pública desde hace 42 años? Los 100 mil jóvenes mexicanos rechazados cada año en los planteles de educación superior por falta de cupo, ¿están entre los “daños colaterales” de una política educativa excluyente?

¿Vamos bien? Evidentemente, no. El legado histórico de prohombres de la educación pública en México, ha sido hecho trizas por asesinatos, secuestros, impunidad, tortura, desapariciones forzadas, ejecuciones, Tlatelolco y Ayotzinapa. Todo por el culto a la globalización y al libre mercado.