Retratos
Fins Aviat Serrat

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Tenía tanto para contar desde el árbol de las manzanas…
Tantas imaginaciones, que la noche se resbalaba
por sentarse a oír lo que contaba.

Joan Manuel Serrat

Arturo Sánchez Meyer

Arturo Sánchez Meyer

Mientras la niñez de Joan Manuel Serrat sigue jugando en las playas del mar Mediterráneo, la mía está instalada en su música, en las canciones que mis papás escuchaban en discos de vinilo o en casetes durante aquellos viajes largos en carretera.

Es verdad que con diez años de edad no entendía muy bien las letras de las canciones, sin embargo, Serrat es (además de un excelente músico) un gran contador de historias. Yo escuchaba con sorpresa el drama del loco que se enamoró de un maniquí y terminó en el manicomio después de “cargarse de una pedrada el cristal” del aparador de una tienda y robarse a su amor “de cartón piedra”. Me entretenía la historia del príncipe al que “le salió rana la rana”, y al besarla él se convirtió en rana en lugar de la esperada metamorfosis del batracio a princesa; o la del falso gitano Curro “El Palmo” que murió de desamor, de soledad o de cualquier cosa: “quizá fue la pena o la falta de hierro/el caso es que un día nos tocó ir de entierro”, sin embargo, “por las noches,/ pa’ las buenas almas,/ el Currito ‘El Palmo’,/ sigue dando palmas”.

El primero de diciembre de 2021, Joan Manuel Serrat Teresa, hijo favorito del Poble Sec, en Barcelona, a sus 77 años de edad, anunció su retiro de los escenarios después 56 años de carrera artística y una impresionante cantidad álbumes: 32 de estudio, 6 en vivo y 7 de tributo.

“He decidido despedirme en persona. No me gustó sentirme despedido por una plaga”, dijo en una entrevista para el diario El país, en donde anunció también su última gira: “El vicio de cantar (1965-2022)”, que comenzará en abril en Nueva York, pasará por Latinoamérica y culminará en su natal Barcelona.

Serrat es, quizás, el cantautor español más famoso y premiado del mundo. Le han otorgado doce doctorados honoris causa, en universidades como la Complutense de Madrid, la Pompeu Fabre de Barcelona y la Universidad Nacional Autónoma de México, además de numerosos reconocimientos, una vida en los escenarios y tres generaciones de fanáticos fieles. “Detrás está la gente que necesita/ su música bendita más que comer”, dice el ubetense Joaquín Sabina sobre su primo el “Nano”.

“Cuando el jilguero no puede cantar, cuando el poeta es un peregrino”

El noi del Poble Sec se retira de los escenarios con el reconocimiento casi unánime de la crítica y el público, se retira a tiempo y bien. “Es una decisión guiada más por el sentimiento que por la razón. Empezó con el Covid que nos alejó de los escenarios, fueron dos años largos, duros, con grandes pérdidas y con mucho tiempo de reflexión. Yo pensaba que todo es muy frágil, somos muy frágiles, entonces pensé que antes de que me retire el tiempo mejor me retiro solo, pero de los escenarios, no de la música ni de escribir. Seguiré haciendo lo que más me gusta que es estar vivo”, le dijo Serrat al periodista Gerardo Rozín.

Porque antes que nada el Nano es partidario de vivir, como lo expresa en la canción “Cada loco con su tema”, y tras una carrera de éxito rotundo pareciera que la suerte le ha sonreído en todo momento, pero no siempre fue así.

En 1975 se vio obligado a exiliarse en México perseguido por Francisco Franco. Joan Manuel Serrat había cometido dos afrentas que el dictador no estaba dispuesto a pasar por alto: reivindicar la lengua catalana y ponerle música a algunos poemas de Antonio Machado, el poeta exiliado, muerto, símbolo de la resistencia y, por supuesto, prohibido por la dictadura.

En 1968 Joan Manuel Serrat (Juan Manuel era el nombre que había aprobado el régimen) fue candidato a representar a España en el festival Eurovisión, Serrat aceptó, habían elegido una canción para él: “La, la, la”, y parecía estar todo listo, hasta que le dijeron (dos semanas antes del concurso) que no podía cantarla en catalán. “O es en catalán o no canto”, les dijo Serrat a los organizadores de Televisión Española, ante lo cual fue sustituido por la cantante Massiel, quien con la misma canción pero en castellano ganó el festival. Ese acto le valió a Joan Manuel Serrat el veto en todas las televisoras y estaciones de radio en España por casi diez años.

“Todos los enfrentamientos que he tenido, que tuve y que tendré, siempre son con el mismo tipo de gente y aunque hubiera cantado o hubiera hecho cualquier tipo de cosa, hubiera seguido enfrentándome con este tipo de gente”, dijo el cantautor en una entrevista en 1972. Un año más tarde vino el exilio después de que Serrat acusó públicamente de asesino a Francisco Franco, cuando se enteró de la condena a muerte de once miembros de FRAP y de ETA.

Esperando poder regresar a su país, Joan Manuel, como Penélope, tejía y destejía siempre atento a sus canciones y a sus musas (que no andaban de vacaciones). En Latinoamérica encontró amigos y nuevas influencias, la música de Atahualpa Yupanqui, de José Alfredo Jiménez, de Chico Buarque, los poemas de Mario Benedetti y de Ernesto Cardenal le dieron a Serrat un nuevo aire, su canto se enraizó en la cultura musical desde México hasta Argentina, y como el Nano “no se siente extranjero en ningún lugar”, se hizo de una segunda patria del otro lado del charco.

“Qué tristeza. Me gusta muchísimo. Me gustaría ir a verlo, animarle y hacerle reír”, dijo la escritora Elena Poniatowska al enterarse del retiro de Serrat. “Debería aprender de mí. Soy mayor que él y aquí sigo. No me retiro”, remató la premio Cervantes de 89 años de edad.

Barça, Barça , Barça

“Blau Grana al vent/ un crit valent/ tenium un nom/ el sap tothom/ Barça, Barça, Barça”. (Azul Grana al viento/ corazón valiente/ tenemos un nombre/ todos lo saben/ Barça, Barça , Barça”). Así entonó Joan Manuel Serrat el himno del Fútbol Club Barcelona ante 98 mil personas que abarrotaban el Camp Nou, el 11 de abril del 2011, tras el triunfo de su equipo como campeón en la liga española.

“Soy del Barça desde que tengo conciencia. Nací del Barça como nací varón, moreno, catalán y del Pueblo Seco. Nadie me preguntó al respecto ni hay antecedentes de aficionados al balompié en la familia […]Pero el Barça es más que un club […] Trataré de explicarme. En tiempos de dictaduras, el F.C. Barcelona fue un reducto del catalanismo político que, impedido de expresarse libremente en la vida pública, se refugió en las más diversas asociaciones o entidades sociales catalanas […]de ahí que en una Catalunya enmudecida y represaliada, el Barça se convirtiera en algo más que un club de fútbol y este sentimiento se prolonga hasta nuestros días”. Escribió Serrat, para la edición 88 de la revista SoHo.

“Prefiero los caminos a las fronteras”

El matrimonio entre el hijo del Poble Sec y Barcelona vivía entonces un periodo de ensueño en el cual no había pesadillas en el horizonte. Serrat cantaba (siempre lo hizo) al menos un par de canciones en catalán sin importarle el país en el que estuviera actuando, lo hizo tantas veces que canciones como Paraules d’amor o Plany al mar permanecen aún en la memoria de quienes no hablamos la lengua del Nano. “El embajador de la lengua catalana”, lo llamaron algunos periodistas, pero la luna de miel sufrió un duro percance en el 2017 con el referéndum del primero de octubre conocido como “1-O”, el cual buscaba, ante muchísima polémica y acusaciones de ilegalidad, declarar la independencia de Cataluña.

Ante un escenario político muy complejo, durante la votación del referéndum ocurrieron lamentables enfrentamientos y embestidas de las fuerzas del orden público hacia la sociedad civil, dejando a su paso casi mil ciudadanos heridos.

Antes de que todo esto ocurriera, el 22 septiembre de ese año, Joan Manuel Serrat estaba en una gira en Chile con Ana Belén, Víctor Manuel y Miguel Ríos (“El gusto es nuestro 20”), y desde ahí, como si de verdad fuera un mago que predice el futuro declaró:

“En estos momentos la convocatoria de un referéndum en Cataluña no es transparente. Porque está creada con una ley que está elaborada por el Parlament de Cataluña, pero a espaldas de todos los demás miembros del Parlament […] Estas leyes se han hecho de un día para otro, sin discusiones, sin que hubiera enmiendas. No me da la sensación de que este referéndum pueda representar a nadie”. Y remató diciendo que le parecía muy complicado que se diera la votación. “No creo que se pueda hacer. En este referéndum no están las condiciones para votar […] esto crea en Cataluña una situación de una gran fractura social que, a mi modo de ver, va a costar muchísimo tiempo recuperar”.

Lo anterior colocó de nuevo a Serrat en el centro de la polémica, algunos aplaudieron sus palabras que calificaron de “sensatas”, otros lo acusaron de traidor a Cataluña. Las opiniones se dividieron y Joan Manuel, como siempre, siguió cantando, tal vez pensando en aquella frase que inmortalizó en su canción “Sinceramente tuyo”: “Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio”.

Y como no acostumbra quedarse callado, “harto ya de estar harto”, detuvo en 2018 un concierto en Barcelona para contestar a uno de los asistentes que le recriminó desde las gradas: “¡Cante en catalán, que estamos en Barcelona!” A lo que el cantautor del Poble Sec, después de pedir silencio a sus músicos, respondió. “Sé perfectamente que estoy en Barcelona, seguramente lo sepa antes que usted. Y desde antes que usted, estoy trabajando por hacer cosas en esta ciudad, así que le pido que me deje hacer mi espectáculo”. Los aplausos se hicieron escuchar e hicieron eco, muchos artistas e intelectuales de varias latitudes apoyaron las palabras de Joan Manuel. “La Cataluña que amamos tanto Serrat como yo, no ésta que intentan imponernos unos políticos ineptos, embusteros y ridículos, nunca lo considerará un traidor”. Declaró el fallecido escritor y ganador del premio Cervantes, Juan Marsé, para el periódico El Español, el primero de abril de 2018.

Habrá Tarrés sin Serrat

Regreso a la camioneta de mi papá y a la carretera, a los versos de Antonio Machado, de Rafael Alberti o de Miguel Hernández, entonados por la voz inconfundible de Serrat.

Recuerdo una de sus canciones “Los fantasmas del Roxy”, en la que el Nano cuenta la historia de un cine (el Roxy) que “iluminaba la Plaza Lesseps”, y que fue demolido abriendo paso a la modernidad: “Y en su lugar han instalado/ la agencia número 33 del Banco Central”. Pero derrumbado el cine no se extirparon los recuerdos ni las ánimas de los actores que en su día emocionaron a los espectadores, al contrario, los espectros regresaron con más fuerza: “Cuentan que al ver a Clark Gable en persona/ en la cola de la ventanilla dos,/ con su sonrisa ladeada y socarrona/ una cajera se desparramó […] Así que no se espante, amigo,/ si esperando el autobús/ le pide fuego George Raft./ Son los fantasmas del Roxy/ que no descansan en paz”.

Me parece que después de la despedida de Serrat ocurrirá algo similar a la leyenda del Roxy, sin que Serrat se entere se seguirá apareciendo de vez en cuando su alter ego “Tarrés”, robando luces y creando murmullos de un época que el cantautor catalán inauguró y cerrará, porque para no olvidarse de lo que fue, Joan Manuel Serrat lleva en él mismo su patria y su guitarra, “una es fuerte y es fiel/ la otra un papel”.

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