Editorial
LA RAÍZ DEL MAL

Plutarco Elías Calles fue quien instauró hace 81 años el régimen político que hoy domina a México. Lo hizo a partir de la creación de un partido político que, aunque surgió con otro nombre, se presumió desde su nacimiento con propósitos “revolucionarios e institucionales”.

Revolucionario, en el supuesto de que pretendía unificar las facciones que, participantes en la lucha armada iniciada en 1910, continuaron sus pugnas internas durante los siguientes 20 años. Fueron dos décadas de secuela sangrienta, con alto costo de vidas. A tal grado que puede afirmarse que todos los grandes líderes de la Revolución de 1910 acabaron asesinados.

Institucional, porque se proponía encauzar la gesta revolucionaria hacia un México gobernado democráticamente por instituciones.

Pero el problema de origen, que bien podría llamarse la raíz del mal, es que el régimen que trajo consigo aquel partido político en sus diferentes fases de evolución: Partido Nacional Revolucionario (PNR, 1929-1938), Partido de la Revolución Mexicana (PRM, 1938-1946) y Partido Revolucionario Institucional (PRI-1946), fue concebido por y para un sólo hombre que acumularía un poder omnímodo: Calles.

Y no sólo eso, sembró las raíces de un mal que se ha multiplicado y fortalecido al paso de los años: el poder insospechable del presidente de la República, eje central de un sistema envejecido, obsoleto e incapaz de resolver los desafíos que plantea el siglo XXI.

Hoy, los principales obstáculos para el avance democrático de México son el poder presidencial y el régimen en que se apoya ese poder desde hace décadas. Este régimen no ha evolucionado. Salvo periodos de avances innegables, el deterioro del modelo al que se ha ajustado el sistema está a la vista, incuestionable, agotado, agravado por dos problemas que todos los días lesionan a la sociedad: inseguridad y corrupción.

El cambio de régimen político es imperativo. Por encima de intereses personales. Por encima de intereses partidistas. Por encima de personeros a los que el régimen ha pervertido y corrompido, que cuestionan todo esfuerzo democrático de la ciudadanía… excepto los latrocinios, los atracos y abusos del régimen.

Sin duda, esa es la prueba mayor. El desafío más importante. Vencer las resistencias al avance democrático nacional, de las cuales forman parte las élites privilegiadas.