Francia y el futuro de la Unión Europea

Guillermo Rocha Lira

Guillermo Rocha Lira
@MemoRochaL

La llegada de Macron representa un gran avance para los intereses comunitarios de la Unión Europea

En las últimas décadas, dos tendencias predominan en el discurso de la política europea. La primera corriente, globalizadora y proeuropea, busca una mayor integración de la zona económica y el fortalecimiento del espacio Schengen, así como la estabilización de la política exterior y de seguridad común continental a través del intergubernamentalismo, la cooperación comunitaria y la consolidación de los órganos supranacionales que soportan a la Unión Europea. La segunda corriente, globalifóbica y nacionalista, reclama un respeto a la identidad local y exige un urgente replanteamiento de las condiciones del acuerdo continental y la participación de los miembros de la Unión Europea que privilegie lo gubernamental por encima de lo supranacional.

Esta segunda corriente se fortaleció rápidamente por una multiplicidad de factores internos y externos. En primer lugar, la crisis institucional de muchos de los países miembros, como en el caso de Grecia, provocó un efecto dominó de endeudamiento y crisis económica en otros países que desestabilizó a la Unión Europea. Por otra parte la asimetría económica y de desarrollo de los países de reciente ingreso provocó un desequilibrio en los países fundadores de la Unión, cuyos gobiernos decidieron recargar el costo de las políticas de integración en su población. Esto provocó una crisis social y de gobernanza que perturbó a los gobiernos y a las mismas instituciones de la Unión Europea.

La crisis económica y social provocó el surgimiento de movimientos y proyectos que desafiaron la hegemonía de la partidocracia y cambiaron el sistema de partidos. Tal es el caso de Podemos y Ciudadanos en España, los Partidos Pirata en Suecia, Alemania, Austria, Croacia, Finlandia y Portugal, así como el Movimiento 5 Stelle en Italia, que lograron ser un factor determinante para la transformación de los sistemas políticos de sus respectivos países. Sin embargo, el hartazgo ciudadano también se reorientó hacia formas radicales y conservadoras que fortalecieron a movimientos y partidos nacionalistas o de ultraderecha.

Otros factores externos también contribuyeron a la crisis social europea. Los conflictos armados y la guerra civil como en el caso de Siria, así como la desgobernanza en amplias regiones del planeta como Medio Oriente, el norte de África y el este de Europa, superaron la capacidad de los países de la Unión Europea para hacer frente a la llegada de millones de migrantes y refugiados. El pensamiento antiinmigrante predomina en el discurso conservador de los partidos y movimientos nacionalistas-neoconservadores que en casos extremos han evolucionado hacia posiciones racistas y xenofóbicas. Como lo hemos dicho en otros artículos de El Ciudadano, esta tendencia globalifóbica, proteccionista y separacioncita es encabezada por el presidente marioneta Donald Trump y la conservadora Theresa May, cuyo Brexit es y será un punto de inflexión en la evolución de la Unión Europea en los próximos años.

Las elecciones en Francia, así como otras consultas o procesos electorales europeos como en Austria y Serbia, deben analizarse en este contexto continental y mundial de dos tendencias ideológicamente opuestas que definen la política nacional y mundial en el siglo XXI.
En el caso particular de Francia, el proceso electoral se desarrolló en un contexto nacional de polarización caracterizado por las críticas al gobierno de Hollande y el descontento general de la población francesa por la crisis económica y los escándalos de corrupción que enfrentó su administración.

En las encuestas previas al proceso electoral, el presidente Hollande tenía un bajo nivel de popularidad que lo convertiría en un candidato poco competitivo. Por otra parte, el Frente Nacional que encabezaba la radical Marine Le Pen, hija del ultraderechista Jean-Marie Le Pen, se presentaba como una opción radical nacionalista-antieuropea que gracias a un discurso proteccionista y antiinmigrante ganó simpatizantes en la última década.

Existe una gran similitud entre las campañas electorales de Donald Trump y Marine Le Pen: ambos dirigieron su discurso a sectores agraviados por la crisis económica como los obreros, los pensionados, los desempleados e incluso los jóvenes, así como a sectores identificados con valores nacionalistas y patrióticos. Lo anterior explica en gran medida el crecimiento del Frente Nacional en Francia en los últimos años, ya que no sólo se integra por un colectivo antieuropeo y antiinmigrante con ideas nacionalistas, sino que incluso aglutinó a un sector de la clase media y baja afectado por las decisiones gubernamentales y las políticas de austeridad de la Unión Europea.

El fenómeno de “los olvidados de la República” y su identificación con el Frente Nacional merece un análisis profundo para entender el hartazgo y desencanto social de la ciudadanía que se orienta hacia proyectos radicales que confirman el avance de la ola nacionalista en Francia, en Europa, en Estados Unidos y en todo el mundo. Asimismo, vale la pena mencionar que en comparación con Donald Trump, el proyecto de Le Pen busca darle continuidad a una política exterior gaullista, nacionalista e independiente, lejos de organismos internacionales como la OTAN, que reivindicaría el papel de Francia en el concierto europeo, lejos de las decisiones supranacionales de Bruselas.

Antes de las elecciones, Marine Le Pen era la candidata mejor posicionada para ganar la primera vuelta en Francia, por lo que desde el gobierno se comenzó a diseñar un proyecto que fuera competitivo al Frente Nacional. Fue entonces cuando surgió En Marche!, un movimiento liberal encabezado por Emmanuel Macron, ministro de Economía, Industria e Informática del gobierno de Manuel Valls. La iniciativa fue lanzada el 6 de abril de 2016, y fue proyectada por el mismo Macron como un movimiento que fuera más allá de la concepción tradicional de las izquierdas y las derechas, que se constituyera a partir de una amplia coalición de grupos socialdemócratas, liberales, centristas, ecologistas y sobre todo ciudadanos, que superara la visión de los partidos tradicionales anclados al pasado. Para Macron, “la verdadera división actual está entre progresistas y conservadores, entre apertura e inmovilismo”.

Es necesario decir que todos los factores políticos y económicos relevantes operaron a favor de Macron, ya que desde el gobierno se diseñó y articuló un proyecto competitivo y ganador que derrotara al Frente Nacional de Marine Le Pen. El presidente Hollande entendió que la imagen del Partido Socialista estaba desprestigiada y que cualquier intento de continuidad de su gobierno fracasaría. Personajes importantes de la política francesa ayudaron a la conformación del proyecto de En Marche!, como Jacques Attali, ex consejero del presidente François Mitterrand y ex presidente del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo; Bernard Kroucher, co-fundador de Médicos sin Fronteras y ex ministro de Asuntos Exteriores; Erick Orsenna, consejero cultural durante el gobierno de Mitterand; Jean-Ives Le Drian, ex diputado y ministro de Defensa, e incluso el mismo ministro Manuel Valls.

Asimismo, En Marche! también se vio favorecido por el apoyo de poderosos grupos empresariales y sociales que fueron decisivos para el movimiento de Macron. Entre ellos destacan Bernad Tapie, dueño de Adidas y presidente del Club Olimpique de Marseille; Bernard Arnault, presidente y director general del Grupo Louis Vuitton; Pierre Berge, co propietario del grupo Le Vie-Le Monde, por mencionar algunos.
Desde el gobierno también se tomó la decisión de desfondar y radicalizar al Partido Socialista con la finalidad de impulsar al movimiento En Marche! Los escándalos revelados por los medios franceses durante el proceso electoral pulverizaron la candidatura del republicano Francois Fillon, mientras que la polarización de la sociedad provocó que prácticamente la batalla sólo fuera entre dos: el Frente Nacional de Marine Le Pen y el Movimiento En Marche! de Emmanuel Macron.

La batalla electoral Le Pen-Macron sintetizó la lucha entre las tendencias ideológicas y políticas que predominan en Europa y el mundo. Por una parte, la ultraderechista Le Pen, con su discurso proteccionista, nacionalista y antieuropeo llamaba a la defensa de la soberanía de la nación francesa, amenazada por la apertura comercial, la migración y la globalización en general. Por otra parte, el movimiento En Marche! llamaba a una profunda transformación de la República Francesa mediante la construcción de un nuevo pacto social en el que existiera un Estado protector que impulsara un nuevo modelo de crecimiento frente a la crisis que viven Francia y la Unión Europea. Emmanuel Macron, proeuropeo e integracionista, llamaba a construir una Europa más fuerte, en la que Francia tuviera un papel relevante que garantizara el bienestar de los ciudadanos europeos y superara la desigualdad y la asimetría de las naciones.

Desde la primera vuelta, Macron se impuso a Le Pen por al menos un millón de votos. El 23 de abril los candidatos Hamon y Fillon declararon públicamente su apoyo al movimiento En Marche! El apoyo de los candidatos a su proyecto y el voto útil jugaron a favor de Emmanuel Macron, quien para la segunda vuelta contó con el apoyo de más sectores de la sociedad que apuntalaron su candidatura ante una posible victoria de la radical Le Pen.

En las elecciones de Francia estaba en juego algo más que la presidencia, ya que parte del futuro de la Unión Europea fue decidido por los franceses en las urnas. Después del Brexit y el triunfo de la dupla británica May-Johnson, la posible victoria de la derechista Le Pen hubiera significado el tiro de gracia al proyecto supranacional europeo, mientras que el triunfo de Macron garantizaba la continuidad del proyecto comunitario.

En este sentido, no hay que perder de vista el apoyo internacional que tuvieron ambos candidatos durante el proceso electoral. El equipo de campaña y la misma Marine Le Pen sostuvieron reuniones con el magnate presidente Donald Trump. En su momento, el presidente de Estados Unidos afirmó que Le Pen “era la candidata ideal porque era la más firme con las fronteras”.

Le Pen también contó con el apoyo de un aliado estratégico como Vladimir Putin, quien entiende que apoyar las causas nacionalistas en otros países es la mejor forma de impulsar el proyecto de expansión e influencia rusa en Europa y el mundo. Está claro que para el Kremlin una Europa debilitada y dividida representa el mejor escenario para Rusia. Curiosamente, días antes de la jornada electoral Wikileaks divulgó un conjunto de documentos del equipo de campaña de Macron en los que se mostraba información sobre el financiamiento de En Marche! El procedimiento fue casi idéntico al que afectó al equipo de campaña de Hillary Clinton, sólo que en el caso francés no cambió la preferencia del electorado.

En cifrasPor su parte, Emmanuel Macron también contó con el apoyo de aliados internacionales estratégicos: días antes de la elección, el ex presidente Obama emitió un mensaje para el pueblo francés en el que apoyaba decididamente el movimiento En Marche! “por el bien de Francia y la defensa de los valores liberales que le importan a Europa y a la humanidad”. Asimismo, previo a la segunda vuelta, Macron sostuvo importantes reuniones con la canciller alemana Angela Merkel. El respaldo germano y de los líderes de la Unión Europea también representó un factor decisivo para su triunfo.

El 7 de mayo se confirmaron las tendencias en las encuestas. Los resultados oficiales mostraron que Emmanuel Macron obtuvo un 66% de la votación nacional, mientras que el Frente Nacional de Le Pen solo obtuvo el 33%. Según datos del Huffington Post, más del 40% de los electores que en la primera vuelta votaron por Mélenchon y Fillon apoyaron en la segunda vuelta a Macron.

Sin embargo, es necesario analizar el avance de las fuerzas conservadoras en Francia y en toda Europa. Por primera vez la ultraderecha tuvo una oportunidad real de gobernar y la votación nacional de la segunda vuelta revela que al menos 1 de cada 3 franceses está de acuerdo con las posturas radicales y antieuropeas. En comparación con el proceso electoral estadounidense, Le Pen, al igual que Trump, obtuvo una mayor votación en regiones con altas tasas de desempleo y desigualdad, particularmente en zonas rurales en las que la población tiene un nivel educativo menor.

Dentro de la Unión Europea, la llegada de Macron representa un gran avance para los intereses comunitarios, pero es evidente que la tendencia nacionalista antieuropea avanza en otros países del continente como en el caso de Serbia, país en el que el conservador Aleksandar Vucic ganó la presidencia con un holgado margen que no necesitó de una segunda vuelta. Por otra parte, preocupa el fortalecimiento del proteccionismo y el nacionalismo que se nutre de la intolerancia, la xenofobia y, en casos extremos, de la violencia representada en el terrorismo que, lamentablemente, se hizo presente hace unos días en Manchester. Estos hechos representan una oportunidad para que grupos de ultraderecha y conservadores radicalicen su propuesta y obtengan más triunfos electorales.