El Nuevo Orden Mundial

Guillermo Rocha Lira

Guillermo Rocha Lira
@MemoRochaL

China y Rusia, los grandes ganadores del nuevo orden geopolítico mundial

Los eventos que acontecieron en 2016 pueden ser interpretados como una nueva configuración del orden geopolítico mundial. El triunfo del Brexit, las elecciones presidenciales en Estados Unidos, la crisis siria, y el fortalecimiento regional y mundial de Rusia alteraron el escenario de las relaciones internacionales.

Estados Unidos sigue siendo el principal referente de este nuevo orden mundial en el que la Doctrina Trump sintetiza gran parte del pensamiento nacionalista, intolerante y proteccionista presente en muchas regiones del planeta. Se trata  del pensamiento de una sociedad global anárquica, anti-sistémica y principlalmente antigloblalizadora. Mucha razón tenían analistas internacionales como Alfredo Jalife en insistir desde hace más de una década en que la dinámica internacional se mueve hacia la desglobalización, marcada por la derrota gradual del neoliberalismo y las tendencias globalizadoras.

Los resultados electorales en muchas partes del mundo nos llevan a concluir que el comunitarismo y la cooperación de finales del siglo XX han sido sustituidos por la globalifobia del siglo XXI. Lo de hoy es lo nacional y lo intergubernamnental por encima de lo supranacional; la división que supera la integración.

Persisten la anarquía y multipolaridad de la sociedad internacional en la que existen más  actores que reclaman un espacio en el juego global. Las reglas han cambiado y los intereses y objetivos se han redefinido radicalmente. Hace treinta años una debilitada Unión Soviética ponía fin al socialismo real con su rápida desintegración, mientras que el neoliberalismo estadounidense se mostraba como vencedor del conflicto bipolar. Después de tres décadas, la transformada y renovada Federación Rusa es ahora el principal aliado del magnate y presidente de los Estados Unidos.

La victoria de Trump en las elecciones presidenciales dejó ganadores y perdedores en diversas partes del mundo. Países alineados a la política exterior de Obama esperan un enfriamiento de la relación con Estados Unidos, mientras que aquellas naciones que rivalizaban con las políticas de las dinastías Bush-Clinton ven en Trump a un aliado natural y cómodo para sus intereses nacionales y particulares. Las declaraciones del presidente electo en los últimos meses permiten prever que los ejes de su política exterior se basarán en un marcado proteccionismo que reafirma la crisis del modelo neoliberal en América del Norte y todo el mundo. 

La Doctrina Trump nacionalista-proteccionista será bien aprovechada por naciones preparadas para ocupar el vacío económico-comercial que deje Estados Unidos en diferentes regiones del mundo. Ahí estarán listos Rusia y China para ocupar el lugar que les corresponde en el siglo XXI.
El caso de Rusia es una muestra perfecta de la nueva reconfiguración mundial. El antiguo rival bipolar de Estados Unidos ahora parece ser el mejor aliado del nuevo magnate presidencial. Esta región del mundo, vapuleada por terribles crisis económicas, desintegrada en muchas naciones que conforman la Comunidad de Estados Independientes (CEI), pero con una considerable capacidad industrial y militar, ha experimentado un claro resurgimiento en el escenario regional y mundial.  

Rusia está de regreso en el escenario internacional como una hegemonía lista para recuperar el lugar que le pertenece como potencia mundial. Este resurgimiento es entendible gracias al liderazgo indiscutible de Vladimir Putin, principal beneficiado de la victoria de Trump, que se percibe como el hombre más poderoso del mundo. Paradójicamente, sólo bastaron menos de tres décadas para que la gran perdedora bipolar recuperara su posición hegemónica. Ahora parece que son los rusos los que establecen las reglas del juego mundial.

El hackeo a las comunicaciones de John Podesta, jefe de la campaña del Partido Demócrata, y a los archivos de la Fundación Hillary Clinton durante la campaña electoral en Estados Unidos, son una muestra de la capacidad intervencionista de Rusia y del alcance de la política exterior de Putin. Este suceso sólo es el colofón de una serie de acciones que demuestran la voracidad de la política exterior rusa, y se suman a una serie de operaciones unilaterales agresivas que han tenido lugar en los últimos años, como la ocupación de Crimea, la intervención en Siria, entre otras.  
En este sentido, pareciera que Trump no representa una amenaza mayor a los intereses rusos y es visto como un político “manejable” en comparación con el liderazgo de Putin. El fortalecimiento de la política rusa nos hace recordar a la hegemonía regional de los zares y los secretarios generales del Partido Comunista en el pasado.

Este nuevo escenario mundial tiene obvias repercusiones en lo regional y preocupa a los integrantes de la Unión Europea, proyecto supranacional que desde hace más de un lustro experimenta una inestabilidad interna por la crisis económica griega. Esta inestabilidad se profundizó aún más con el triunfo del Brexit. 

El escenario futuro para los gobiernos no parece sencillo: pareciera que la política continental comunitaria y de progresiva integración experimenta una fase regresiva en la que los peligrosos nacionalismos del pasado parecenieran recuperar fuerza entre los ciudadanos. Esta fiebre nacionalista quedó demostrada también en las elecciones de Austria y Bulgaria, en las que resultaron vencedores proyectos antieuropeos y anticomunitarios. El nacionalismo se asoma como el principal peligro para los países europeos, pues podría derivar en proyectos políticos radicales que pongan en duda la continuidad del esfuerzo supranacional.

En el contexto regional, da la impresión de que Europa está cayendo en un escenario de “alianzas y contra alianzas” que caracterizó la política continental clásica de los imperios y los Estados absolutistas. Parece que hoy las naciones se definen entre aquellas que siguen creyendo en el comunitarismo y aquellas que desean seguir los pasos de Gran Bretaña.

Las naciones procomunitaristas como Alemania y Francia tendrán que hacer frente a un escenario internacional adverso provocado por la victoria de Trump y el fortalecimiento de Rusia, principal amenaza a los intereses de la Unión Europea. Este último factor representa un enorme riesgo para la estabilidad del proyecto supranacional, ya que el gobierno ruso aprovechará la debilidad comunitaria para acercarse, como lo hizo en el caso de Ucrania, a las naciones del este que recientemente ingresaron a la Unión Europea, como Estonia, Letonia, Lituania y Bielorusia, entre otras. El triunfo del candidato militar pro ruso en Bulgaria demuestra el interés que tiene el gobierno de Rusia en lo que históricamente consideran su zona natural de influencia: el este de Europa, la zona báltica y el Cáucaso. En dicha región, el “paneslavismo” y el liderazgo cultural ruso estarán presentes en los próximos años.

Por si faltara poco, los europeos tendrán que lidiar con enormes grupos de migrantes provenientes de otras regiones, principalmente de Medio Oriente y África, lastimadas por los conflictos armados y la inestabilidad política. Estas olas migratorias caracterizan el debate europeo y podrían provocar la radicalización de proyectos de derecha y ultraderecha, así como de otras expresiones políticas nacionalistas y xenofóbicas que encuentren en el “fenómeno migrante” la causa de su inestabilidad económica y sus problemas sociales.  

La tragedia que vive Siria es un claro ejemplo de la nueva configuración geopolítica mundial. La derrota de la política exterior de Obama y la victoria electoral de Trump, la debilidad de la Unión Europea, así como el fortalecimiento de Rusia, fueron factores que influyeron en el desenlace de esta guerra.  El apoyo ruso a las fuerzas del gobierno de Al-Assad fue determinante en los últimos días para terminar con la resistencia que mantenían las fuerzas opositoras al régimen.

Terribles imágenes se viralizaron en las redes sociales sobre el fin de la resistencia en la ciudad de Alepo. En las imágenes y en los videos se mostró el avance de las fuerzas militares contra los grupos rebeldes y civiles. Durante esta guerra, Amnistía Internacional y otras organizaciones no gubernamentales denunciaron el uso indiscriminado de armamento específico contra la población civil. La guerra que se vivió en Siria y los métodos utilizados serán juzgados por las futuras generaciones como crímenes de guerra y de lesa humanidad, tal como sucedió en el caso de la antigua Yugoslavia y Ruanda. Todo a su tiempo…

La guerra civil en Siria provocó que millones de personas de esta nación buscaran refugio en otros países, principalmente en Europa. Muchos gobiernos ven estos fenómenos migratorios como una amenaza y niegan su apoyo a refugiados. Esta es sin duda la diáspora de nuestro tiempo, reflejo de nuestra poca solidaridad y degeneración global.

En Medio Oriente no sólo hay perdedores, ya que la victoria de Trump benefició directamente a los intereses de Israel en la zona. Al igual que Putin, Benjamin Netanyahu se visualiza como un aliado de Trump que podrá justificar y ampliar su política de policía local en la región. Desde luego, los países árabes tendrán que recurrir al imperativo business para consolidar sus vínculos comerciales con Estados Unidos, y que estos les permitan estabilidad económica y garanticen su seguridad frente a los radicalismos islámicos y otras amenazas externas. Con el tiempo se verá en qué medida la alianza Trump-Putin provoca la radicalización de grupos extremistas, o bien un trabajo conjunto con Israel que signifique la disminución del yihadismo global.

Frente a los nacionalismos extremos y los proteccionismos económicos, sociales y culturales, estarán aquellas naciones listas para ocupar el lugar que les corresponde en la historia, aprovechando el vacío de poder que dejan otros. Ahí está China con su poder industrial comercial y un pasado milenario que le respalda. Los chinos sí ven en la adversidad una oportunidad para crecer y ampliar su dominio comercial. Al igual que en el caso ruso, el triunfo de Trump representa la oportunidad perfecta para que el gigante asiático comience el abordaje descarado en naciones lationamercianas como México. China y Rusia: los grandes ganadores del nuevo orden geopolítico mundial. 

La política comercial proteccionista de Trump es la oportunidad perfecta que China esperaba para impulsar su política de expansión y liberalización. Después de las amenazas deliberadas del presidente magnate hacia importantes empresas como Ford, e incluso hacia aquellas no estadounidenses como Toyota, Honda y Hyundai, empresas chinas aprovecharán la oportunidad de invertir en México y muchas regiones del mundo, según revela Forbes.

En el siglo XXI, la China socialista tiene más que nunca una tendencia a favor del libre mercado, mientras EUA es una potencia capitalista proteccionista. Así han cambiado el juego global y sus actores.

China no dejará pasar la oportunidad de aprovechar sus vínculos comerciales en todas las regiones mientras Trump sea presidente. En la medida en que naufraga el Tratado Transpacífico, el gigante asiático afirma su poderío en su área natural de influencia: Asia-Pacífico.

En el nuevo orden geopolítico mundial prevalece una sociedad internacional multipolar en la que los acuerdos y tratados de integración económica y de seguridad se ajustarán de acuerdo a los intereses de Estados Unidos, Rusia y China, por lo que las decisiones de organismos internacionales como la ONU, la OTAN, el Banco Mundial y el FMI dependerán de esta alianza bipolar ampliada con la presencia china. No hay que perder de vista que Rusia y China mantienen una alianza propia que podría provocar en el mediano plazo que el centro político, económico y financiero del planeta gire en torno a esta zona del mundo.

çAmérica Latina tendrá que mostrar una postura digna y firme frente a la política exterior de Trump por lo menos en los próximos cuatro años. Los gobiernos latinoamericanos tienen un reto enorme: por una parte, deben garantizar la gobernabilidad de sus naciones, despejando escándalos de corrupción y mala administración pública que abarcan casi todo el continente; por otra parte, tendrán que blindar sus economías frente a las presiones, decisiones y amenazas que lleve a cabo el presidente de EUA.

Para América Latina la victoria de Trump también debe representar una oportunidad. Frente al descrédito y las amenazas del presidente electo contra la población latina, es un buen momento para que sus gobiernos consoliden proyectos de integración continental y acuerdos multilaterales con otras regiones del mundo. Si para China este es el escenario perfecto para ampliar sus relaciones comerciales, para Latinoamérica debe ser el momento de diversificar su mercado exterior.

En México, la llegada de Luis Videgaray al frente de la Secretaría de Relaciones Exteriores demuestra que la política exterior seguirá sin oponer mucha resistencia a las amenazas y acciones de Donald Trump. Este nombramiento parece buscar un acercamiento con el gobierno estadounidense para minimizar los costos de una posible renegociación en materia económica y de seguridad en torno al TLCAN.

Este nuevo orden mundial merece una reflexión profunda por parte del gobierno mexicano. La participación del país es fundamental en el equilibrio de poder de esta nueva configuración internacional y es preciso que la sociedad en su conjunto comprenda su papel en este momento de la historia. México y Brasil son los países con mayor desarrollo económico y comercial de América Latina, por lo que la consolidación de nuestro país como potencia media es impostergable.