Mujeres en Movimiento
Empoderamiento para la igualdad: ¡Meta para 2018!

Claudia Trujillo Rincón

Claudia Trujillo Rincón Coordinadora Nacional de Mujeres en Movimiento @trurin

En relación a la revolución social que ha surgido en muchos escenarios de la vida de nuestro país a causa de la paridad de género, es importante colocar el tema en su exacta dimensión y, sobre todo, tratar de avanzar a la velocidad que la sociedad nos exige para otorgar atención y respuesta a los sucesos que como mujeres se nos presentan día a día y, en muchos de los casos, nos vulneran y agravian.

Empecemos por identificar que el empoderamiento de las mujeres no es un reto al género masculino, sino un proceso que tiene como objetivo generar y lograr estrategias para alcanzar la igualdad efectiva en todos los ámbitos de la vida; particularmente, se trata de impulsar una mayor participación de las mujeres en los escenarios de poder, hasta lograr una conformación paritaria.

Por ello, hablar de igualdad de género nos remite en principio a una definición clara y exacta que se resguarda en un principio constitucional que estipula que “las mujeres y los hombres son iguales ante la ley”. En ese entendido, queda claro que todas las personas, sin distinción, tenemos los mismos derechos y deberes frente al Estado y la sociedad.

Sin embargo, pese a la claridad del precepto, que además se ubica como una garantía individual en nuestra Constitución, no es precisamente un hecho tangible en la vida cotidiana. Esta igualdad que muchas personas, instituciones y gobiernos plasman en sus discursos, eventos, campañas publicitarias y otros, no se ve reflejada en oportunidades verdaderas para las niñas y mujeres en México.

Basta con decir que no corremos con la misma suerte cuando de tener un trabajo se trata, y si lo logramos, la misma cantidad de trabajo no equivale al mismo salario; cuando procedemos a levantar una denuncia somos revictimizadas y se nos cuestiona antes de atendernos; cuando transitamos por la calle o en el transporte público, sufrimos acoso o agresión física; o bien, cuando queremos competir por cargos de representación popular u ocupar espacios de decisión, somos invisibilizadas por no considerarnos aptas para el espacio.

En México, la desigualdad de género es evidente de muchas formas. El propio CONEVAL muestra en sus indicadores de pobreza y género 2008-2012 que la desigualdad prevalece en todos los aspectos, y aunque se mantiene optimista ante una ligera mejoría, no deja de aclarar en su estudio que la desigualdad en nuestro país existe en todos los ámbitos: hogar, ingreso, educación, salud, seguridad social, vivienda, alimentación y trabajo.

Vale la pena recordar que el término empoderamiento de las mujeres, que fue impulsado como estrategia para la igualdad y la equidad en Beijing 1995, buscaba aumentar la participación de las mujeres en puestos de decisión. Sin embargo, tuvo que a ampliarse a otra dimensión vinculada a la toma de conciencia del poder que ostentan las mujeres y que tiene que ver con cambios para la superación de las prácticas culturales y estructurales, que contribuyen a perpetuar su situación de desventaja y desigualdad.

Por ello, insisto en que los esfuerzos encaminados a lograr la igualdad de género no deben confundirse con una lucha entre sexos, sino una lucha por erradicar prejuicios que lastran a una sociedad que no permite el avance de las mujeres; una lucha para que la ciudadanía tenga una visión más amplia y de colaboración ante esta nueva presencia de mujeres en los roles políticos, públicos, empresariales y académicos, asumiendo una gran conciencia para, con ello, dar paso a la creación de liderazgos femeninos.

 

Hoy podemos afirmar que el avance de los derechos de las mujeres no se detiene y se ha convertido en una de las revoluciones sociales más importantes que haya visto la historia de México, pero aún hay espacios del país en donde nuestra representación no se ve o se descarta. En las próximas elecciones se observa, para la presidencia de la República, el intento de Margarita Zavala y Marichuy Patricio, ambas como independientes; por ahí se oye a Georgina Trujillo por el PRI, en Tabasco; en Morena sólo se vislumbra a Claudia Sheinbaum, por la CDMX; y con mayor presencia, en la coalición Por México al Frente surcan la batalla Ma. Elena Orantes, en Chiapas, Alejandra Barrales, por la CDMX, y ayer levantó la mano Martha Erika Alonso, en Puebla. Afortunadamente, las candidaturas al Senado y diputaciones Federales y locales se integrarán en paridad; del mismo modo veremos el comportamiento en las Alcaldías, no en la postulación, que igualmente es obligatoria en paridad, sino en la respuesta del voto para ellas .

La sociedad debe hacer su parte confiando en las candidatas que, además del complejo proceso que se sigue al interior de los partidos políticos para poder llegar, deben enfrentar descalificaciones y críticas de quienes todavía no entienden que debemos construir nuevas generaciones que reflejen un mayor desarrollo y un crecimiento real en la igualdad de género en nuestro país.

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