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		<title>CrónicaDubrovnik: el verdadero  King´s Landing  y su historia de lucha incansable</title>
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		<dc:creator><![CDATA[administrator]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Jul 2023 07:17:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[En Movimiento]]></category>
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					<description><![CDATA[Para quienes no hayan visto la serie Game of Thrones, esta indroducción es definitivamente un spoiler, por lo que sugiero pasar directamente al primer subtítulo....]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2018/12/AdrianaSanches.jpg"><img decoding="async" loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-14449" src="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2018/12/AdrianaSanches.jpg" alt="AdrianaSanches" width="150" height="230"></a><span class="capitalLetter">P</span>ara quienes no hayan visto la serie <em>Game of Thrones</em>, esta indroducción es definitivamente un <em>spoiler</em>, por lo que sugiero pasar directamente al primer subtítulo. Establecida la advertencia, en esta historia de guerras entre reinos, dragones, lobos y especies de zombies (o <em>white walkers</em>) hay muchos personajes entrañables y muchos otros a los que, personalmente, guardo un odio profundo. Entre ellos (porque son varios) están el sádico y mimado rey Joffrey Baratheon y su diabólica madre, Cersei Lannister. Por lo tanto, dos de mis escenas favoritas de la serie son: cuando (por fin) Joffrey muere envenenado y cuando Cersei es obligada a recorrer “el camino de la vergüenza”. El deseo de venganza que habitó en mí durante varias temporadas, y seguramente en muchos de los espectadores, fue momentánamente satisfecho en estas escenas, y las dos (entre muchas otras) fueron grabadas dentro de los muros del casco histórico de Dubrovnik.</p>
<p>Basada en las novelas de George R. R. Martin, esta serie tuvo tanto éxito en todo el mundo que, aunque Dubrovnik no le cobró por utilizar sus paisajes como escenario, con el paso del tiempo le resultó más que redituable: ha ganado millones de euros en visitas turísticas. El tour de <em>Game of Thrones</em> era una las actividades que más esperaba de mi viaje a Dubrovnik, pero aun sabiendo de antemano que parte de la serie fue grabada en ese lugar, jamás me imaginé que al bajar del taxi en la mitad de la noche y acercarme a la puerta Pile, mientras cruzaba el puente de piedra me iba a sentir transportada a otra época, como si en vez de un taxi me hubiera subido a una cápsula del tiempo que me llevó, en media hora, directo al Medievo. Cruzar el puente levadizo arrastrando maletas me pareció casi irrespetuoso, con la ciudad a media luz el camino entre los callejones oscuros y silenciosos merecía una entrada solemne, silenciosa… todo eso pasó por mi mente por varios minutos hasta que llegué a la zona de los bares y, por arte de magia, volví al siglo XXI, casi pude ver a Tyron Lannister riendo con una cerveza entre las manos.</p>
<p>A la mañana siguiente, a la luz del día la ciudad era otra, rodeada del bullicio de los turistas, las tiendas de <em>souvenirs</em> y las banderas de colores de los guías detienéndose en cada edificio para explicar su historia. Aun así agradecí la decisión de haberme hospedado en el casco histórico, estar dento de una ciudad amurallada crea de algún modo la sensación de que todo lo que ocurre dentro tiene su propio sentido. Y obviamente lo tiene, pero la historia de esas murallas es mucho más heróica de lo que imaginé, incluso sin dragones o muertos vivientes.</p>
<p>Me parece importante aclarar, sólo para subrayar la ingenuidad de mi imagnario geográfico, que durante este viaje de trabajo a Europa me había empeñado en conocer Venecia, una ciudad que se me había escapado en viajes anteriores y que ahora había resurgido en mi mente porque alguien me contó que los canales estaban más limpios que en mucho tiempo, a raíz de la pandemia. A la vez, también llevaba tiempo dándole vueltas a la idea de conocer alguna playa de las costas croatas. Cuando vi el mapa (y sí, hasta que vi el mapa) me pareció una feliz coincidencia que el viaje de Venecia a Dubrovnik fuera tan corto: una hora y media. Y así fue, Venecia me llevó a Dubrovnik… una coincidencia que, después supe, a ellos les había ocurrido una que otra vez anteriormente. Quien conozca algo de la historia de Dubrovnik sabrá a estas alturas que decir “fui a conocer Venecia y aproveché que la ciudad está muy cerca” no es la mejor carta de bienvenida, lo único que me salvó seguramente de ser explulsada fuera de la muralla fue decir que soy mexicana (al parecer, como en otros muchos lugares, nuestras telenovelas nos representan).</p>
<h4 class="subtituloh4">LA “ATENAS DÁLMATA” Y SU LUCHA ENTRE ORIENTE Y OCCIDENTE</h4>
<p>Esta ciudad costera está localizada en la región de Dalmacia, en la República de Croacia, y es conocida como “la perla del Adriático”. En la primera mención escrita, que data del año 614, se le llama “la ciudad de Ragusa de los Dálmatas romanizados”. El nombre de la ciudad derivó de isla de Laus, que en griego significa “la roca”. Con el tiempo, los pueblos eslavos de los Balcanes fueron llegando a este nuevo núcleo en el mar Adriático y la mezcla de lenguas dio lugar al término Dubrovnik, que proviene de la palabra eslava <em>Dubrava</em>: bosque de robles.</p>
<p>La historia de esta ciudad es de dominios imperiales y de resistencia, con lo cual no difiere mucho de la trama de <em>Game of Thrones</em>. A partir del siglo IX, Ragusa pasó a estar en la órbita del Imperio Bizantino, aunque gozando en cierta medida de libertad e independencia. Gracias a sus arreglos internos la ciudad creció hasta convertirse en uno de los puertos más prósperos del Adriático. Fue justamente en esta época cuando se construyeron algunos de los edificios más importantes, como el Palacio del Rector, la Gran Fuente de Onofrio y el Palacio Sponza.</p>
<p>Durante casi cuatro siglos, Dubrovnik ganó importancia sobre el resto de las ciudades de la Costa Dálmata, pero con su fama y prosperidad crecieron tamibén las amenazas de sus enemigos. Previendo futuros ataques, desde el siglo XIII se empezaron a construir las murallas de Dubrovnik con el fin de proteger la ciudad. Con numerosas adiciones y modificaciones a lo largo de su historia, la muralla ha sido considerada como una de las grandes fortificaciones de la Edad Media, ya que nunca fue tomada por un ejército hostil durante este periodo de tiempo.</p>
<p>En este punto de la historia es donde mi ingenguidad geográfica viene al caso, ya que la principal potencia marítima de la época era, justamente, Venecia, clave en las rutas comerciales del Mediterráneo. Con lo cual resulta lógico que, después de conquistar otras ciudades cercanas, Venecia haya invadido Dubrovnik en 1205, imponiéndole aceptar el nombramiento de un obispo y el italiano como lengua oficial. Fue hasta 1358 que, aporvechando la guerra con Hungría, Dubrovnik pudo liberarse del dominio véneto.</p>
<p>Aunque merecida y festejada, su libertad se vio amenazada nuevamente pocos años después, ahora por las tropas turcas, pero si algo había aprendido la antigua Ragusa en su historia de dominación era el arte de la diplomacia, gracias a lo cual pudieron lograr un tratatado de paz a cambio de pagar tributo anual al rey de Hungría, consiguiendo el ansiado título de “República de Ragusa”.</p>
<p>La lucha por la independecia había fortalecido el ánimo de los habitantes de esta pequeña ciudad, que siguió luchando contra otras grandes potencias italianas y llegó a reunir una flota de doscientos barcos, con tal reconocimiento que dos de sus marineros fueron llamados a sumarse a la tripulación que acompañó a Colón en su primer viaje a América.&nbsp;</p>
<h4 class="subtituloh4">ENTRE DERRUMBES,LLAMAS Y BOMBAS</h4>
<p>La expansión de Dubrovnik continuó, pero mientras se cuidaban de enemigos de carne y hueso, en 1667 la ciudad fue azotada por una tragedia que trajo más destrucción que cualquier otra amenaza: un terremoto masivo la destruyó casi por completo, causando la muerte de aproximadamente 5,000 personas (lo cual representaba el 40 por ciento de la población).</p>
<p>Al gran terremoto siguió un incendio, que avivado por los fuertes vientos que se desataron en días posteriores, consumió gran parte de los restos de la ciudad. No fue el único, en 2007 bomberos y habitantes lucharon 24 horas por apagar las llamas de un incendio que había llegado desde Bosnia-Herzegovina y que rápidamente se desplazó hacia el territorio croata. Aunque esta es la expliación histórica, estando ahí uno no puede evitar imaginarse a los dragones de Daenerys Targaryen escupiendo fuego sobre la ciudad.</p>
<p>Después del terremoto, la mayor parte de los edificios románicos y góticos que caracterizaban Dubrovnik fueron destruidos y durante la restauración adquirieron el aspecto barroco que presentan hoy. Además, mientras estaba en ruinas y cenizas, la ciudad sufrió saqueos, luchas de poder y muchas otras consecuencias devastadoras, pero la valentía de sus habitantes, una vez más comprobada, logró que poco a poco se fuera restaurando la paz.</p>
<p>Finalmente, ya en el siglo XX, Dubrovnik se libró de los ataques de las dos Guerras Mundiales, pero no escapó a los bombardeos de la horrible Guerra de Yugoslavia. En 1991, el voto fue casi unánime por la República de Coracia, independiente de Yugoslavia, ante lo cual el ejército, compuesto en su mayoría por serbios y montenegrinos, declaró la guerra a los croatas y lanzó un ataque terrestre, marítimo y aéreo al mismo tiempo sobre Dubrovnik. La ciudad fue asediada y bombardeada durante seis meses.</p>
<p>Después del peor peor ataque de su historia, los edificios históricos que habían sido restaurados volvieron a caer, así como parte de las murallas. La destrucción llegó a tal grado que la Unesco declaró a Dubrovnik ciudad Patrimonio de la Humanidad en peligro hasta que, en 1998, recuperó parte del esplendor de su patrimonio.</p>

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<h4 class="subtituloh4">LOS MILAGROS DE SAN BLAS: SANTO PATRONO DE DUBROVNIK</h4>
<p>Después de conocer la historia de esta ciudad y su aguerrida resistencia ante tantas invasiones y desastres naturales, uno se pregunta cómo es que pudo sobrevivir. La respuesta es que no lo hicieron solos, sino en gran medida gracias a la protección de su santo patrono: San Blas.</p>
<p>Resulta que en un intento de ocupación, sus grandes enemigos, los vénetos, intentaron invadirlos mediante un fraude: les hicieron creer que iban a ceder sus buques bajo pretextos comerciales y planeaban tomar la ciudad en cuanto llegara su flota a las costas de Ragusa. Este pasaje de la historia me recuerda a la “Boda Roja” donde peridó la vida Robb Stark, quien desafortunadamente no contó con la ayuda de sus dioses. Volviendo a Ragusa, cuando estaba por ocurrir el ataque secreto, el sacerdote Stojko oraba en la iglesia de San Esteban y cuenta la leyenda que durante su oración San Blas se le presentó con una multitud de huestes celestiales para advertirle que los venecianos querían ocupar la ciudad. Stojko tuvo tiempo de prevenir a las autoridades de la ciudad y el ataque fue repelido. Desde entonces, y hasta hoy, San Blas es venerado como el santo patrono de Dubrovnik, tal como lo atestigua el modelo de la ciudad que lleva en la mano en cada una de sus representaciones, una de ellas en la misma puerta de entrada, Pile, por donde me vió llegar con todo y maletas.</p>
<p>Otra de las figuras importantes está en la propia Iglesa de San Blas: la misma escultura del santo sosteniendo en la mano una maqueta de la ciudad, con la diferencia de que está bañada en oro. Otra leyenda cuenta que durante el terrible incendio que azotó Dubrovnik, todas las reliquias de la iglesia quedaron destruidas, excepto esa escultura de San Blas, a la que se añadió esta inscripción: <em>“Todas las demás estatuas de oro, plata y cobre ardieron, pero la de San Blas, protegida milagrosamente, fue sacada intacta de las llamas”</em>.</p>
<p>Y por si dos milagros fueran poco, la Catedral de Dubrovnik fue testigo de un tercero. Después del gran terremoto de 1667 la Catedral quedó en ruinas y, según la leyenda, Ricardo Corazón de León sufragó la construcción de la nueva catedral para agradecer a los habitantes que salvaron su vida durante un naufragio en la isla vecina de Lokrum. Al levantar los restos para la construcción de la nueva Catedral descubrieron una de las pocas reliquias intactas: nada menos que los restos de San Blas. Estas reliquias (que obviamente no vi, pero que me aseguran que son el cráneo, una pierna y un brazo del santo) permanecen custodiadas en tres cofres bañados en oro y decorados con piedras preciosas. Durante el día de San Blas, la fiesta más esperada de Dubrovnik, las reliquias del santo salen en procesión desde la Catedral a través de Stradun y por todas las calles de la ciudad.&nbsp;</p>
<p>Pero además de este santo reconocido por curar el mal de garganta, muchos otros males pueden curarse en Dubrovnik gracias a los monjes franciscanos, cuyo monasterio comenzó a construirse en 1317 en la calle principal de la ciudad, Stradun, justo enfrente de la Gran Fuente de Onofrio.</p>
<p>Con la construcción del monasterio, los monjes franciscanos establecieron una botica con medicinas y recetas para las dolencias que pronto se hicieron muy famosas entre la población, incluso se dice que la farmacia contenía el “elixir de la eterna juventud”, dato que me recuerda a Melisandre, la sacerdotiza roja al servicio del rey Stannis Baratheon que no envejecía. La farmacia del monasterio ha permanecido en funcionamiento desde el siglo XIV, convirtiéndose en la tercera farmacia más antigua del mundo. Y no es exageración que la farmacia sigue en funcionamiento, un día después de visitarla, tal vez de manera inconsciente para comprobar su eficacia, fui presa de una gripe croata y terminé en el doctor, la receta que incluía antibióticos, gotas para los oídos y <em>sprays</em> para la garganta, surtió efecto pocos días después.</p>
<h4 class="subtituloh4">LA FORTALEZA LOVRIJENAC O DE SAN LORENZO: “EL GIBRALTAR DE DUBROVNIK”</h4>
<p>Fuera de la muralla occidental de la ciudad, 37 metros por encima del nivel del mar se levanta la famosa Fortaleza de San Lorenzo, cuya historia incluye una vez más a los enemigos vénetos. En las “Crónicas de Ragusa” se cuenta que en sus intentos por tomar Dubrovnik, esta fuerza marítima italiana intentó contruir un fuerte en el mismo sitio donde se ubica la Fortaleza, con lo cual hubieran podido tomar el control de la ciudad por mar y tierra, pero gracias a la información de valiosos espías los ciudadanos fueron alertados y el Fuerte se construyó en el tiempo exacto de tres meses. Cuando los barcos venecianos llegaban llenos de materiales para la construcción, pudieron ver desde la lejanía que ya existía un Fuerte dominado por el ejército y, una vez más, Dubrovnik venció y sobrevivió. Otra extraña coincidencia en la que un muro, como el que custodiaba Jon Snow en la “Guardia de la Noche”, bastara para repeler a vivos y muertos.</p>
<p>¿Tres meses para contruir un fuerte de esas dimensiones? ¿Será que San Blas estuvo involucrado en otro milagro? No precisamente, esa vez fue la astucia de los habitantes de la ciudad la que rindió frutos. Se dieron cuenta de que no necesitaban construir todo el fuerte, con una simulación de la fachada que desde el mar pudiera parecer una fortaleza sería suficiente, y así fue. En realidad el proceso de construcción del Fuerte duró más de 300 años y tuvo que ser reconstruido tras su destrucción parcial durante el gran terremoto.</p>
<p>Pero además de las vistas que ofrece el Fuerte hacia la ciudad amurallada y el mar, uno de los símbolos más importantes de la ciudad, que resume la historia de Dubrovnik, su inconquistable fortaleza, la memoria de los héroes croatas y el legado de sus habitantes fue tallado en latín en la parte superior de la entrada a este gigante de piedra:</p>
<p><em>Non bene pro toto libertas venditur auro</em>: “La libertad no se vende por todo el oro del mundo”.</p>
<p>Y así ha sido hasta la fecha, leyendas aparte, la historia de Dubrovnik, una ciudad que se ha levantado de los escombros una y otra vez, y cuyos orgullosos habitantes han mantenido, por sobre todas las cosas, su libertad e independencia. Tal vez en un principio haya sido sólo por la fachada, pero en el fondo, la historia que imaginó George R.R Martin tuvo la suerte de escenificarse dentro de unos muros que tienen mucho más que contar. Con esta conclusión, y con un poco de resentimiento a los vénetos del pasado, dejé el verdadero <em>King’s Landing</em> y sus turbulentos mares.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>CrónicaMADRID: ESA PATRIA DE TODOS Y DE NADIE</title>
		<link>https://www.elciudadano.org.mx/2019/07/01/madridesa-patria-de-todos-y-de-nadie/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[administrator]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Jul 2019 22:15:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[En Movimiento]]></category>
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					<description><![CDATA[No podría asegurar que les pase a todos los mexicanos, o sólo a los mexicanos, pero para muchos viajar a Madrid es como entrar a...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2018/12/AdrianaSanches.jpg"><img decoding="async" loading="lazy" class="alignleft size-full wp-image-14449" src="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2018/12/AdrianaSanches.jpg" alt="AdrianaSanches" width="150" height="230"></a><span class="capitalLetter">N</span>o podría asegurar que les pase a todos los mexicanos, o sólo a los mexicanos, pero para muchos viajar a Madrid es como entrar a una casa de los espejos: uno se reconoce ahí, distorsionado, desproporcionado, de frente como un gigante y de lado como un enano; un sinfín de versiones de uno mismo se replican en ángulos infinitos. Seguramente en muchos casos será la sangre que llama, algún familiar cercano o lejano, nuestra “herencia española”, los siglos de dominación, la Conquista que se hizo “con la espada y con la cruz” (por la cual, varios siglos después, sin perdón y olvido, se demandó una disculpa que levantó polémica en ambos países).</p>
<p>Las causas son evidentes, pero los hallazgos, sin importar si es la primera o la décima vez que vaya, me siguen sorprendiendo.</p>
<p>Tal vez podamos reconocer algo de nosotros mismos en cada lugar del mundo, pero tengo la sensación de que muchas personas han podido reconocerse en Madrid, o quizá (el huevo o la gallina), sea Madrid la que se refleje en sus visitantes. En cualquier caso, hay algo de buen anfitrión en esta ciudad que la vuelve cómoda, cercana. Y ese algo no es solamente la identificación con el idioma o la cercanía con los españoles, uno puede andar varias cuadras sin encontrarse un español, entre chinos, peruanos, franceses, italianos, ecuatorianos… Ese algo, que no he podido definir, es seguramente una mezcla de muchos factores.</p>
<p>Madrid es una ciudad que te recibe con café y galletas, o mejor, con cañas y tapas; donde el policía al que le preguntas por una calle saca su celular y pone Waze para no confundirse; donde la dueña de una tienda de ropa te da su dirección para que llegues a su casa en tu próximo viaje y no gastes en hoteles; donde preguntas por un libro y te dan otros diez nombres de autores nuevos que podrían gustarte; donde un mexicano no deja de ser exótico, pero también representa a aquél presidente que recibió a tantos españoles exiliados, “¡vaya tela!”.</p>
<p>Para describir todos los sitios emblemáticos, museos, plazas, bares, parques y monumentos de Madrid harían falta varios volúmenes de libros. El recorrido de esta crónica intenta ser sólo el punto de partida: un día de excursión por el centro de esta gran ciudad.</p>
<h4 class="subtituloh4">PRÓXIMA ESTACIÓN…</h4>
<p>“Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal/¿Dónde queda tu oficina para irte a buscar?/Cuando la ciudad pinte sus labios de neón/Subirás en mi caballo de cartón/Me podrán robar tus días, tus noches no”, canta Joaquín Sabina, nacido en Úbeda, pero madrileño de corazón. El coro de “Caballo de Cartón” evoca mucho más que un tramo del metro de Madrid, y al ser una de mis canciones preferidas no podía dejar de hacer el recorrido para empezar el día, pero en realidad, para encontrar a esa mujer que robaba las noches de Sabina no era necesario tomar el metro: caminar la distancia entre esas cuatro estaciones no toma más de 20 minutos. Con sus 605 km2 y sus poco más de tres millones de habitantes, Madrid tiene todas las bondades de una ciudad de primer mundo y todas las facilidades de accesos y transporte a las que los habitantes de la Ciudad de México (y peor aún, los que tenemos que ir y venir del área metropolitana) no estamos acostumbrados.</p>
<p>Sonará poco relevante, pero poder llegar literalmente a cualquier parte a pie, en metro, en autobús, en tren o en AVE (para distancias más largas) es una de las mayores ventajas de la ciudad. Hay lugares, sobre todo en el centro, en los que una estación de metro está tan cerca de la otra que uno tarda más subiendo y bajando escaleras para llegar al vagón que caminando las cuatro calles que hay de distancia. De cualquier manera, tomar el metro en Madrid es una experiencia aleccionadora (y no en el sentido de lecciones de supervivencia). </p>
<p>Es cierto que la gente va con prisa, que no huele a flores y que si la bolsa no está bien cerrada puedes perder el celular o la cartera en cualquier momento; pero también pasa que la gente espera a que los que llegan salgan del vagón antes de subir, que todos se ponen del lado derecho de la escalera eléctrica para que los aventureros que van tarde puedan subir miles de escalones caminando, que muchos dejan los asientos vacíos si van a recorrer tramos cortos, que hay poemas en las paredes de los vagones y que se cuida al pasajero, al punto de llamar su atención en los altavoces cada que se llega a una estación en curva para que, “al salir, tenga cuidado de no introducir el pie entre coche y andén”.</p>
<h4 class="subtituloh4">EN LA PUERTA DEL SOL</h4>
<p>La mayor parte de la gente que vive en Madrid huye del centro, les parece “acojonante” la cantidad de gente y de “lío que se monta” todos los días en Sol, y seguramente lo mismo le diría yo a cualquier turista que me quisiera invitar a Bellas Artes un domingo. Pero Sol es una parada obligatoria, es literalmente el punto de partida, el kilómetro cero para empezar a recorrer Madrid.<br />
Lo primero que escucho al terminar de subir las escaleras del metro es el “Cielito lindo” cantado por mariachis que, después me doy cuenta, no son mexicanos, pero al parecer nuestras canciones y nuestros sombreros charros no pueden faltar un fin de semana en la Puerta del Sol. De cualquier manera, uno se siente orgulloso y nostálgico por un momento, hasta que al ver el panorama completo se da cuenta de que en el mismo nivel de “atracción turística” del mariachi mexicano están las botargas de Bob Esponja, Mickey Mouse y por lo menos uno de los Avengers.</p>
<p>Estando ahí, debajo del famoso letrero de Tío Pepe, la foto obligada es con el oso y el madroño, símbolo del escudo de Madrid que tiene el único inconveniente de ser muy accesible, con la consecuente dificultad para que no salgan a cuadro otras diez personas posando en alguna de las esquinas de la escultura, obra de Antonio Navarro Santafé, inaugurada en 1967. De este escudo de la Villa de Madrid se dice que antiguamente no se trataba de un oso, sino de una osa, y que el madroño era un árbol de frutos rojos, mismos que sirvieron para curar una plaga que asoló la ciudad.</p>
<p>En el centro de la plaza sobresale la estatua ecuestre de Carlos III en su gran pedestal de cinco metros de largo y otros cinco de alto, un homenaje al rey que se conoce como el mejor alcalde en la historia de Madrid. Se dice que la estatua guarda en su interior un microfilm con mensajes de los madrileños. Frente a ella se encuentra la Casa de Correos, en cuya cima se colocó el Reloj de Gobernación, obra de José Rodríguez Losada, quien donó la sorprendente maquinaria inaugurada por la reina Isabel II, en 1866. La característica más importante de este reloj que marca las campanadas de las doce uvas cada año nuevo (como nos recuerda la canción de Mecano) es su gran precisión, ya que sólo se retrasa cuatro segundos al mes.</p>
<h4 class="subtituloh4">EL SÍMBOLO DE LA REALEZA</h4>
<p>Subiendo por la calle de Arenal, después de una parada obligatoria en la Mallorquina y sus insuperables napolitanas de chocolate, llego a la Plaza Mayor, en el corazón del llamado “Madrid de los Austrias”. Además del Arco de Cuchilleros y la estatua ecuestre de Felipe III, los edificios que bordean la plaza parecen resguardar el secreto de una fiesta eterna, quizá porque durante siglos han sido testigos de toda clase de eventos populares: desde corridas de toros hasta beatificaciones y coronaciones.</p>
<p>En este lugar es indispensable tomar un tinto de verano, y el lugar perfecto es justamente el Museo del Jamón. Las raciones inmensas de bocadillos y el legendario jamón serrano son suficientes para no poder probar bocado hasta la cena, pero una vez más, aun en las ciudades primermundistas la naturaleza acecha. En un día soleado perfecto, entre niños corriendo con globos enormes de todas las formas posibles, se respira un ambiente de tranquilidad y alegría hasta que las primeras migajas del bocadillo caen al piso. Entonces descubro que así como las ardillas de Chapultepec, las palomas de Madrid no le tienen miedo a nada: uno puede zapatear, agitar los brazos, repetir miles de veces ¡ushcale! Pero las palomas no están dispuestas a volar, sus ojos negros y redondos como canicas parecen clavarse en tu mirada incrédula esperando dar el picotazo. Son capaces de quedarse largos minutos haciendo guardia junto a mi silla, inamovibles y casi retadoras ante el gesto de una patada, que por supuesto nunca puede concretarse porque: 1) Son muchas y no vienen solas, y 2) Siempre tienen mejores reflejos.</p>
<p>Después de la comida y el “cardio” entre patadas y manotazos, bajo hacia el edificio de la Ópera y a los pocos pasos doy nada menos que con el Palacio Real, una imponente estructura de piedra rodeada por los Jardines del Campo del Moro. El “nuevo Palacio” fue habitado por primera vez en 1764, cuando el rey Carlos III tomó posesión, aunque fuera sólo ocho semanas al año.</p>
<p>En realidad el Palacio se asienta sobre las ruinas del antiguo Alcázar de Madrid, una fortaleza medieval convertida en Palacio por Juan II, Carlos V, Felipe II y Felipe IV, quien empleó nada menos que a Velázquez para realizar la decoración, pero la estructura fue totalmente destruida por un incendio en la Nochebuena de 1734. Es por esta razón que el edificio que lo sustituyó está formado por bóvedas sin rastro de madera en la estructura.</p>
<p>Justo frente al Palacio Real se puede observar la fachada principal de la Catedral de la Almudena, el templo principal de la Arquidiócesis de Madrid, construido sobre una antigua mezquita y dedicado a la Virgen María bajo la advocación de la Almudena. Los trabajos de construcción y ampliación del templo pasaron por muchas etapas desde que el rey Alfonso XII puso la primera piedra en 1883, de ahí que tenga diferentes estilos arquitectónicos en la fachada, el interior y la cripta. Finalmente, la Catedral fue consagrada por el Papa Juan Pablo II en 1993.</p>
<p>Como todo en Madrid, la solemnidad de los grandes monumentos permanece cercada por el ambiente festivo: fuera de la reja que da entrada al Palacio, sobre la banqueta se reúnen músicos, pintores, caricaturistas, grupos de estudiantes ensayando obras de teatro, vagabundos que montan sus cobijas sobre las bancas del parque y señoras que se sientan al lado de ellos sin parar de hablar, seguramente repitiendo frases de este estilo, que pueden referirse a cualquier tema: “Que no, que no, hija, pero vamos a ver, ¿estáis de coña?” “¡Que sí, hombre, que sí, que te lo digo yo!” “Vale, pues nada”.</p>
<h4 class="subtituloh4">UN QUIJOTE CITADINO</h4>
<p>Rodeando el campo del Moro y pasando los Jardines de Sabatini, así, en diez minutos, me encuentro con la Plaza de España. Sobre la histórica Gran Vía, repleta de hoteles, restaurantes y tiendas de varios pisos, se yergue el monumento dedicado Miguel de Cervantes a través de sus dos personajes míticos: Don Quijote y Sancho Panza, en una plaza de 36 mil 900 metros cuadrados, una de las más grandes de toda España. Mientras Don Quijote a caballo parece señalar un gran rival reflejado en el estanque, Sancho le cuida la sombra. Sobre ellos, desde la torre que asemeja una especie de trono, Cervantes parece observarlos con un libro entre los dedos. A espaldas de la plaza, dos estructuras enormes custodian el monumento: la Torre de Madrid, en su momento la construcción más alta de la ciudad, y el edificio España, de 25 plantas y 117 metros de altura.</p>
<p>A pesar de que la plaza es grande y está rodeada de jardines, árboles y bancas, desde lejos bien podría parecer un mercado de artesanías abarrotado de turistas. Sobra decir que la fila para tomar la foto es interminable, pero además en algún momento se divide en dos; desesperados, los visitantes deciden elegir un bando y terminar pronto con el protocolo: unos toman la mano de Sancho, en señal de hermandad, mientras otros se recargan en la cola de Rocinante, el caballo de Don Quijote, en señal de algo que no alcanzo a entender.<br />
La elección es fácil: una foto al frente del estanque donde las estatuas parecen una especie de poste a mis espaldas, y Cervantes, libro en mano, se conforma con dirigir la orquesta desesperada de gritos, risas y flashes.</p>
<p>Madrid es una ciudad caótica, como todas las grandes capitales del mundo, pero por todas sus puertas cruzan miles de inmigrantes, estudiantes y viajeros esperanzados que, muchas veces sin planearlo, aunque esté lejos el mar, se encuentran el reflejo distorsionado de algo que fueron, o que buscan ser, en las aguas del Manzanares; en el estanque de la Plaza España o en el del Parque del Retiro; en la fuente de la Cibeles o en la de Puerta del Sol; en el fondo de un vaso de cerveza o de un tinto de Rioja.</p>
<p>En un día de recorrido por el centro, en un curso de verano o en una vuelta del exilio, a cualquiera puede pasarle lo que a Joaquín Sabina, que “en esta patria de todos y de nadie, sintió que estaba su casa”.</p>
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		<title>CrónicaSídney,  la puerta  perfecta  al otro  lado del  mundo</title>
		<link>https://www.elciudadano.org.mx/2019/02/01/el-periodismo-reflexivo-y-documentado-es-insustituible-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[administrator]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 01 Feb 2019 23:04:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[En Movimiento]]></category>
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					<description><![CDATA[Sídney es una de las ciudades más cosmopolitas, turísticas, costosas y con mejores estándares de calidad de vida en el mundo PP Sherman, calle Wallaby,...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2 class="balazo" style="text-align: justify;">Sídney es una de las ciudades más cosmopolitas, turísticas, costosas y con mejores estándares de calidad de vida en el mundo</h2>
<div id="attachment_14889" style="width: 110px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2019/02/Adrianasanchez.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-14889" decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-14889 size-full" src="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2019/02/Adrianasanchez.jpg" alt="" width="100" height="100"></a><p id="caption-attachment-14889" class="wp-caption-text">Adriana Sánchez</p></div>
<p style="text-align: justify;"><span class="capitalLetter">P</span>P Sherman, calle Wallaby, 42, Sídney, es probablemente la dirección más famosa de la ciudad más grande y poblada de Australia. Es el destino al que Dory y Marlín deben llegar a como dé lugar para encontrar a Nemo y poder salvarlo de Darla, “la mata peces”. Se sabe que los peces payaso no suelen alejarse por mucho tiempo de su anémona, el hogar que los protege porque, además (un dato que muchos ignoran) las anémonas son grandes depredadores, sólo que los payaso son inmunes al veneno acumulado en sus tentáculos. Para algunos peces, como Marlín, el padre de Nemo, sólo un motivo de vida o muerte puede hacerlos cruzar el gran arrecife de coral hasta llegar a Sídney; para otros, como el pez cirujano Dory, es suficiente con querer ayudar al necesitado y tener pérdida de memoria a corto plazo; y para algunos mexicanos, como yo, basta con saber que está “al otro lado del mundo” y que además hay cruceros que pueden llevarte a las islas “exóticas” de Nueva Caledonia. La idea de estar del otro lado de los vacacionistas que llaman “exótico” a lo que comemos o lo que vestimos en mi país fue bastante atractiva.</p>
<p style="text-align: justify;">Después de un viaje de 20 horas interrumpido por demoras en los aeropuertos y una escala en Los Ángeles, lo primero que tuve que hacer al llegar a Sídney fue formarme una hora en la fila de migración por haber declarado traer “comida peligrosa”: unas barras de granola que contenían nada menos que mortíferas nueces. Con los tobillos del tamaño de las patas de un elefante, esperé durante largos minutos hasta que un perro policía dio su aprobación a mi equipaje con un lengüetazo. Después de la señal secreta pude por fin salir a las calles de una de las ciudades más cosmopolitas, turísticas, costosas y con mejores estándares de calidad de vida en el mundo.</p>
<h4 class="subtituloh4" style="text-align: justify;"><a href="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2019/02/cerveza.jpg"><img decoding="async" loading="lazy" class="size-medium wp-image-14895 alignright" src="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2019/02/cerveza-225x300.jpg" alt="cerveza" width="225" height="300" srcset="https://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2019/02/cerveza-225x300.jpg 225w, https://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2019/02/cerveza.jpg 720w" sizes="(max-width: 225px) 100vw, 225px" /></a></h4>
<h4 class="subtituloh4" style="text-align: justify;">Darling, Darlinghurst</h4>
<p style="text-align: justify;">El primer barrio donde el costo del hotel no sobrepasaba mi presupuesto (Sídney es también una de las cinco ciudades más caras del mundo) es asimismo uno de los más coloridos, vivos y expresivos. Con el paso de los años, Darlinghurst fue cambiando sus sórdidos burdeles por bares, cafés y restaurantes, pero la energía de la vida nocturna y el sello de la comunidad LGBTQ están presentes en cada una de sus calles. Uno no sabe bien si va a tropezarse en cualquier momento entre la cantidad de gente que pasea un domingo por las aceras y las fabulosas historias inscritas en el asfalto que te obligan a detenerte a leer, por ejemplo: “Juanita Neilsen: luchó para proteger las viviendas históricas en los setenta. A través de su periódico local NOW apoyó al sindicato de los Green Bans. El 4 de julio de 1977, Juanita asistió a una reunión de negocios en el Carousel Club en esta esquina. Y nunca más fue vista. Se cree que fue asesinada”.</p>
<p style="text-align: justify;">Historias de lucha social, éxitos, curiosidades e injusticias como la de Juanita, tapizan las calles de Darlinghurst, y quizá es esta misma energía la que transmiten a lugareños y visitantes, que un domingo a las once de la mañana bien pueden estar tomando café, ginebra o cerveza al sol del cuasiverano australiano.<br />
<strong>SYDNEY OPERA HOUSE,</strong> el gran símbolo de la modernidad</p>
<p style="text-align: justify;">Una de las características de los turistas con prisa es ir el primer día, en la primera hora, al lugar insignia de la ciudad a la que ha llegado. En este caso obviamente la primera parada después de dejar maletas, comer y subir los pies para que poco a poco volvieran a su forma habitual, fue caminar por los Jardines Botánicos Reales hasta llegar a la famosa Opera House, que en un efecto similar al de la Torre Eiffel, parece estar siempre a pocos pasos, entonces los turistas se agolpan para tomar “la foto” hasta que poco a poco se van dando cuenta de que queda mucho camino por delante&#8230; Y cuando por fin se está debajo de ese enorme techo de velas, evidentemente la foto no sale completa.</p>
<p style="text-align: justify;">La famosa Casa de la Ópera, construida por el arquitecto danés Jorn Urtzon, quien ganó el concurso frente a 233 proyectos de 32 países diferentes, se edificó en tres etapas, su construcción tomó 14 años, cien mil trabajadores y un presupuesto que pasó de los siete millones estimados en un inicio, a 102 millones de dólares. La obra monumental fue inaugurada el 20 de octubre de 1973 por la Reina Isabel II, en su condición de Reina de Australia. Está compuesta por cinco teatros principales, cinco estudios de ensayos, dos salas principales, cuatro restaurantes y seis bares. Declarada Patrimonio de la Humanidad en 2007, Opera House ha albergado los espectáculos más prestigiosos y ha sido visitada por un sinfín de personalidades del mundo de la música, las artes escénicas, la política y la diplomacia, pero ese día la explanada de la gran Casa de la Ópera estaba llena de espectadores que aplaudían entusiasmados los bailes de un concurso llamado “Ritos dancísticos”, un homenaje a los bailes aborígenes en el que niños y adultos forman equipos buscando ser elegidos como los mejores representantes de sus antepasados.</p>
<p style="text-align: justify;">Desde Opera House, y desde muchos puntos de la ciudad, se tiene una gran vista del Sydney Harbour Bridge, el puente de un solo arco más grande del mundo, construido en 1932. Este imponente marco de la ciudad que se ilumina con el famoso espectáculo de fuegos artificiales cada fin de año, atraviesa la bahía de Sídney y conecta el centro financiero con la zona residencial y comercial de la costa norte. El puente soporta ocho carriles de autos, dos líneas de ferrocarril y una ciclovía, por lo que claramente hay movimiento constante dentro de su gran estructura de acero, pero si uno se acerca lo suficiente se pueden ver diminutas cabezas desfilando a 134 metros por encima del mar. Asegurados por un arnés, despojados de cualquier pertenencia que pueda caer sobre autos o ciclistas y guiados por la única agencia autorizada, miles de turistas escalan el Harbour Bridge en busca de una experiencia que aseguran única.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2019/02/PHOTO-2019-01-30-14-15-05.jpg"><img decoding="async" loading="lazy" class="size-medium wp-image-14897 alignleft" src="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2019/02/PHOTO-2019-01-30-14-15-05-300x206.jpg" alt="PHOTO-2019-01-30-14-15-05" width="300" height="206" srcset="https://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2019/02/PHOTO-2019-01-30-14-15-05-300x206.jpg 300w, https://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2019/02/PHOTO-2019-01-30-14-15-05.jpg 720w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Después de aplaudir al son de los ritos dancísticos, al salir de la explanada de Opera House un tumulto de jóvenes en vestidos veraniegos (a pesar del aire que en México calificaríamos como “helado”), bermudas y camisetas tomaban cerveza en algún lugar a desnivel que resultó ser el famoso Opera Kitchen, el restaurante bar más concurrido de la zona por sus vistas privilegiadas, donde se sirve desayuno, lunch, comida, cena y <em>everything in between</em>. La experiencia fue algo más que culinaria: significó el primer acercamiento real con las gaviotas. Como decía, el lugar tiene unas vistas privilegiadas, en un principio me costó trabajo entender por qué había gente que prefería ir directo al nivel inferior que estaba cubierto y no a las mesas con amplios sillones en la orilla del mar. Es cierto que también estaban llenas, nada ni nadie impide a los “Sydneysiders” disfrutar de una cerveza, y también es cierto que desde un principio las filas de gaviotas vigilantes cubrían de blanco las bardas que dan hacia el mar, pero cuando los meseros comenzaron a desfilar con charolas cubiertas con enormes tapas de rejillas creí que era parte de la presentación de los platillos en Opera Kitchen. No lo era. En el momento en que destapé mi hamburguesa con papas me convertí en el centro de atención de las espectadoras que comenzaron a revolotearme en la cabeza con su “mine, mine, mine” que interpreto como una proclamación de guerra sobre mis papas. El resto de la comida fue: bocado y poner la tapa, sacudir la cabeza, levantar las manos, una papa y poner la tapa otra vez. Así, pasaron de ser las curiosas y tiernas aves de la película de Buscando a Nemo, a ser las enemigas a vencer para poder terminar mi comida. Pero cuando los vecinos de la mesa de al lado decidieron irse dejando casi lleno su cucurucho de papas pude ver el resto del espectáculo, las gaviotas pueden tragarse una papa frita completa de un solo tajo y se puede casi ver la forma de la papa atravesando su garganta mientras ellas solo echan la cabeza hacia arriba para que resbale; así, en menos de un minuto, el plato quedó vacío.</p>
<h4 class="subtituloh4" style="text-align: justify;">Chinatown, el símbolo de la multiculturalidad</h4>
<p style="text-align: justify;">En 2017, el censo total de la población de Australia alcanzó los 24 millones 400 mil personas, de las cuales 191 mil provienen de China. Desde la década de los ochenta, Australia se declaró abiertamente como una sociedad multicultural y esta ha sido la actitud oficial preferida hasta la fecha. Aunque hay una importante presencia de otras comunidades en varias zonas de Sídney, Chinatown es sin duda el símbolo de la aceptación y la protección de la multiculturalidad en la ciudad. No se llegó a este punto fácilmente, a finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX los chinos vivieron en aislamiento, su cultura era despreciada y vista como una influencia peligrosa, por lo que Chinatown comenzó siendo el refugio de la comunidad. Sin embargo, hoy en día el Barrio Chino alberga sitios concurridos por australianos y turistas, restaurantes de fama internacional, tiendas de prestigio y sitios emblemáticos como The Chinese Garden of Friendship, cuyo nombre simboliza el vínculo amistoso entre China y Australia.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2019/02/PHOTO-2019-01-30-14-06-09.jpg"><img decoding="async" loading="lazy" class="size-medium wp-image-14898 alignright" src="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2019/02/PHOTO-2019-01-30-14-06-09-300x147.jpg" alt="PHOTO-2019-01-30-14-06-09" width="300" height="147" srcset="https://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2019/02/PHOTO-2019-01-30-14-06-09-300x147.jpg 300w, https://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2019/02/PHOTO-2019-01-30-14-06-09.jpg 720w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a><br />
Estos impresionantes jardines fueron tomando como modelo los jardines privados de la dinastía Ming. Todos los elementos de los jardines están pensados para proveer una sensación de calma y contacto espiritual, una experiencia que se va logrando a través del recorrido por esta especie de laberintos que siempre desembocan en imágenes perfectas con lagos, cascadas, bambús, bonsáis, árboles como el sauce llorón y obras de arte como la Muralla del Dragón.</p>
<h4 class="subtituloh4" style="text-align: justify;">La ciudad de los rascacielos</h4>
<p style="text-align: justify;">El segundo hotel al que pude llegar con un poco más de presupuesto estaba en The Rocks, el barrio más antiguo de la ciudad con uno de los mercados más tradicionales, en ese momento vestido de luces navideñas. The Rocks está a pocos pasos de los sitios turísticos más importantes de Sídney, y además de su ubicación privilegiada está plagado de pubs, galerías de arte, tiendas, restaurantes y, por supuesto, el Museo de Arte Contemporáneo, que alberga una importante colección de arte australiano e internacional, además de grandes obras de arte aborigen.</p>
<p style="text-align: justify;">Cerca de la zona está el Central Bussines District (CBD) el centro de negocios y compras de la ciudad. Australia es el país con más rascacielos por persona en el mundo, pero de todos los edificios australianos cuya altura supera los cien metros, Sídney alberga más de cien, entre ellos Chifley Tower, Meriton World Tower, Australia Square Tower, The Peak y, por supuesto, Sídney Tower, la estructura más alta de la ciudad con 309 metros. Desde esta torre de observación la vista de la ciudad es inmejorable con un alcance de 85 kilómetros, la plataforma de acceso público se levanta a una altura de 251 metros sobre el CBD.</p>
<p style="text-align: justify;">Aunque la subida en el elevador que lleva a la cima resulta algo larga y los oídos se tapan de cuando en cuando, el panorama vale la pena por completo, desde la Torre de Sídney se pueden ver las bahías, la gran cantidad de edificios, los barcos y los ferris que inundan las costas y también la famosa Catedral de Santa María, un majestuoso edificio neogótico, sede de la Arquidiócesis de Sídney.</p>
<p style="text-align: justify;">La Torre no es considerada un edificio como tal y su diseño lo hace notar: una larga y delgada torre que soporta en la cima la estructura redonda que sirve como plataforma de observación de millones de turistas. Desde las calles del CBD la vista de la Torre es imponente, esa delgada edificación se sujeta por 56 cables de acero de siete toneladas cada uno, lo cual además de darle un diseño único, funciona como una especie de seguro visual antes de decidirse a subir a la Torre.</p>
<h4 class="subtituloh4" style="text-align: justify;">Del glamour a la naturaleza</h4>
<p style="text-align: justify;">En una visita rápida a Sídney uno se ve forzado a elegir entre la gran cantidad de opciones de playas que hay para visitar, está por ejemplo Bondi Beach, quizá la más famosa, y Manly Beach que fue la ganadora en recomendaciones de gente conocida. A quince minutos en ferri (es decir, el tiempo que un mexicano tarda en llegar de la Nápoles a la Del Valle en días normales), Manly es una playa, literalmente, de lujo. Lo primero que me llamó la atención, como mexicana acostumbrada a las playas de Acapulco o Cancún, es que hay muy poca gente sentada a la orilla del mar, sobra decir que no hay “palapas” ni alguna otra estructura que cubra del sol. La gente en las playas de Australia, por lo menos en esa, va a hacer deporte. Algunas toallas desperdigadas con gente tomando el sol es lo más cercano al descanso, por lo demás están las redes de voleyball, la gente corriendo sola o con sus perros, y por supuesto, los surfistas. Si algún turista distraído no se detuviera a ver las banderas que indican el espacio de mar en el que se puede nadar, seguramente sufriría un accidente, en Manly hay un espacio determinado para los nadadores, otro para los surfistas experimentados y otro para los principiantes en clase.</p>
<p style="text-align: justify;">Aunque el agua del mar es muy fría y el viento estaba a todo lo que da, los “Aussies” parecen estar perfectamente acostumbrados jugando, surfeando o nadando, mientras yo, con chamarra y bufanda, intentaba no dejarme llevar por el viento y mantener los ojos abiertos a pesar de la arena que se colaba en todos los rincones.</p>
<p><img decoding="async" loading="lazy" class="alignright wp-image-14900 size-medium" src="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2019/02/CronicaSídney_SYDsegund8-225x300.jpg" alt="CronicaSídney_SYDsegund(8)" width="225" height="300" srcset="https://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2019/02/CronicaSídney_SYDsegund8-225x300.jpg 225w, https://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2019/02/CronicaSídney_SYDsegund8.jpg 720w" sizes="(max-width: 225px) 100vw, 225px" /></p>
<p style="text-align: justify;">Fuera del ambiente playero, el boulevard de Manly está rodeado de lujosos restaurantes y bares donde gente de todas las edades, muy bien vestida con el perfecto “look playero”, toma cerveza y ríe a carcajadas. En realidad los australianos tienen un gran sentido del humor, algo ácido, parecido al inglés, pero amable y despreocupado.<br />
Finalmente, no podía dejar de visitar a los canguros y koalas, y como no había tiempo de verlos en algún lugar más libre, tomé otro ferri a Taronga Zoo. Pude ver a los koalas que nunca se movieron (al parecer pasan la mayor parte de su vida dormidos) tigres, elefantes, jirafas y hasta un demonio de Tasmania, pero los canguros no aparecían. Sólo hasta el final del recorrido, en una zona que estaba bardeada a penas por un tronco en el suelo, llegué hasta ellos. Primero vi algo parecido a un tejón, o a la idea que tengo de un tejón, pero resultó ser un canguro pequeño que no caminaba en dos patas. Aprendí que hay muchas especies distintas de canguros,</p>
<p style="text-align: justify;">&nbsp;pero yo quería ver al que ya me había imaginado durante todo el viaje, casi boxeando contra algún contrincante. Finalmente los vi, había sólo dos, una mamá canguro con su cría y un canguro macho que me veía sin inmutarse hasta que finalmente entró una avestruz enorme y tuvo que levantarse para ir a buscar otra sombra.</p>
<p style="text-align: justify;">No podía dejar Sídney sin haber encontrado a Nemo, y P.Sherman, calle Wallaby, 42, estaba a seis horas y 42 minutos de mi ubicación, según Waze, así que me conformé con visitar el acuario. Ahí encontré de todo: leones marinos, tiburones, pingüinos, mantarrayas, y por supuesto, peces payaso, cirujano, globo&#8230; Todos los amigos de Nemo estaban ahí, en varias peceras enormes, incluso algunos se mezclaban como si siguieran actuando. Después de miles de intentos pude captar una foto del pez payaso fuera de su anémona, pensé en el trabajo que le cuesta dejar su casa, el lugar donde se siente protegido, y estuve lista para viajar otras 20 horas de regreso al mío.</p>
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			</item>
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		<title>Marruecos: nada es lo que parece</title>
		<link>https://www.elciudadano.org.mx/2016/12/14/marruecos-nada-es-lo-que-parece/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[administrator]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 14 Dec 2016 19:02:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[En Movimiento]]></category>
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					<description><![CDATA[Para Edgar, Héctor, María y Tania Prólogo: Tejedores de ilusión Flanqueada por sus generales, con tres pequeños dragones a sus pies y seguida por un...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_336" style="width: 160px" class="wp-caption alignleft"><img aria-describedby="caption-attachment-336" decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-336 size-thumbnail" src="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/Archivo/guillermo-revilla-150x150.jpg" alt="Guillermo Revilla" width="150" height="150"><p id="caption-attachment-336" class="wp-caption-text">Guillermo Revilla</p></div>
<p><span class="s1"><b>Para Edgar, Héctor, María y Tania</b></span></p>
<p class="p2"><span class="s2"><b>Prólogo: Tejedores de ilusión</b></span></p>
<p class="p3"><span class="s1">F</span><span class="s1">lanqueada por sus generales, con tres pequeños dragones a sus pies y seguida por un enorme ejército de libertos, una joven mujer rubia espera a las puertas de una gran ciudad color arcilla enclavada en un monte. Las puertas se abren y una multitud de esclavos sale a darle la bienvenida a su libertadora. En la ficción llamada <i>Game of Thrones</i>, Daenerys Stormborn, última sobreviviente de la dinastía Targaryen, se encuentra a punto de derrocar al régimen de la ciudad de Yunkai. En la realidad, la actriz Emilia Clarke se encuentra ante la “Ksar” (ciudad fortificada) de Ait Ben Hadu, en la provincia de Ouarzazat, en Marruecos. </span></p>
<p class="p2"><span class="s2"><b>Primer acto: la llegada</b></span></p>
<p class="p5"><span class="s1">Alrededor de las 10 de la noche, tras 18 horas de viaje desde la Ciudad de México, cinco teatreros llegamos al aeropuerto internacional de Casablanca, la capital económica y ciudad más grande y poblada de Marruecos (cuatro millones de habitantes). Fuimos a representar al Centro Universitario de Teatro de la UNAM en el Festival Internacional de Escuelas Superiores de Arte Dramático 2016 (FIESAD). Llegamos ocho días antes del inicio del festival para conocer un poco del país, como quien dice, aprovechando el viaje. Lo primero fue hacer una hora más de viaje para llegar a Rabat, la capital política de Marruecos y sede del FIESAD, donde dejamos la utilería de la obra que incluye tres cabezas decapitadas de látex que llamaron la atención de los filtros de seguridad de cada uno de los cuatro aeropuertos que pisamos en la travesía. </span></p>
<p class="p5"><span class="s1">La Embajada de México en Marruecos envió por nosotros un chofer al aeropuerto. Camino al estacionamiento, un grupo de jóvenes comenzó a seguirnos. Cuando el chofer abrió la parte trasera de la camioneta para que subiéramos el equipaje, los jóvenes de inmediato se “ofrecieron” a ayudarnos… comenzaron a ayudarnos… nos ayudaron sin decir “agua va”, casi arrebatándonos las maletas de las manos para subirlas. El chofer, que evidentemente entendía la situación, se hizo de palabras con ellos; nosotros, que no entendíamos nada, sólo escuchábamos salir de sus bocas sonidos que, para nuestros oídos, no significaban nada.</span></p>
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<p class="p5"><span class="s1">En el Reino de Marruecos se hablan, oficialmente, tres lenguas: árabe clásico, la lengua extendida por todo el mundo islámico; berber, lengua preislámica originaria del norte de África; y francés, producto del protectorado que el país europeo ejerció en Marruecos entre 1912 y 1956. Lo que nosotros atestiguábamos era una airada discusión en árabe marroquí, la lengua que realmente se habla de manera cotidiana y que es una mezcla, principalmente, de árabe clásico y berber, más algunos condimentos de francés e, incluso, español (España estableció también un protectorado en el norte del país y aún conserva los enclaves de Ceuta y Melilla en la costa mediterránea).</span></p>
<p class="p5"><span class="s1">Una vez terminada la faena de las maletas y zanjada la discusión (airada, sí, pero sin perder un tono amistoso y hasta juguetón que, después comprendimos, es común entre los marroquíes), uno de los jóvenes se me acercó para pedirme una moneda por su “ayuda”. Se estableció así el tenor de todo el viaje: los marroquís siempre están dispuestos a “ayudar”, lo necesites o no, quieras o no, y esperan siempre recibir algo por su “ayuda”. </span></p>
<p class="p5"><span class="s1">Marruecos, una economía en crecimiento (4.9% en 2015; México creció 2.5%), se ubica en el lugar 127 de 196 países en el ranking del PIB per cápita (México ocupa el lugar 72), y en el sitio 126 de 187 en cuanto al Índice de Desarrollo Humano que elabora la ONU para medir el progreso de un país (México es el 74). El 10% del PIB marroquí es generado por el turismo (en México el porcentaje es de 8.9%). Nuestros países son similares: ambos están ubicados en la parte baja de las tablas macroeconómicas; ambas poblaciones viven en la necesidad constante de allegarse recursos extras como sea posible para vivir mejor, y para los marroquís, el flujo constante de euros que trae el turismo (los separan de Europa 14 escasos kilómetros por el Estrecho de Gibraltar) es fundamental. </span></p>
<p class="p2"><span class="s2"><b>Segundo acto: el corazón de Marruecos</b></span></p>
<p class="p5"><span class="s1">Unas cuatro horas en tren hacia el este de Rabat se encuentra Fez, considerada la capital religiosa y cultural de Marruecos, nuestra primera parada. Considerada “ciudad imperial”, establecida como capital del emirato en los albores del siglo IX por los idrísidas, primera dinastía gobernante en Marruecos, Fez es sede de la que algunos consideran la primera universidad de la historia: la madrasa (escuela musulmana de estudios superiores) Qarawiyyin, fundada en 859. La importancia política de esta antigua ciudad se refleja en la pareja real: Lalla Salma, esposa del soberano marroquí Mohamed VI, es oriunda de Fez. </span></p>
<p class="p5"><span class="s1">Todas las ciudades marroquís están estructuradas de la misma manera: en el centro, la medina o parte vieja, zonas amuralladas que encierran laberintos de calles estrechas que suben y bajan y en los que es imposible no perderse. Fuera de la muralla, las partes nuevas de las ciudades, en su mayoría desarrolladas por los franceses en los tiempos del protectorado. Aquí pueden encontrarse bulevares amplios, cafés dispuestos a la parisina (pero sin parisinas, ni marroquís, sino ocupados casi exclusivamente por hombres) y restaurantes emblemáticos de la globalización como Mc’Donalds. </span></p>
<p class="p5"><span class="s1">Tan pronto entramos a la medina de Fez El-Bali por la enorme Puerta Azul, nuestras narices ojos y oídos se vieron estimulados por los olores, colores y sonidos que hacen de esta y todas las medinas marroquís una fiesta sensorial. Infinidad de tiendas apiñadas vendiendo de todo, desde refinadas artesanías hasta fayuca, restaurantes, aparadores rebosantes de abejas revoloteando alrededor de dulces hechos a base de miel, peluquerías, panaderías, etcétera, etcétera, etcétera. </span></p>
<p class="p5"><span class="s1">Tuvimos aquí nuestro primer encuentro con los avezados comerciantes marroquís, que al vernos las caras de turistas obnubilados por la romería y extraviados en la red de callejuelas, pararon oreja para escuchar en qué idioma hablábamos. Al percatarse de que era español, inmediatamente nos abordaron vitoreando al Barcelona y al Real Madrid, y llamando a las mujeres de nuestra compañía María José o Mari Pili. </span></p>
<p class="p5"><span class="s1">Todas las medinas de Marruecos tienen una zona habitacional, que en ciudades como Fez o Marrakech se ha reducido al mínimo debido a la cantidad de casas que han sido transformadas en “Riads”, posadas tradicionales para turistas, y un espacio comercial: los famosos “zocos” o mercados. De manera similar a lo que sucede en México, los zocos están divididos por oficios: una zona de orfebres, otra de ebanistas, otra donde se venden víveres, incluyendo gallinas, pollos y patos vivos que se pesan a la vista del cliente antes de ser muertos y vendidos, otra de curtidores, fácilmente distinguible por su olor característico y penetrante.</span></p>
<p class="p5"><span class="s1">Las murallas de las medinas encierran también la más alta concentración de mezquitas en las ciudades. Las guías de turistas mencionan un gran número de ellas, famosas por su arquitectura, antigüedad, tamaño, o por ser lugares de peregrinación. Nosotros, turistas occidentales listos para entrar con nuestra cámara fotográfica a donde fuera, nos llevamos un chasco al ir de mezquita en mezquita para encontrarnos una y otra vez con el mismo letrero pegado en cada puerta: “Prohibida la entrada a no musulmanes”. </span></p>
<p class="p5"><span class="s1">Con la curiosidad a flor de piel, uno se asoma por cualquier resquicio. El vistazo revela enormes patios, siempre con una fuente de agua en el centro; amplísimos espacios interiores con pisos cubiertos de tapetes que, sin duda, invitan al solaz y el recogimiento; que, sin duda, inspiran paz. </span></p>
<p class="p5"><span class="s1">Resulta increíble que detrás del hacinamiento, la estrechez, el bullicio y los gatos que abundan por todos lados, cuando uno logra franquear la puerta de algún edificio, ya sea para entrar a un “Riad” o a un restaurante, existan espacios<span class="Apple-converted-space">&nbsp; </span>frescos, amplios, finamente decorados, tranquilos y silenciosos, ideales para disfrutar con lentitud un típico té de menta.<span class="Apple-converted-space">&nbsp; </span>Afuera, uno debe estar siempre alerta para no ser arrollado por un motociclista, para evitar que una mujer velada te tome la mano para hacerte un dibujo de jena, o para no ser entrampado por algún niño que te ve perdido (estado natural del turista en una medina) y te quiere “ayudar” a salir del laberinto, no sin antes pasar, “casualmente” por la calle donde su tío tiene un restaurante, o donde su primo tiene su tienda de artículos de piel. </span></p>
<p class="p5"><span class="s1">Nuestra siguiente parada, tras un incomodísimo viaje nocturno de ocho horas en tren hacia el sur, fue la también ciudad imperial de Marrakech, capital turística del reino. Fundada como un puesto estratégico de control comercial y militar por la dinastía almorávide, segunda en gobernar Marruecos, la Ciudad Roja, nombrada así por el característico color de sus construcciones, fue durante la ocupación francesa un foco de atracción para la alta sociedad europea, así como para celebridades de la talla de Edith Piaff, Charles Chaplin, Winston Churchill, entre otros, quienes disfrutaron de lujos y fiestas legendarias. Décadas después, durante los años 60 y 70, estrellas como los Rolling Stones siguieron el rastro de hachís, fiesta y belleza física marroquí de alquiler que los años del protectorado dejaron. </span></p>
<p class="p5"><span class="s1">Actualmente, la ley en Marruecos prohíbe la venta de bebidas alcohólicas en las cercanías de una mezquita. Aunque el país produce cerveza y vino, estos no se venden en los supermercados, sino, principalmente, en los hoteles y bares de lujo, pensados expresamente para el turismo europeo. </span></p>
<p class="p5"><span class="s1">Una de las noches que pasamos en Marrakesh, nos animamos fuera de la medina para conocer la vida nocturna. Nos acomodamos en la barra de un bar donde un grupo en vivo tocaba canciones latinas (entiéndase, <i>covers</i> de Marc Anthony) para pedir una cerveza. Un vistazo detenido a la concurrencia develaba que la mayoría eran hombres adultos de rasgos europeos, platicando con mujeres jóvenes de apariencia árabe o piel negra, guapas y vestidas como no se ve a ninguna mujer marroquí caminando por la calle: con ropa ajustada, escotada, corta. Existen datos que afirman que al consumarse la independencia en 1956, había unas 27 mil prostitutas registradas en Marrakech. El negocio, al parecer, sigue boyante. </span></p>
<p class="p5"><span class="s1">El corazón de Marrakech late en la plaza Djemaa el Fna, catalogada por la UNESCO como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad. Esta enorme plancha es escenario de los más curiosos espectáculos: encantadores de serpientes, domadores de monos, vendedores de dentaduras postizas. Por la noche, media plaza es ocupada por narradores orales que, en árabe o berber, fascinan a su audiencia con historias tradicionales a cambio de monedas;<span class="Apple-converted-space">&nbsp; </span>la otra mitad es tomada por las parrillas, restaurantes callejeros que sirven brochetas de carne de res o pollo, calamares y camarones fritos, entre otras delicias culinarias acompañadas, como es costumbre en cada comida, del característico pan árabe. </span></p>
<p class="p5"><span class="s1">A la espalda de la plaza, se extiende el zoco más grande del país, donde todos los turistas, incluidos los cinco alegres teatreros mexicanos, hacen su compra de artesanías y recuerditos. Tras nuestro paso por Fez, nos encontrábamos más habituados a las costumbres comerciales de los zocos marroquís. Habíamos aprendido, con perjuicio de nuestro bolsillo, que el regateo es el deporte nacional del reino. Comerciantes por genética (Marrakesh era el punto estratégico en el viaje de las caravanas comerciales del desierto), los marroquís suelen dar un precio inicial muchísimo más elevado de lo que en realidad cuestan las cosas. Si uno no está avisado, pagará tres veces o más; si uno pide una primera rebaja, pagará más o menos el doble; si uno se pone rejego, el vendedor le preguntará cuánto quiere pagar. El juego apenas comienza. Una integrante de nuestra compañía pregunta por una mascada. “150 dirhams”, dice el vendedor. Ella agradece e intenta seguir su camino. El vendedor le pregunta cuánto quiere pagar, ella insiste en que no está interesada. El vendedor empieza a bajar el precio cada vez más: 120, 100, 80, 70 dirhams. Ella, al darse cuenta de que el vendedor no acepta la negativa amable, se da la vuelta y se va. Él la sigue varios metros por el zoko: 60, 50, 40… “está bien, dame 30 dirhams”. </span></p>
<p class="p2"><span class="s2"><b>Tercer acto: camino al desierto</b></span></p>
<p class="p5"><span class="s1">Nuestro grupo se dividió en Marrakech. Mientras unos se quedaron en la Ciudad Roja, otros nos dirigimos más al sur, en una excursión para pasar una noche en el desierto. Contratamos para el viaje una camioneta con chofer y un guía que, según la agencia de tours, hablaba español. Cuando el guía pasó por nosotros a las siete de la mañana, lo primero que hice fue preguntarle cuál era el itinerario; no comprendí absolutamente nada de su respuesta. Después él, entusiasta, intentó decir algunas cosas “en español”; incomprensible. Paramos a desayunar. Un tanto intranquilo, pregunté, una vez más, por el itinerario (tras la experiencia de los zocos, no es tan fácil confiar en estos taimados, aunque nobles y bonachones, comerciantes). Fue inútil. Le dije que el viaje no podía continuar así; él no me entendió, pero me preguntó si hablaba inglés. “Sí”, le contesté, “¿y tú?”. “No, pero el chofer sí”. Fuimos entonces con el chofer, quien en perfecto inglés me dijo que nuestro guía estaba extrañado porque a él le dijeron que sus clientes de ese día hablaban español y, según él, yo no hablaba español. </span></p>
<p class="p5"><span class="s1">Finalmente, dos turistas, un chofer que hablaba inglés y hacía de guía, y un guía que no hacía nada más que acompañarnos y decir cosas incomprensibles “en español”, continuamos nuestro viaje. En el camino, la transformación que está experimentando Marruecos fue palpable. Un kilómetro sí y otro también, nos topamos con obras constantes de ampliación y remozamiento de las carreteras. “Todo esto es obra del rey”, dijo en inglés el chofer. Le pregunté que si lo consideraban un buen gobernante. “Muy bueno. Hace cosas por su gente. Dijo que iba a traer progreso a Marrueco y lo está haciendo”. El guía asentía y mostraba su pulgar hacia arriba en señal de aprobación. Primero alimentado por las preguntas de nuestra curiosidad turística, y después por iniciativa de nuestro anfitrión angloparlante, el elogio de su majestad continuó por un buen rato. </span></p>
<p class="p5"><span class="s1">El culto a la personalidad del rey es parte fundamental de la cultura de Marruecos. Su fotografía preside los mostradores de cafés, restaurantes, hoteles y hasta los escenarios de los teatros. Él fue el responsable de promulgar en 2011 la nueva constitución nacional que, a raíz de la primavera árabe, incluyó avances en el sistema político, como el fortalecimiento de un sistema parlamentario, y derechos civiles como reconocer la igualdad entre los sexos y la libertad de pensamiento y opinión. </span></p>
<p class="p5"><span class="s1">En esto andábamos cuando llegó el momento de detenernos en la ciudad de Ouarzazat, “la puerta del desierto”. La fama de esta ciudad, también roja, tiene que ver con la industria del cine. Ahí se encuentran los famosos estudios Atlas, donde fueron filmadas películas como <i>Kundun</i>, <i>The Jewel of the Nile</i> y <i>Kingdom of heaven</i>. De hecho, toda esa zona de Marruecos es una de las locaciones favoritas de Hollywood cuando la película se desarrolla en Egipto, Jerusalén, o en cualquier paisaje desértico o “bíblico”. No lejos de Ouarzazat se encuentra la espectacular “Ksar” de Ait Ben Hadu, sitio patrimonial de la UNESCO que ha servido como escenario para películas como <i>Gladiator, The Mummy, The last Temptation of Christ, Jesus of Nazareth</i>, y un larguísimo etcétera. </span></p>
<p class="p5"><span class="s1">Tras pasar la noche bajo el hermoso y estrelladísimo cielo del desierto, donde, por supuesto, hicimos el clásico paseo en camello, volvimos a la Ciudad Roja para reunirnos con la parte de nuestro grupo que se quedó allá, no sin antes ser llevados por nuestro guía a un restaurante de “auténtica comida marroquí”, una tienda de artesanías y<span class="Apple-converted-space">&nbsp; </span>un lugar donde venden el casi milagroso (y carísimo) aceite de argan. </span></p>
<p class="p5"><span class="s1">Al día siguiente dejamos Marrakech para ir de regreso a Rabat, donde el FIESAD nos esperaba. En esa ciudad costera, en cuya medina predomina el color blanco a diferencia del color rojo de Marrakech o el amarillo camello de Fez, hicimos y vimos teatro al lado de compañías de Alemania, Costa de Marfil España, Holanda, Noruega, Polonia y, por supuesto, Marruecos. </span></p>
<p class="p2"><span class="s2"><b>Epílogo: nada es lo que parece</b></span></p>
<p class="p5"><span class="s1">En otra ficción, Rick, vestido con un esmoquin blanco y con un trago en la mano, le exige a Sam que toque de nuevo aquella canción. En la realidad, el actor Humprey Bogart, así como toda la producción de <i>Casablanca</i>, tal vez la película más icónica que se asocie con Marruecos,<span class="Apple-converted-space">&nbsp; </span>jamás abandonaron California para filmar la película. En la ciudad homónima, de la que emprendimos el viaje de regreso a la Ciudad de México 18 días después, fue abierto el “Café de Rick”, donde noche a noche suenan una y otra vez las notas de “As time goes by” para satisfacer a los turistas que insisten en conocer el bar de la película. Al cliente, lo que pida.&nbsp;</span></p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Cuba, un país de  contrastes</title>
		<link>https://www.elciudadano.org.mx/2016/08/08/cuba-un-pais-de-contrastes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[administrator]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Aug 2016 21:23:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
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					<description><![CDATA[¡Algunos cubanos están mal informados sobre el capitalismo! Al aterrizar el avión en tierra caribeña, los residentes efusivos aplauden al tiempo que vitorean: ¡Estamos en...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_331" style="width: 160px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/Archivo/patricia-zavala.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-331" decoding="async" loading="lazy" class="size-thumbnail wp-image-331" src="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/Archivo/patricia-zavala-150x150.jpg" alt="Patricia Zavala Jiménez" width="150" height="150" /></a><p id="caption-attachment-331" class="wp-caption-text">Patricia Zavala Jiménez</p></div>
<h2 class="balazo">¡Algunos cubanos están mal informados sobre el capitalismo!</h2>
<p><em><strong><span class="capitalLetter">A</span>l aterrizar el avión en tierra caribeña, los residentes efusivos aplauden al tiempo que vitorean: ¡Estamos en Cuba!, ¡Después de 15 años, por fin, regreso a mi tierra!, ¡Hemos llegado a La Habana! Tras un viaje de dos horas con 20 minutos desde la Ciudad de México, comparto el entusiasmo cubano porque es la primera vez que visito esta histórica isla, donde prevalece la influencia española, inglesa, francesa y estadounidense.</strong></em></p>
<p>En el Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, Cuba, el sol habanero arrecia luego de descender del avión y realizar el <em>check out</em>, donde me sorprende el extenso número de extranjeros, en su mayoría europeos, que arriban a este país para vacacionar, así como los dos pequeños caninos cocker negros que a causa del intenso calor permanecen postrados en el suelo, antes de iniciar otro rondín para detectar drogas en las maletas y en las personas.</p>
<p>De forma abrupta, un trabajador de la aduana nos detiene y sin titubeos solicita nuestros pasaportes, para después de un breve interrogatorio saber que somos: Patricia Zavala Jiménez y Edgar González Ruiz, mexicanos que pasaremos nuestras vacaciones en Cuba. Soy periodista y Edgar es fotorreportero. Nos hospedaremos en un apartamento en el Centro de La Habana Vieja, aún no sabemos qué otros lugares visitaremos; pero después de recabar la información, el uniformado nos desea una buena estancia.</p>
<p>Con mochila al hombro vamos a una Casa de Cambio (CADECA) porque en Cuba circulan dos monedas: el peso convertible (CUC) que se utiliza prácticamente en cualquier transacción para los turistas y equivale a cerca de un dólar americano, o bien, $19.70 pesos mexicanos; y el peso cubano (CUP), la moneda nacional que sólo se usa en mercados o pequeños establecimientos, equivalente a .87 centavos de peso mexicano, o 24 CUP corresponden a un CUC.</p>
<p>La única alternativa para trasladarnos a la ciudad de La Habana, a 25 kilómetros del aeropuerto, es abordar un moderno taxi amarillo con aire acondicionado, que cobra 25 CUC. En el inicio del recorrido, las casas son pequeñas y coloridas, en algunos muros hay consignas revolucionarias e imágenes de sus héroes nacionales. A la vez, transitan automóviles clásicos de los años 30 o 50, la mayoría en malas condiciones, aunque también circula un sinnúmero de modelos recientes como Peugeot, Hyundai, Audi o Mercedes Benz que cruzan El Vedado y La Habana Libre, dos de las principales zonas turísticas donde hay lujosas edificaciones.</p>
<p>Sin embargo, después de media hora, la arquitectura se torna antigua, majestuosa pero derruida. El ir y venir de la gente indica que hemos llegado al Centro de La Habana Vieja. Nuestra casera, Elizabeth, forma parte de los diez mil habitantes cubanos que oficialmente alquilan sus casas, habitaciones o apartamentos para los turistas, a cambio de una cuota que le dan al gobierno. Antes de salir a la calle, nos advierte: “Por ningún motivo tomen agua de la llave, si lo hacen se van a enfermar del estómago; incluso, cualquier bebida preparada pídanla con agua gaseada porque suelen rellenar las botellas con agua de la llave. Si tienen alguna duda pregúntenle a los policías y a los adultos mayores, pues los jóvenes tienen otros intereses y suelen desviarlos de su destino; aunque Cuba es sumamente segura, sobre todo para los turistas, deben cuidarse”.</p>
<h4 class="subtituloh4">La esencia cubana</h4>
<p>En las calles de La Habana Vieja, unos lugareños nos observan cuando transitamos en una zona no concurrida por turistas; sin embargo, la mayoría nos ignora y continúan platicando afuera de sus viviendas con amigos o familiares; predominan las vecindades, no todas están devastadas, aunque en algunos casos sólo subsisten las fachadas de grandes edificaciones. Al levantar la vista aprecio una hilera de balcones, desde los cuales la gente observa el entorno o pone a secar la ropa. Los niños juegan futbol con una botella de plástico o pequeñas pelotas, mientras los conductores de bicitaxis los esquivan, al ritmo de una tonadita reguetonera que suena a la distancia.</p>
<p>Contra lo que imaginaba y según el Censo Nacional de 2012 de Cuba, en este país los blancos representan el 64.1% de la población, los mulatos el 26.6% y los negros el 9.3%; específicamente en La Habana el 58.4% de la población es blanca, el 15.2% negra y el 26.4% mulata. Los habitantes visten ropa ligera, ya sean bermudas, blusas o playeras con tirantes y calzan chanclas, aunque si laboran en restaurantes u hoteles usan un sencillo traje sastre; me sorprende observar a quienes con alarde visten ropa con la bandera estadounidense o comen un hot dog.</p>
<p><a href="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2016/08/Réplica-del-Capitolio-de-Washington-D.C.jpg"><img decoding="async" loading="lazy" class="alignright wp-image-8034 size-full" src="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2016/08/Réplica-del-Capitolio-de-Washington-D.C.jpg" alt="Réplica del Capitolio de Washington, D.C" width="333" height="500" srcset="https://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2016/08/Réplica-del-Capitolio-de-Washington-D.C.jpg 333w, https://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2016/08/Réplica-del-Capitolio-de-Washington-D.C-200x300.jpg 200w" sizes="(max-width: 333px) 100vw, 333px" /></a>Luego de recorrer varios kilómetros de casas pintadas con colores que alguna vez fueron radiantes, al igual que sus arcadas, con rejas de hierro forjado y amplios patios interiores, llegamos al Centro Histórico de esta ciudad fundada en 1519 por los españoles y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1982. Además de sus dos millones de habitantes, esta parte de La Habana conjunta diversos estilos arquitectónicos: colonial, barroco, neoclásico, Art Nuveau y Art Deco, testimonio de la influencia y la dominación extranjera como: el Hotel Inglaterra el más antiguo de Cuba fundado en 1875, el bar Floridita que visitaba el escritor Ernest Hemingway, el Paseo del Prado o el Capitolio, una réplica exacta del construido en la ciudad de Washington, D.C., actualmente en remodelación, como lo estuvo la Catedral de La Habana, tras la visita del Papa Francisco en 2015.</p>
<p>A lo largo de ocho kilómetros, el malecón conecta con las zonas más opulentas de la ciudad, como la famosa calle 23, la avenida de los Presidentes, la avenida Paseo, el solemne Hotel Nacional de Cuba. Mientras, en el Vedado está la Plaza de la Revolución, la Necrópolis Cristóbal Colón y la zona hotelera, en la que se ubica el clásico Hotel Copabana.</p>
<h3 class="sumario">“¡Oye Mexicano, mexicano! Sí eres mexicano ¿verdad?”</h3>
<p>En las calles de La Habana Vieja, los cubanos tratan de adivinar la nacionalidad de los turistas para llamar su atención: “¡Oye mexicano, mexicano! Sí eres mexicano ¿verdad?”. Es una apuesta, a veces yerran porque te confunden con un chileno o español, pero la mayoría aciertan, lo cual en un inicio sorprende y se vuelve motivo para desencadenar múltiples ofertas:</p>
<p>“¿Es tu primer día en Cuba?&#8230; ¡qué suerte tienes! hoy es el último Día de la Cooperativa, donde los puros son más baratos y de buena calidad”; también es común escuchar: “¡Taxi, amigo, taxi! En una hora te llevo a los lugares más emblemáticos del Centro Histórico, por 20 CUC”, o “Si te animas, un chofer te da un paseo en un clásico automóvil descapotable de lujo de los años 50´s, en diversos colores brillantes a elegir, por 30 CUC la hora”.</p>
<p>Si tienes apetito: “Por 5 CUC elige si comes <em>ropa vieja</em> acompañada de <em>moros con cristianos</em>, vaquita frita, ensalada con camarones o cerdo al jugo, y una bebida al gusto. Por 10 CUC langosta y una bebida”; entonces “¿Qué tal un mojito, una cuba libre o una Corona?” o esta noche “¡Ven a bailar salsa!”; en las plazas públicas es común escuchar: “¿Quieres Internet por una hora? La tarjeta vale 20 CUC”; y no falta quien diga: ¿Compras marihuana?</p>
<p>Algunos cubanos quieren que les des cualquier cosa, y a veces resulta abrumador: ¿Me regalas tu vestido? ¿Le tienes afecto a tus lentes? ¿No te sobra algo de Avón…maquillaje o jabón? ¿Regálame tus <em>snorkels</em>? ¿Me cambias tu playera de calavera por unos habanos? ¿Me compras un litro de leche para mi hijo?”.</p>
<h2 class="balazo"><strong>DIÁLOGO CON CUBANOS</strong></h2>
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<div class="cartelera">José Toño y su familia</div>
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<p><span class="capitalLetter">E</span>n una plaza contigua a la Bodeguita del Medio, encontramos a José Toño, un marino jubilado que nos cuenta: “No creo que el deshielo histórico entre Cuba y Estados Unidos sea nuestra salvación, al contrario hemos sabido vivir sin su ayuda, aunque ni Raúl ni Fidel le dan la cara al pueblo; nosotros nos enteramos por los turistas u otros medios de comunicación”. Por cierto, dice, hemos escuchado que las cosas andan mal en México: tiene graves problemas con el narcotráfico, el gobierno desapareció a 43 estudiantes, otra vez detuvieron a “El Chapo” y el actual gobierno es ilegítimo.</p>
<p>José Toño se estremece al saber que la información es verídica, pero afirma: “bueno, ustedes tienen empleos bien remunerados”. Edgar le explica que la mayoría de los trabajadores reciben sueldos bajos y no tienen prestaciones porque predomina el trabajo <em>outsourcing</em>. De pronto, José Toño dice coleccionar billetes mexicanos de 20, 100, 200 y hasta 500 pesos, pero le falta uno de 50, le decimos que no traemos dinero mexicano y nos despedimos. Más adelante corroboramos que sí traemos uno, regresamos pero ya no está.</p>
<p>Entonces un joven cubano, que dice fue campeón olímpico de boxeo y entrenado por un mexicano, nos lleva a casa de José Toño, quien emocionado nos invita a su hogar y nos presenta con sus familiares que permanecen en el patio de la vecindad, en el interior de la casa está su esposa y una niña, que es su nieta. A Edgar le asigna la mecedora y a mí me sienta a lado de su mujer, al tiempo que nos sirven ron y observan la televisión.</p>
<p>Les pregunto ¿Qué novela ven?, inmediatamente la esposa dice: “es colombiana, se llama <em>Esclava Blanca</em>, vemos televisión por cable, aquí está prohibida, pero nos robamos la señal para ver noticias de otros países. Por eso sabemos de los atentados en Miami, los 43 desaparecidos en México y el reciente atentado en Bruselas. Los medios cubanos no informan ni lo que sucede en Cuba”.<br />
Curiosa, la nieta nos cuestiona sobre el <em>bullying</em> en México: “aquí tus amigos te respaldan, no dejas que te insulten ni que te peguen, y si lo hacen respondes a la par”. Sobre el Internet, explica: “antes era gratis en las plazas públicas, pero tantos jóvenes se aglutinan que ya es muy lento y ni te conecta, a nosotros nos dieron un <em>password</em> para robar la señal”.</p>
<p>De pronto, José Toño habla de la Libreta de Abastecimiento: “últimamente nos dan menos libras de pollo, aceite o jabón, es inevitable comprar en la bolsa negra. Yo recibo 20 CUC al mes, no alcanza para nada, sin que sepa el gobierno desempeñamos otros trabajos. Eso sí, los cubanos con dinero trabajan en el ministerio o bien, tienen familiares en el extranjero”. Al despedirnos le obsequiamos el billete de 50 pesos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div class="cartelera">En la fila de la CADECA</div>
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<p><span class="capitalLetter">U</span>n afrocubano me pregunta: ¿Amiga, los mexicanos son ricos? No, sólo el 1% de la población, respondo. “¿En tu casa tienes ganado? pues tu bolsa y zapatos son de piel”, le comento que los compré en una tienda. Inquieto me cuestiona: “En México son capitalistas ¿tienen buenos empleos y salarios?” Respondo que los salarios suelen ser bajos y sin prestaciones sociales. Sin más, dice: “Entonces el capitalismo es malo, pero a los cubanos nos quieren hacer creer que es bueno”. En comparación, le digo, Cuba no tiene analfabetas, cuentan con servicio médico gratuito, al igual que vivienda y alimentación, en México no hay garantía de esos servicios. Y sorprendido afirma: ¡Entonces algunos cubanos, están mal informados sobre el capitalismo!</p>
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<div class="cartelera">En el bar Guantanamera</div>
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<p><span class="capitalLetter">M</span>iguel, también afrocubano, cuenta: “En las últimas semanas, todos los días sufrimos el corte intermitente de luz y agua por tres o cuatro horas, pero en el Centro de La Habana no lo hacen por el turismo. Ya no está llegando el petróleo venezolano, ante el desabasto en ese país, que es nuestro principal socio comercial, no sabemos hasta cuándo podrá suministrarnos”.</p>
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<div class="cartelera">Un señor de la tercera edad</div>
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<p><span class="capitalLetter">“L</span>a próxima guerra en Cuba será por el agua y el petróleo”.</p>
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<div class="cartelera">Día de la Cooperativa</div>
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<p><span class="capitalLetter">E</span>lizabeth confirma que el “Día de la Cooperativa”, es una estrategia para enganchar a los turistas y llevarlos con un supuesto empleado de las fábricas tabacaleras, con la advertencia de que al día siguiente los habanos te costarán el doble. Además, mezclan el buen tabaco con otros de baja calidad; no obstante, asegura que una amiga labora en la factoría de Cohiba, considerado el mejor puro de Cuba, donde obtiene una caja con 25 puros a tan sólo 45 CUC.</p>
<div class="cartelera">¡No confíes en ningún cubano!</div>
<p>&nbsp;</p>
<p><span class="capitalLetter">E</span>n la Plaza Central, Lú, un joven taxista de 35 años, acompañado de su novia Eilian, le pregunta a Edgar: ¿No tienes alguna amiga que quiera casarse con un cubano? Al recibir una respuesta negativa y continuar la charla, afirma: ¡No confíes en ningún cubano! Mientras, Eilian me dice: “Es lamentable que aquí valga más un extranjero, que un cubano, la policía dice que no molestemos a los turistas, lo cual puede ser motivo para encarcelarte; también si no envías a tus hijos a la escuela te puede costar un año de cárcel; incluso, si no trabajas te encarcelan. Cuba es muy bonito, pero nosotros queremos conocer otros países. Al único que podíamos ir era Ecuador, pero ya no. Los cubanos decimos que ésta isla es la cárcel más grande del mundo”.</p>
<div class="cartelera">El calor es intenso</div>
<p>&nbsp;</p>
<p><span class="capitalLetter">E</span>n algunos establecimientos el agua embotellada de 325 ml vale 1 CUC o el litro y medio 1.5 CUC hasta 4 CUC, mientras que la cerveza nacional de 325 ml va desde el 1 CUC hasta 2 CUC. Compramos un six de cerveza para disfrutar la bebida en el malecón. Por la noche, en los portales de la calle Galiano se destaca la presencia de jóvenes cubanas vestidas con diminutos vestidos, que fijan su mirada en los turistas.</p>
<p><a href="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2016/08/Pareja-de-cubanos-caminando-en-La-Habana-vieja.jpg"><img decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-8035 size-full alignleft" src="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2016/08/Pareja-de-cubanos-caminando-en-La-Habana-vieja.jpg" alt="Pareja de cubanos caminando en La Habana vieja" width="500" height="333" srcset="https://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2016/08/Pareja-de-cubanos-caminando-en-La-Habana-vieja.jpg 500w, https://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/2016/08/Pareja-de-cubanos-caminando-en-La-Habana-vieja-300x200.jpg 300w" sizes="(max-width: 500px) 100vw, 500px" /></a>En el malecón no encontramos a ningún sonero, más que a un Rastafari, que le pregunta a Edgar: “Quién es la poetisa mexicana que escribió: Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón”; Edgar le responde inmediatamente  que Sor Juana Inés de la Cruz. Al detenernos nos presenta a su amigo “El Ruso”, ambos cubanos tienen 47 años, viven del arte y admiten que a estas alturas no abandonarían Cuba, pues sus mejores años de juventud los vivieron en la isla, aunque sufrieron la censura en carne propia.</p>
<p>“El Ruso” dice que en su adolescencia tocaba rock and roll, lo cual estaba prohibido: “En mi casa tuve que enterrar los discos; cuando el gobierno me buscó saquearon todo, pero nunca los encontraron; más adelante fui pintor, pero sólo permitían hacer paisajes y retratos, y a mí me gusta el arte crítico. Aún en la actualidad, hay vecinos que tienen la consigna de vigilar a los habitantes de la colonia y si te encuentran sospechoso te acusan con el gobierno. Sin embargo, mi juventud la viví en el Periodo Especial; a estas alturas quiero morir en Cuba, si acaso viajaría a otro país para enseñar mi arte”.</p>
<p>En cuanto al amor, me confiesa: “aquí es pasajero, las mujeres buscan relaciones rápidas, quieren tener hijos y después todo es superficial, siempre buscan algo de por medio. En cuanto a la prostitución, si te das cuenta en algunas calles, bares o incluso en el malecón hay jovencitas que le hacen la plática a los extranjeros, piden que les inviten un trago, después por 100 CUC proponen un encuentro íntimo en una casa particular. Está más velado, pero muchos turistas buscan estos servicios”.</p>
<p>El poeta Rastafari cuenta: “Esta mañana nos fuimos a la playa del Este, sólo tuvimos que tomar una <em>guagua</em> (autobús urbano), y ahorita bebemos ron, es cierto que sólo una vez al mes puedo comprarlo, pero si mañana falto a la panadería donde trabajo, no me corren ni me disminuyen el sueldo, esas son algunas ventajas del sistema cubano; Estados Unidos no nos va a salvar, al contrario, va a terminar con los únicos beneficios que tenemos los cubanos”.</p>
<p>Después de una larga charla, nos despedimos con un fraternal abrazo, de esos que das cuando no sabes si volverás a ver a esa persona.</p>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Incursión Teatral en la cárcel</title>
		<link>https://www.elciudadano.org.mx/2016/01/21/incursion-teatral-en-la-carcel/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[administrator]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 21 Jan 2016 20:45:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.elciudadano.org.mx/?p=1178</guid>

					<description><![CDATA[“Tengo la oportunidad de observar detenidamente a los internos. Una mirada más de cerca y con atención revela que esos cuerpos  jóvenes y fuertes están...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2 class="balazo">“Tengo la oportunidad de observar detenidamente a los internos. Una mirada más de cerca y con atención revela que esos cuerpos  jóvenes y fuertes están golpeados, cicatrizados, maltratados: las marcas de una vida indudablemente dura, en estado continuo de lucha por la supervivencia”</h2>
<div class="Que-Int">(Última Entrega)</div>
<div id="attachment_336" style="width: 160px" class="wp-caption alignleft"><a href="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/Archivo/guillermo-revilla.jpg"><img aria-describedby="caption-attachment-336" decoding="async" loading="lazy" class="wp-image-336 size-thumbnail" src="http://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/Archivo/guillermo-revilla-150x150.jpg" alt="Guillermo Revilla" width="150" height="150" /></a><p id="caption-attachment-336" class="wp-caption-text">Guillermo Revilla</p></div>
<h4 class="subtituloh4">Los Conjurados teatro</h4>
<p><span class="capitalLetter">E</span>n el año 2009, el Centro Universitario de Teatro (CUT) de la Universidad Nacional Autónoma de México admitió una generación excepcionalmente grande. Debido a su perfil de escuela de alto rendimiento para el entrenamiento de actores, cada generación se conforma, regularmente, de un máximo de 16 alumnos. Ese año, 26 aspirantes logramos pasar el duro proceso de selección y fuimos admitidos para formarnos como actores. Cuatro años después, 18 de nosotros llegamos al final de la carrera, diplomándonos como actores con la puesta en escena Los Conjurados. La obra, escrita y dirigida por la mano del maestro David Olguín, habla con humor, nostalgia y algo de amargura sobre las rebeliones juveniles: corrían los tiempos de #YoSoy132 y parecía que la juventud mexicana volvía a recobrar la voz que había sido acallada por las balas en Tlatelolco décadas atrás, para reclamar un cambio en nuestro país (parecía, desgraciadamente, sólo parecía).</p>
<p>Además de esa obra, la generación se dividió en dos para llevar a cabo otros espectáculos que sirvieron, también, como puestas en escena de titulación. Una parte del grupo se embarcó, literalmente, en la creación de Verdades como puños, obra con formato de calle que, más allá de los muros del CUT, los llevó a emprender un periplo de más de 100 representaciones por España, Colombia, las plazas públicas de la Ciudad de México y muchas escuelas primarias y secundarias de la Ciudad de México. Este trabajo dio origen a la formación de un grupo estable que retomó el nombre de su primera aventura teatral profesional: <strong>Los Conjurados Teatro.</strong></p>
<p>Ya constituidos como grupo, Los Conjurados emprendieron la tarea de crear un nuevo espectáculo. Para ello, retomaron un ejercicio que hicimos durante el segundo año de la carrera de actuación, Ficticia. En conjunto con la actriz y directora Haydée Boetto, a quien invitaron a colaborar en el proyecto, crearon la historia postapocalíptica de un país fundado sobre basura, Ficticia, que se ha quedado sin agua. Los habitantes moribundos del lugar deben superar una serie de pruebas, incluyendo magos, esfinges, contrabandistas y gobiernos autoritarios y corruptos, para lograr que vuelva a llover.<br />
Fieles a la esencia que encontraron al rolar con Verdades como puños, Los Conjurados han presentado Ficticia en diversos escenarios, desde el teatro El Galeón del Centro Cultural del Bosque, en la Ciudad de México, hasta las Caravanas por la Paz, en el estado de Guerrero. El andar de la compañía los llevó en 2015 a cinco correccionales para menores y a siete sedes del Sistema Penitenciario del Distrito Federal, en una aventura que terminará en 2016, cuando visiten tres sedes más.</p>
<p>“De entrada, necesitábamos funciones porque nos ganamos una beca y necesitábamos cumplir con cierto número de ellas –comenta Sol Sánchez, conjurada. Nos faltaban diez que teníamos que dar gratuitamente y pensamos que lo mejor era dar esas funciones en el Sistema Penitenciario. Primero, porque se nos abrieron las puertas por una casualidad, y segundo, porque creemos que es una forma de hacer servicio social”.</p>
<p>Las internas e internos del Reclusorio Preventivo Varonil Sur, el Reclusorio Preventivo Varonil Norte, el Centro Femenil de Reinserción Social Santa Martha Acatitla, la Penitenciaría del DF, el Centro de Ejecución de Sanciones Penales Varonil Oriente, el Centro Varonil de Rehabilitación Psicosocial (CEVAREPSI) y el Centro Varonil de Reinserción Social Santa Martha Acatitla (CERESOVA), han recibido, favorablemente en su mayoría, Ficticia. Dice Elena Gore, conjurada: “Yo tenía muchísimo miedo. Decía: ‘¡qué onda, vamos a ir con los delincuentes, la gente mala!’, y me imaginaba, de entrada, un ambiente muy tenso por parte de los custodios y los reos. En algunos lugares sí se siente así, pero lo que me sorprendió es que lo que vi terminó siendo agradecimiento: ellos son muy agradecidos y uno se relaja”.</p>
<p>El Ciudadano ha tenido la oportunidad de acompañar a Los Conjurados en dos de sus incursiones en el Sistema Penitenciario. Primero, mi compañera Patricia Zavala asistió a la función de Ficticia en el psiquiátrico (ver su reportaje en la edición de diciembre de 2015); a mí me tocó ir con mis ex compañeros de escuela al CERESOVA.</p>
<h4 class="subtituloh4">Jornada laboral</h4>
<p>Para Los Conjurados, el día arranca a las 9 de la mañana, cuando empiezan a llegar los actores a su cuartel general: un edificio ubicado en la unidad habitacional Panamericana, en Copilco, barrio tradicionalmente estudiantil debido a su cercanía con Ciudad Universitaria, donde los miembros de la compañía y el que escribe estudiamos juntos. Desde aquí estamos a una hora de viaje a Santa Martha Acatitla,  pueblo de la delegación Iztapalapa tradicionalmente asociado al sistema carcelario, pues es asiento de un enorme complejo penitenciario que incluye, entre otras instalaciones, la cárcel femenil de Santa Martha y el CERESOVA, sede de la función de hoy, donde Alex Lora y el TRI grabaron el mítico disco El TRI en vivo en la cárcel de Santa Martha, en 1989:</p>
<p><strong>El otro día hubo un concierto,</strong><br />
<strong> hubo un concierto en la prisión.</strong><br />
<strong> En la cárcel de Santa Martha</strong><br />
<strong> se presentó a tocar El TRI.</strong><br />
<strong> Todos los reos se conectaron,</strong><br />
<strong> y aquello fue un reventón.</strong><br />
<strong> […]</strong><br />
<strong> Rock and roll tras las rejas,</strong><br />
<strong> Rock and roll en prisión,</strong><br />
<strong> Santha Martha, Santa Martha.</strong><br />
<strong> En la cárcel de Santa Martha,</strong><br />
<strong> ¡nadie se olvida de El TRI!</strong><br />
<strong> (Alex Lora, “Rock tras las rejas”)</strong></p>
<p>Los Conjurados empiezan a sacar del departamento botes de basura, llantas, desechos plásticos, costales, papeles: a primera vista, basura. Todo esto se transformará más tarde en escenografía, utilería y vestuario de Ficticia: los plásticos negros harán las veces de telón de fondo, las hojas de papel serán el vestuario del Juez, los costales se transformarán en la temible Esfinge. Hasta aquí llegan por nosotros dos camionetas enviadas por la Subsecretaría del Sistema Penitenciario: una transporta a los actores, la otra lleva Ficticia empacada en tres grandes botes de plástico.</p>
<p>Después de que Francisco, el chofer que ha llevado y traído a Los Conjurados a lo largo de su gira, nos conduce por Insurgentes Sur, Periférico, Canal de Garay y Calzada Ermita Iztapalapa, llegamos alrededor del mediodía al complejo penitenciario de Santa Martha Acatitla. Adentro, diversas señalizaciones marcan que a la derecha está el Centro Femenil de Reinserción Social, y a la izquierda el CERESOVA, nuestro destino. La camioneta en la que viajamos se queda en el estacionamiento exterior, mientras el camión con la escenografía atraviesa un portón más, que nosotros franqueamos a pie; detrás de éste, se encuentra el control de acceso. Uno por uno, vamos mostrando identificaciones, registrándonos y recibiendo un gafete de visitante. Francisco me advierte sobre la importancia de cuidar el gafete: perderlo significaría quedarse en las instalaciones del penal hasta las 10 de la noche, hora en que pasan lista a los reos, para comprobar que no se es uno de ellos y poder salir.</p>
<p>El camión con la escenografía es estacionado sobre un foso con unas escaleras desde donde se puede observar la parte de abajo de los vehículos que ingresan. Dos custodios suben a la caja del camión y empiezan a revisar los plásticos, los botes de basura, los vestuarios hechos de desechos: alzan un plástico, no encuentran nada que ver en él, lo avientan; una de las actrices le pide a un custodio que tenga más cuidado. Ningún elemento de seguridad utiliza el foso.</p>
<p>La última fase de la revisión es pararse sobre un punto en el piso mirando hacia una de las torres de vigilancia que dominan el perímetro del <strong>CERESOVA</strong> para que nos tomen una fotografía del rostro. Cuando todos hemos cumplido con el protocolo, se abre una puerta más que conduce a un largo sendero de asfalto. Del lado derecho, el sendero es franqueado por una reja coronada de alambre puntiagudo; detrás de la reja, esparcidos en un terreno abierto, se ven unos techos de lámina en forma de palapa sobre unas estructuras de cemento pintadas de amarillo; entre las estructuras, pasto grueso, ralo, bien recortado; un camino de asfalto bordea el espacio; desde el otro lado de la reja, varios hombres vestidos de color beige y blanco nos miran con curiosidad.</p>
<p>Lo primero que destaca al entrar al <strong>CERESOVA</strong> es la testosterona que irradian los internos: el Centro está destinado a la reclusión de varones de entre 18 y 30 años que delinquen por primera vez (como es de esperarse, no todos los reos están en ese rango de edad, y mucho menos son todos primodelincuentes). Resultado evidente de horas y horas de reclusión sin mucho qué hacer,  los reclusos exhiben cuerpos intensamente trabajados, musculosos y energéticos. Y ante la presencia extraordinaria de un grupo de personas conformado en su mayoría por mujeres igualmente jóvenes, no dudan en hacer alarde de su físico.</p>
<p>Tras complicadas maniobras para pasar ajustadamente por la puerta de la reja, incluido un golpe al techo de una de las estructuras amarillas para recibir visitas, el camión con la escenografía logra entrar al <strong>CERESOVA</strong> y sigue unos metros más por el camino de asfalto hasta detenerse a la derecha de unos internos que juegan frontón con la mano sobre la pared trasera de una gradería de cemento que mira a una cancha de basquetbol cubierta por un techo curvo de lámina, estructura toda que sirve de escenario para los eventos que se llevan a cabo aquí, desde revistas musicales con tema de pachucos organizadas por los mismos reos, hasta los conciertos del TRI y, este mediodía, la presentación de Ficticia por parte de Los Conjurados.</p>
<p>La caja del camión se abre y los actores empiezan a bajar sus cosas. De inmediato, los reos se acercan diligentemente a ayudar. Dos voces dirigen la actividad de los internos: por un lado, un empleado del Sistema Penitenciario, vestido de jeans, tenis y sudadera con gorrito, encargado de las actividades deportivas y culturales del CERESOVA; por el otro, un interno al que llamaremos El Cantante, de estatura media, menos fortachón que muchos otros, todo vestido de beige.</p>
<p>Después de seis visitas a los reclusorios, los integrantes de la compañía teatral lucen relajados, como quien conoce perfectamente la rutina que debe cumplir y las condiciones en las que deben hacerlo. Con eficiencia y organización, empiezan a montar su espacio ayudados por los internos, a quienes dan indicaciones precisas de dónde y cómo poner las cosas. A mí me correspondió la tarea honorífica de resguardar las cintas que el grupo utiliza para pegar partes de la escenografía y marcar su espacio.</p>
<p>Mientras cumplo con mi encargo, tengo la oportunidad de observar detenidamente a los internos. Una mirada más de cerca y con atención revela que esos cuerpos  jóvenes y fuertes están golpeados, cicatrizados, maltratados: las marcas de una vida indudablemente dura, en estado continuo de lucha por la supervivencia. Los ojos de muchos de ellos, que ahora miran regocijados a las actrices, están rojos, vidriosos, un tanto ausentes, sin duda por los efectos de las drogas que cotidianamente consumen.</p>
<p>El ambiente previo a la función es muy animado. Es palpable la emoción de los reos por esta incursión que rompe su rutina. Mientras actores y reos acomodan el espacio, otro grupo de internos, liderados por El Cantante, instala el equipo de sonido. Con ellos está Inés Peláez, conjurada, quien no actúa en Ficticia y se encarga de la parte técnica de la obra. En todo este movimiento, donde  entre ayudantes y mirones hay unos 50 reos, llama la atención la poca presencia de custodios. Dice Inés:</p>
<p>“Chuck (otro conjurado que no vino esta vez) y yo, que siempre estamos abajo, hacemos mucho énfasis en la seguridad. Como nos ha pasado que no hay nadie más, tenemos mucho cuidado de nuestros cables, porque estando ahí los reos te ayudan y son súper buena onda, te ganan el corazón en cierta medida, te piden cosas y se las quieres dar, pero siempre hay que fijarse dónde están las cosas, dónde están los demás, que nadie vaya solo al baño, cosas así. Me acuerdo de una función en la que tenía 200 internos alrededor y yo solita.     Un interno le dijo a otro (con tono irónico): “Ah, no somos asesinos… ¿verdad?”, y los dos muertos de la risa, y yo toda nerviosa. Esto fue en la peni, donde no había ni un custodio”.</p>
<p>El escenario está listo. Detrás del telón de fondo hecho de plásticos negros, Los Conjurados se preparan para entrar a escena. Vocalizan, pues durante la obra cantan varias veces. Desde las gradas, donde ahora hay unos 200 reos que esperan la tercera llamada, se escuchan voces que piden a los actores que hagan su preparación a vistas; se escuchan, también, silbidos y piropos para las actrices.</p>
<p>Al escuchar las vocalizaciones, El Cantante le comenta a un compañero sobre los timbres de voz  de Los Conjurados: que si aquel es tenor, que si aquella es soprano y es la de voz más potente. Él, con 32 años, es de los internos de edad más avanzada en el CERESOVA. Lleva aquí diez años, pertenecía al Ejército y fue sentenciado a 15 años por haber participado en una balacera con unos federales. Es famoso en todo el Sistema Penitenciario porque es, efectivamente, cantante, oficio que aprendió en reclusión y que practica en cuanta celebración y evento se lleva a cabo en este y otros reclusorios; quien lo ha escuchado, dice que lo hace realmente bien. En unas semanas, apenas inicie 2016, tendrá una audiencia para que un juez dictamine si es merecedor de la reducción de su condena y quede en libertad este mismo año. Según me comenta el encargado de las actividades culturales y deportivas del CERESOVA, los internos pueden disminuir su condena hasta en un 50 por ciento si participan de las actividades deportivas y talleres que se ofrecen dentro del Centro. Sin embargo, me dice, cada año, cuando pone las mesas de inscripción en el patio del reclusorio, son pocos los que se acercan: “más aún, a los de nuevo ingreso se les obliga a inscribirse a acondicionamiento físico. Por decirte algo, de 100 que se inscriben, a la mitad del año te quedan 20. Es algo que no entiendo, saben que con eso se reduce su condena y ni así”. El Cantante, de trato agradable y respetuoso, y que ha participado en todos estos programas, me dice con cierta resignación: “ya pronto tengo mi audiencia. Si el juez quiere, pues ya salgo y si no, pues ya me quedaré aquí otros seis años”.</p>
<p>Después de una prolongada espera, por fin se escucha el sonido de la campana de basurero acompañada de gritos de “¡la basura!” que marcan el inicio de Ficticia. En una fila de sillas delante de las gradas, el director del CERESOVA se sienta a observar el espectáculo. Durante la obra, los reos que están en las primeras filas o de pie delante de ellas están muy atentos, participativos y divertidos; carcajadas al por mayor se escuchan en las partes más graciosas de la obra.  Por su parte, los internos que se sentaron en la última fila están distraídos, platican, rolan un churro de mariguana. El olor llega hasta la consola de sonido, desde donde yo veo la obra. El custodio que está al pie de la grada, a unos metros de nosotros, ni siquiera se inmuta: observa la función desganadamente, esbozando apenas algunas sonrisas. El Cantante me explica: “hay que concederles a los chavos ciertas libertades, mantenerlos tranquilos. Algunos son muy bravos: apenas el custodio les dice algo, se le avientan a los putazos”.<br />
Además del tema ambiental de la falta de agua y la contaminación, la obra habla sobre la corrupción, sobre los malos gobiernos, pero más profundamente plantea un conflicto ético sobre el comportamiento del ser humano, sobre la responsabilidad que todos tenemos como sociedad de las cosas que nos pasan. Los Conjurados han ido descubriendo los alcances de Ficticia al ponerla en contacto con la población penitenciaria:</p>
<p>Elena, conjurada, comenta: “En un momento de la obra se dice ‘en este pueblo no somos asesinos’, volteas a ver al público y… ¿Cómo decirle a ellos ‘hemos matado’? Yo digo esa frase, y cuando veo a los reos a los ojos me da mucho miedo, porque no sé qué estoy moviendo ahí. Creo que no imaginábamos las repercusiones que la obra tenía. Esta obra se ha hecho grande porque ha llegado a las entrañas de nuestra sociedad, que son nuestros propios basureros de personas:  los reclusorios y las cárceles”.</p>
<p>Tania, conjurada, complementa: “De los diez reos con los que he entablado conversación, siete están ahí porque mataron a una o a más personas. Justo cuando se dice ‘en este pueblo no somos asesinos’, yo volteo al público y en mi cabeza es inevitable pensar que sí somos asesinos, que sí somos ladrones, que sí somos tratantes de blancas, que sí somos todo lo que se menciona en algún momento de la obra”.</p>
<p>Remata Héctor Iván González, conjurado: “Ese es nuestro pueblo… la basura, el reciclaje, y el planeta, es sólo la superficie de lo que estamos hablando: es una metáfora de lo que somos como sociedad”.<br />
Durante la obra, algunos reos bajan de las gradas y se van, otros se incorporan a la mitad del espectáculo, otros más se mantienen atentos durante toda la función. Al final, el aplauso es entregado y entusiasta por parte de la  mayoría. El director del Centro toma la palabra al concluir la presentación. Tras ensalzar  y agradecer el trabajo de Los Conjurados, cuenta una anécdota a propósito del “valioso mensaje ecologista” de la obra: esa mañana, en un recorrido por los dormitorios, se sintió muy feliz al encontrar los primeros brotes de un par de plantitas sembradas en latas. “Estos muchachos están haciendo conciencia”, pensó. Cuál va siendo su sorpresa cuando al acercarse a mirar los brotes, se encontró con que estos eran de “yerba verde” (en este punto del discurso, la carcajada de los internos es generalizada y atronadora). “¿Pues qué pasó muchachos?”, pregunta paternal. “Mejor tomen las buenas enseñanzas, como esta que nos trajeron hoy con la obra de teatro”.</p>
<p>Finalizado el discurso, Los Conjurados y los mismos reos que ayudaron al montaje, se dan a la tarea de volver a empacar Ficticia para el viaje de regreso. La mayoría de los internos abandonan la zona de la cancha techada y se pierden hacia el interior del penal. Los que quedan, ayuden o no, se acercan a entablar conversación con los actores.</p>
<p>Cuando estoy a punto de despedirme de El Cantante, se me acerca otro reo. Al pasar, me da una palmada en la espalda y me ofrece chocar las manos como despedida, le correspondo, y él se dispone a seguir su camino; al instante, El Cantante lo detiene: “oye, oye, otra vez, por favor, con respeto, que viene de afuera”. El interno se para frente a mí, y me ofrece ceremoniosamente la mano; respondo su saludo. “Hay que enseñarles modales, deben aprender a respetar”, remata orgulloso El Cantante, a quien agradezco mucho sus atenciones y doy un fuerte apretón de manos y una palmada en el hombro a manera de despedida antes de dirigirme junto con Los Conjurados a una oficina que se encuentra debajo de la gradería, donde nos regalan una torta, unas galletas y un refresco.<br />
Mientras comemos llega hasta la oficina René Martínez, encargado de cultura dentro del Sistema Penitenciario, y responsable en parte de que Los Conjurados estén llevando a cabo la gira. “La gente que nos trae pasa por trabajos de burocracia y burocracia y burocracia, porque las cosas no están hechas para que la cultura llegue a este tipo de lugares”, comenta Tania María, conjurada.</p>
<p><strong>Cae el telón</strong></p>
<p>Una maestra del Centro Universitario de Teatro que compartimos Los Conjurados y yo, nos decía al explicar la cultura griega que a ella le gustaba pensar que el entorno marítimo de la Hélade había favorecido el desarrollo de la cultura madre de occidente: la vista siempre se encontraba con el horizonte lejano invitándola al viaje y el movimiento, la mente fantaseaba libre; se trataba del contexto de la posibilidad de descubrir. Al dirigirnos a la salida del  CERESOVA, un interno camina con nosotros, a cierta distancia, evidentemente desea que la visita se prolongue, como quien no quiere dejar de mirar algo que le fascina y corre detrás de ello mientras se aleja. Antes de cruzar la reja que divide el centro del camino que lleva a la calle, una actriz le advierte: “ ya pórtate bien, para que salgas”; él contesta:</p>
<div class="cita">“no sé vivir de otra forma, he pasado toda mi juventud aquí adentro”.</div>
<p>Toda su juventud. La misma juventud que Los Conjurados y yo hemos pasado estudiando y haciendo teatro. Pensé en los griegos y  su contexto abierto, marítimo, móvil… ¿A qué podrán dar a luz estos jóvenes mexicanos, rodeados de rejas y cemento, condenados a la inmovilidad, confinados a una prisión que empezó, para muchos, incluso antes de cometer su primer delito, al nacer pobres en un país de escasas oportunidades?</p>
<p>Para salir recorremos el mismo camino que al llegar. Una vez más, nos paramos en el mismo punto y volteamos a la torre de vigilancia para que cotejen nuestros rostros con el registro de entrada. Intercambiamos gafetes por identificaciones y salimos al estacionamiento. Ahí nos despedimos de Guiureni Fonseca, Daniela Jaimes y Daniel Lemus, conjurados, quienes se van con René Martínez a participar como jueces en un concurso de pastorelas inter reclusorios; a partir de la experiencia de la gira con Ficticia, varios miembros del grupo se han involucrado más en las actividades culturales del Sistema Penitenciario.</p>
<p>En el camino de regreso, Los Conjurados están evidentemente cansados: vienen mucho más silenciosos que de ida, algunos, incluso, dormitan. Es palpable que dar función en el contexto de la cárcel exige de ellos un gasto energético mayor que en otros sitios. Es entonces cuando saco la grabadora y conversamos sobre sus experiencias e impresiones a lo largo de esta gira. Les pido que me digan, desde la óptica que les ha dado esta experiencia, cuál consideran que es el principal problema del sistema penitenciario mexicano. Al unísono contestan: “la corrupción”.</p>
<p>Sol, conjurada: “Al parecer, en las penis todo es posible si tienes lana. Nos hablaban, por ejemplo, de un lugar donde en un cuarto para seis personas metían a 40. Dormían de pie como pingüinos, unos contra otros. Al otro día, la única manera en la que se reduzca tu pena es trabajando, pero: ¿cómo vas a trabajar si dormiste parado y tienes los pies hinchados? La única forma de salir de ahí es con lana”.<br />
Elena, conjurada: “Yo hice una pregunta en una de las primeras penitenciarías a las que fuimos: ¿cuánta población hay aquí? 12 mil personas.  ¿Y por  qué nos vinieron a ver como 500?, ¿dónde están los demás? Es que ese lugar se divide en dos: si tienes dinero para pasar al área recreativa puedes hacer ejercicio, comer lo que quieras, tomar talleres, ver las obras de teatro o los espectáculos de danza. Y no es que la gente que vamos  estemos cobrando, es una cuestión de que a alguien le están pagando por tener los derechos que deberían tener todos”.</p>
<p>Tania María, conjurada: “Además de eso, creo que el segundo problema es que nadie se ocupa de ellos. Es gente, por lo menos algunos, que van a salir en cinco o diez años, y que lo único que hace es aprender más trucos, más cosas malas. Tienen un par de talleres, pero no viven como tendría que vivir gente que se está readaptando”.<br />
Héctor, conjurado: “No hay una verdadera rehabilitación”.</p>
<p>Elena, conjurada: “La readaptación termina siendo una autoreadaptación, no es social, es si tú quieres y puedes pagarla”.</p>
<p>Para cerrar la conversación, les pido que me hablen de las experiencias más significativas que les ha dejado esta gira por el Sistema Penitenciario:<br />
Tania María, conjurada: “En una penitenciaría, una persona nos dijo: “gracias por sacarnos un rato de la cárcel”. La obra termina diciendo que hasta en los lugares más oscuros y sucios de la Tierra queda siempre un rayo de esperanza, y un hombre nos decía que qué bueno que en un lugar tan oscuro como en el que viven ellos, nosotros viéramos esperanza, que nos tomáramos el tiempo y la confianza de ir a verlos y no botarlos en un basurero”.</p>
<p>Elena, conjurada: “Una vez, uno de los directivos le dijo a los reos una cosa bien bonita: ‘ellos están confiando en ustedes, por eso traen esto aquí, no los decepcionen’. Pensé: ‘sí es cierto, no me doy cuenta de que idealmente, muy románticamente, yo hago esto porque creo que se puede cambiar el mundo’, y creo que hacemos esta obra porque sí creemos que alguien va a cambiar, sí creemos en ellos”.</p>
<p>Sol, conjurada: “Mi papá estuvo en el reclusorio sur; la primera función que dimos de toda la gira fue en el sur. Para mí fue brutal, porque finalmente estaba viendo los columpios donde jugué de niña. Estaba muy sensible. Un preso de los que nos ayudó me dijo: ‘¿estás nerviosa carnalita?’, y le dije: ‘no, es que mi papá estuvo aquí unos años’. Me dijo: ‘¿tú papá?, qué loco, yo también tengo una hija’. El saber de alguna forma que puede espejear en mí ese ser, y yo poder regresar a ese lugar después de tantos años haciendo lo que me gusta, es una de las experiencias que más me ha significado como ser humano”.</p>
<p>Héctor, conjurado: “Yo me llevo muchas satisfacciones. Muchas son a nivel de grupo: la gira nos ha obligado a ser congruentes con una postura que el grupo siempre ha dicho que tiene, y esta temporada a mí me ha obligado a ser congruente con lo que digo y con lo que hago. Me he dado cuenta de que de verdad decir que todos somos iguales no es tan fácil, y me estoy acercando a eso y me gusta. Me siento más humano, me siento muchísimo más consciente de muchas cosas”.</p>
<p>Inés, conjurada: “A mí me ha ayudado a quitarme muchos prejuicios, aunque todavía tengo un chingo. Estos miedos que me dan vienen de un prejuicio muy grande: ‘piensa mal y acertarás’. Creo que es algo que desde fuera tengo que mantener por protección, sin embargo, no todo es así, no todos están pintados con la misma brocha, no todos están ahí por la misma razón, y no todos se comportan igual. Esto me ha quitado muchos prejuicios acerca de la gente, y eso, a su vez, me ha quitado muchos miedos”.</p>
<p>Zabdi Blanco, conjurado: “Yo pienso que afuera hay gente mucho más peligrosa que aquí dentro y eso me relaja mucho. Me tomo el tiempo de platicar con los reos antes de la obra. Todas las funciones lo hago y lo pienso seguir haciendo para saber quiénes son estos hombres y mujeres que están ahí adentro y por qué están ahí. En realidad, cualquiera podría estar adentro, afuera hay gente mucho más peligrosa y más desgraciada, y pues… está afuera”.</p>
<p>Rayan las cinco de la tarde cuando volvemos al cuartel general de Los Conjurados. Después de guardar Ficticia otra vez en el departamento, uno a uno, van despidiéndose los actores que continuarán su día, algunos descansando, la mayoría, trabajando o ensayando otras obras de teatro. Una función más en una secundaria pondrá punto final a la actividad de Los Conjurados en 2015, actividad marcada por un intenso rolar que queda con puntos suspensivos, pues en 2016, y ojalá que por muchos años más, continuará…</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Recorrido por la cárcel para reos con problemas mentales</title>
		<link>https://www.elciudadano.org.mx/2015/12/14/recorrido-por-la-carcel-para-reos-con-problemas-mentales/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Valentín Pérez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 15 Dec 2015 01:02:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónica]]></category>
		<category><![CDATA[cárcel]]></category>
		<category><![CDATA[mentales]]></category>
		<category><![CDATA[problemas]]></category>
		<category><![CDATA[reos]]></category>
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					<description><![CDATA[ Actualmente residen 325 varones de 18 años que cumplen una medida de tratamiento Patricia Zavala Jiménez Los olvidados Su voluntad está dominada por los medicamentos. Sufren trastornos mentales,...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3 class="p1"><strong> Actualmente residen 325 varones de 18 años que cumplen una medida de tratamiento</strong></h3>
<h4 class="p1"><a href="http://elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/Archivo/patricia-zavala.jpg"><img decoding="async" loading="lazy" class="alignleft wp-image-331" src="http://elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/Archivo/patricia-zavala.jpg" alt="" width="150" height="200" srcset="https://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/Archivo/patricia-zavala.jpg 354w, https://www.elciudadano.org.mx/wp-content/uploads/Archivo/patricia-zavala-225x300.jpg 225w" sizes="(max-width: 150px) 100vw, 150px" /></a></h4>
<h4 class="p1"><span class="s1">Patricia Zavala Jiménez</span></h4>
<p class="p1"><span class="s1"><b>Los olvidados </b></span></p>
<p class="p3"><i>Su voluntad está dominada por los medicamentos. Sufren trastornos mentales, la mayoría padece esquizofrenia.</i></p>
<p class="p4"><i>Todos cometieron un delito. El robo y la agresión física aunada al consumo de drogas, son las sentencias predominantes; no obstante, hay quienes efectuaron homicidios, delitos sexuales o secuestros.</i></p>
<p class="p4"><i>Los prejuicios se derrumban al conocerlos. Son hombres curiosos, que se emocionan ante mi presencia por el simple hecho de visitarlos. Me regalan sonrisas, sus rostros risueños son constantes; inocentes hacen muchas preguntas al mismo tiempo, saben que en cualquier momento un vigilante los llevará de nuevo a su cautiverio.</i></p>
<p class="p4"><i>Al verlos, los creo incapaces de hacerme daño, ni siquiera creo que delinquieron.<span class="Apple-converted-space">  </span>Aquellos que me alteran y hacen que suba la guardia, son los menos.</i></p>
<p class="p4"><i>De pronto retomo las palabras del corpulento custodio que mantiene los brazos cruzados mientras observa, gracias a su gran estatura, el entorno completo: “Todos, sin excepción alguna, están medicados durante todo el día para controlar su enfermedad”.</i></p>
<p class="p4"><i>Entonces al salir del Centro Varonil de Readaptación Psicosocial (Cevarepsi), anexo al Reclusorio Sur de la Ciudad de México, pienso que el tiempo recorrerá sus vidas, envejecerán, incluso, algunos morirán en la prisión para los enfermos mentales.</i></p>
<p class="p4"><i>En este sitio actualmente residen 325 varones mayores de 18 años de diversas nacionalidades, que cumplen una medida de tratamiento según el delito que perpetraron.</i></p>
<p class="p4"><i>Me conflictúa pensar que la mayoría saldrá libre. Resulta irónico porque a pesar de sus condiciones de vida, aquí por lo menos son medicados para controlar sus trastornos psicológicos.</i></p>
<p class="p4"><i>También sé que seguramente regresarán a las calles, porque sus familiares suelen abandonarlos, además es frecuente que reincidan y cometan otro delito.</i></p>
<p class="p4"><i>La pesadumbre me invade al especular sobre el futuro de los internos, pero a la vez me siento afortunada por estar libre.</i></p>
<p class="p6"><span class="s1"><b>Un amplio túnel </b></span><b style="line-height: 1.5;">color verde menta</b></p>
<p class="p3">Al sur de la capital, camino hacia Xochimilco, a la altura de la estación La Noria del Tren Ligero, se encuentra la Avenida Camino Real a Xochimilco, que asciendo para llegar al Centro Varonil de Readaptación Psicosocial (Cevarepsi), ubicado dentro del perímetro del Reclusorio Preventivo Varonil Sur.</p>
<p class="p4">Tras abordar un vehículo, en aproximadamente 15 minutos recorro el camino empinado que se dirige a ese pequeño edificio, decorado con tabiques barnizados y franjas blancas que enmarcan las iniciales del Centro, designado para los presos con problemas mentales.</p>
<p class="p4">La entrada a las instalaciones permanece rodeada por una malla ciclónica hasta el estacionamiento. En el horizonte se observa un campo de hierba seca y un muro gris con más de dos metros de altura, donde destacan las torres carcelarias de vigilancia, que advierten un costado del Reclusorio Sur.</p>
<p class="p4">Frente al portón del Cevarepsi se percibe que el tiempo percudió la constitución de las paredes, mientras un letrero con hojas de papel, escrito a mano, sugiere que para ingresar se toque la puerta de cristal, la cual impide la visibilidad al interior del inmueble.</p>
<p class="p4">Hoy no es uno de los tres días destinados a las visitas. Sin embargo, el grupo independiente “Los Conjurados Teatro”, integrado por jóvenes actores del Centro Universitario de Teatro (CUT), presentarán la obra <i>Ficticia</i> ante los presos.</p>
<p class="p4">En el interior la luz disminuye y se percibe un ligero olor a humedad. Cruzamos un arco detector de metales inactivo, mientras dos uniformadas solicitan nuestro registro en el libro de visitas. Somos siete mujeres, tres de nuestros compañeros varones ingresaron por un costado para meter la escenografía.</p>
<p class="p4">Los guardias nos advierten que no debemos portar ningún objeto, sólo una identificación con fotografía; sin embargo existe un área para dejar los artículos personales durante la visita. Tampoco se permite vestimenta agujereada ni de tonos beige, gris o azul; por el contrario, deben ser colores intensos y es preferible usar tenis.</p>
<p class="p4">Al término del registro, una mujer efectúa el protocolo de revisión en uno de los tres pequeños módulos de lámina, donde probablemente suelen examinar minuciosamente a los familiares de los presos. Sin embargo, la inspección es sutil, quizá porque la visita tiene fines recreativos.</p>
<p class="p4">En el techo un par de tragaluces adornan el recinto. El ambiente se vuelve más sombrío después de cruzar una reja y descender los escalones que dirigen a un amplio túnel color verde menta alumbrado sólo desde el centro del techo por una lámpara. La escena me remite a la película <i>Irreversible</i>, donde la protagonista es ultrajada en un bajo puente.</p>
<p class="p4">El camino es impedido por una reja con densos barrotes grises, que es liberada cuando una de las dos uniformadas quita un imponente candado mientras otra solicita un segundo registro en el libro de visitas, así como la identificación con fotografía a cambio de una ficha azul plastificada.</p>
<p class="p4">La guardia más joven se encarga de colocar un sello transparente en el brazo izquierdo, le pregunto: “Si al salir no lo tengo ¿no salgo?” Ella sólo asienta con la cabeza. Entonces en la caja ultravioleta descifro la imagen: es el ángel del gobierno capitalino.</p>
<p class="p4">Al terminar la inspección, se cruza otra reja de las múltiples que hay a lo largo del túnel, esta vez se escucha el eco de las voces de mis compañeras. Estos pasillos me recuerdan a los del Hotel Overlook, de la cinta <i>El Resplandor</i>, donde el personaje de Danny jugaba sobre su triciclo.</p>
<p class="p4">El protocolo se repite cuando nos topamos con otro portón que nos impide el paso, al terminar el registro en el libro de visitas, la guardia nos da acceso al mismo pasadizo, que nos encaminará a un módulo custodiado por dos guardias varones, quienes al ingresar, nos apresuran a bajar las escaleras que conducen a la sala de visitas.</p>
<p class="p4">Ahí encontramos al resto de nuestros compañeros que cargan la escenografía de la obra para instalarla en el centro del aula, junto a unas jóvenes psicólogas de la Universidad Iberoamericana, a quienes un guardia les solicita continuar la terapia en el otro extremo del recinto.</p>
<p class="p4">En ese instante observo por primera vez a los presos, son menos de diez, y se disponen a llevar las sillas y mesas de plástico al lugar reasignado. A simple vista ninguno manifiesta algún trastorno mental.</p>
<p class="p4">La sala de visitas está dividida en dos por un pequeño cuarto enrejado, que funge como tienda para los reclusos, ahí se pueden conseguir galletas y refrescos. Los familiares de los internos pueden llevarles, como máximo, 250 pesos en los días de visita, así lo indican un par de cartulinas pegadas en las paredes de ladrillos mezcladas con muros color crema.</p>
<p class="p4">El lugar es amplio, modesto pero limpio, incluso, se parece a un salón de clases, cuenta con buena iluminación porque en el fondo tanto los muros como la puerta que desemboca en un pequeño y agradable jardín, son de cristal. En el área verde, se ubican mesitas y sillas de concreto rodeadas de árboles y flores, donde jóvenes psicólogas, como parte de su servicio social, ofrecen terapia a los internos.</p>
<p class="p6"><span class="s1"><b>“Están locos”</b></span></p>
<p class="p3">Un recluso alto, delgado y moreno con menos de 25 años de edad, se planta frente a mí, me saluda con semblante serio pero inofensivo, le correspondo el saludo; sosegado responde: “¿Y cómo estás?”, al instante le digo: “Bien y ¿tú?” y afirma: “Bien”. Me esquiva sin titubear para dirigirse con una psicóloga, a quien le informa que en estos días saldrá libre y le pregunta: “¿Cómo apareces en Face y Twitter?” para seguir siendo amigos. Ella le recuerda que está prohibido mantener contacto fuera del penal, él, resignado se despide.</p>
<p class="p4">Un guardia llega hasta mí y me sugiere no permanecer sola con algún interno, a quienes oficialmente se les denomina interno-pacientes, porque cometieron un delito. El 70 por ciento de los casos está relacionado con el robo en diversas modalidades; no obstante, algunos perpetraron asesinatos, violaciones o secuestros.</p>
<p class="p4">El funcionario sostiene que predominan los varones de entre 30 y 35 años de edad, pero hay jóvenes de 18 años hasta adultos mayores, que sin excepción padecen algún trastorno psicológico: bipolaridad, esquizofrenia, retraso mental, brotes psicóticos relacionados con el consumo de sustancias, entre otros.</p>
<p class="p4">Por sus problemas mentales, la ley los considera inimputables al no comprender la criminalidad de sus actos y carecer de la capacidad de culpabilidad, porque no dirigen sus acciones. Una vez que las autoridades corroboran su condición, a través de pruebas psicológicas, son internados y reciben el tratamiento necesario para su padecimiento al tiempo que cumplen una medida de tratamiento según el delito que perpetraron.</p>
<p class="p4">“Hay quienes pasarán el resto de su vida recluidos, otros estarán sólo un par de meses”, afirma el guardia, a quien le solicito recorrer los dormitorios, pero me pide que espere a que el director del Cevarepsi baje a ver la obra.</p>
<p class="p4">Una universitaria de la IBERO me pregunta si los actores son “Los Conjurados”, le respondo que sí mientras un joven moreno con ojos enrojecidos nos encara: “My name is Paul. I´m from YU ES EI. A ver ya les dije quién soy, si son psicólogas díganme ¿qué tengo?”, la joven da un paso atrás. Eufórico prosigue: “Si son psicólogas, díganme ¿qué tengo?”, le respondo que debemos platicar a fondo para determinar su padecimiento. La universitaria desaparece y un funcionario del penal, le pide a Paul (el recluso que nos abordó) que trapeé junto con los otros seis internos, y después coloquen más de 100 sillas de plástico para que junto a sus compañeros vean la obra.</p>
<p class="p4">El hombre que le habló a Paul, un trabajador del centro (a quien por motivos de seguridad mantendré en anonimato,<span class="Apple-converted-space">  </span>y al recluso bajo el seudónimo de “Paul”) sugiere que permanezca acompañada y evite entablar conversación con los internos porque en apariencia se ven cuerdos, pero “están locos”, nadie sabe cómo van a reaccionar. Y agrega: “Padecen de sus facultades mentales, todo el día están medicados, por eso tres cuartas partes del día permanecen dormidos. Algunos reciben terapia psicológica, pues suelen estar deprimidos porque su familia los abandona y ellos no comprenden por qué”.</p>
<p class="p4">“¿Entonces, qué ocurre cuando obtienen su libertad y no tienen a dónde ir?”Le pregunto. “El Centro se encarga de buscarles un refugio, aunque no es fácil que los acepten, y una vez que se consigue el espacio, tienden a escaparse; de hecho, algunos regresan aquí el mismo día”, responde.</p>
<p class="p4">“Cuando llegan al Cevarepsi -me explica-, inmediatamente son medicados y después son sometidos a pruebas psicológicas para determinar su padecimiento, son los más conflictivos y se rehúsan a permanecer encerrados. Además algunos sufren síndrome de abstinencia porque solían consumir drogas, por eso los mantienen confinados y dopados para calmarlos.</p>
<p class="p4">En la segunda fase, permanecen encerrados pero ya están diagnosticados, si bien, continúan ansiosos. En la tercera, suelen ser autosuficientes y su comportamiento es más estable. En la cuarta y quinta están tranquilos, son autosuficientes y realizan diversas actividades”. Resignado me confía: “A veces fuman marihuana… está mal, pero los tranquiliza… de todos modos permanecen dopados”.</p>
<p class="p4">Le pregunto si constantemente reciben actividades culturales, como la presentación de la obra de teatro, y qué talleres realizan como parte de su terapia. Sin decir una palabra, su cabeza indica una negativa al dar un giro ligero de lado a lado. Insisto: “¿No reciben talleres de carpintería? ¿Tampoco realizan artesanías para venderlas posteriormente?”, preguntas ante las cuales recibo la misma contestación.</p>
<p class="p4">Mientras tanto los internos deambulan torpemente, al trapear dan zancadas similares al caminar de los patos, o como dice uno de los trabajadores, parece que marcan la hora “al cinco para la una”. Al terminar, colocan las sillas hasta formar una media luna y los guardias se alistan para trasladar a más de 100 presos, quienes en hilera son encaminados a los asientos.</p>
<p class="p6"><span class="s1"><b>Huelen a medicamentos </b></span><b style="line-height: 1.5;">y azufre</b></p>
<p class="p3">Pantalones largos o cortos, playeras con o sin manga, sudaderas, gorros o suéter, todo color caqui: es el uniforme de los presos. Sólo poseen dos mudas y calzan desgastados tenis o zapatos obscuros.</p>
<p class="p4">“¿Por qué la mayoría no tiene calcetines?”, cuestiono al funcionario, quien justifica que son sus familiares los que les traen prendas, aunque aclara, el Centro les otorga un par de ropa interior y uniformes. Son privilegiados, añade, es uno de los pocos Centros que tiene lavandería y planchado. La vestimenta de diferentes internos evidencia lo contrario, a lo cual responde: “Algunos la hacen bolita, la avientan, no la cuidan y por eso está arrugada o rota”.</p>
<p class="p4">Después de congregarse, el ambiente es invadido por un olor penetrante que pica la nariz, me inquieta saber a qué huele. El funcionario despeja la duda: “Los presos transpiran medicamentos, prácticamente no beben líquidos y al día ingieren cinco tomas; además su ropa es lavada con azufre, para prevenir infecciones”.</p>
<p class="p4">En ese momento quisiera lavarme el rostro. Los olores empiezan a surtir efecto en mí, a través de un ligero dolor de cabeza. Voy al baño para refrescarme la cara, pero la llave está fragmentada, la sustituye un tambo encargado de almacenar líquido, ante lo cual<span class="Apple-converted-space">  </span>prefiero evadir la sugestión.</p>
<p class="p4">Al regresar al salón unos presos fijan su mirada en mí, les inquieta la presencia del sexo femenino; me regalan sonrisas ingenuas y coquetas, su semblante infantil cesa en mí un conjunto de prejuicios. Sin embargo, recuerdo, están bajo el influjo de medicamentos. Varios internos caminan erguidos, están al pendiente de su entorno, parecen conscientes de su realidad. En ese lapso, por primera vez sentí temor: dos internos me observan intimidatoriamente, aunque me tranquilizan los tres metros de distancia que nos separan las sillas, además confío en la astucia de los guardias.</p>
<p class="p4">Están rapados para evitar la proliferación de piojos, lo que en algunos revela amplias y profundas cicatrices en sus cabezas o rostros. El trabajador me explica que entre ellos se rapan y diario se asean. A pesar de que varía su estatura, complexión, tez y edad, los imagino como hombres de papel cortados por la misma tijera: uniformes de color caqui, rapados y somnolientos.</p>
<p class="p4">Cuando los presos están sentados, el director del Ceverapsi se dirige a un lugar ubicado al centro de la primera fila para dar inicio a la obra <i>Ficticia</i>. Los artistas presentan una historia que trata de una ciudad forjada sobre una montaña de basura y padece escasez de agua, orillándolos a realizar diversas peripecias para conseguirla. “Aquí pasa lo mismo”, me comenta un empleado.</p>
<p class="p4">En un inicio, los internos están pendientes de la función, se divierten, ríen o se miran entre sí cuando una actriz realiza movimientos seductores, pero el tiempo va mermando su ánimo hasta evidenciar momentos de distracción, miradas perdidas. Se levantan de su lugar, piden permiso para ir al baño, que se encuentra a mi espalda, y donde llega a haber cinco internos al mismo tiempo.</p>
<p class="p4">En plena función, uno empieza a cantar, otro aplaude, a la vez que uno se tapa los oídos con los dedos para después frotarse la<span class="Apple-converted-space">  </span>cabeza con las manos. Un joven insiste en fijar sus ojos verdes sobre mí, lo cual me hace sentir incómoda. De pronto concluye la obra, algunos sonríen y aplauden, a otros les pasa desapercibido.</p>
<p class="p6"><span class="s1"><b>El recorrido </b></span><span class="s1"><b>por las celdas </b></span></p>
<p class="p3">Una funcionaria, al lado del guardia, le informa al director que solicito un recorrido. Sin apartar la mirada, ambos nos acercamos para presentarnos. No existen contratiempos, da una palmada en mí hombro derecho, señala las escaleras para ascenderlas e iniciar el recorrido. Las escalinatas conducen al módulo custodiado por los guardias varones, que al instante abren la puerta que dirige a las celdas de los interno-pacientes.</p>
<p class="p4">Al aire libre, transitamos por el estrecho pasillo de concreto que delimita un muro trasero de una cimentación y diversas fracciones de áreas verdes cercadas, donde reposan algunas piezas de uniformes empapados.</p>
<p class="p4">Cuando se percatan de la presencia del director, los internos se cuadran pegados a la pared, mientras los saluda por sus nombres y chocan sus puños. La escena continúa metros después, al igual que el olor a azufre y medicamentos, cuando se acercan más presos para pedirle cigarros. Él responde: “Ahorita no traigo…al rato”. Al mismo tiempo, otros deambulan o permanecen sentados en los patios de concreto.</p>
<p class="p4">Los dormitorios se asemejan a los salones de las escuelas públicas: pequeñas edificaciones de ladrillos con franjas azules en la parte superior. De forma presurosa ingresamos a las celdas, en ese instante merman la temperatura y la luz, los muros descarapelados evidencian cómo su blancura adquirió tonos grisáceos por el paso del tiempo.</p>
<p class="p4">En el costado derecho, se ubican unas escaleras que conectan al segundo piso<span class="Apple-converted-space">  </span>donde se replican las celdas, situadas en los costados de tal forma que en el centro queda un espacio libre en forma de rectángulo.</p>
<p class="p4"><span class="s1">Las habitaciones, divididas por barrotes y muros, disponen de delgadas<span class="Apple-converted-space">  </span>estructuras metalizadas en forma de litera. Según el tamaño del cuarto, algunas cuentan con diez, ocho, seis o cuatro camastros, donde descansan escuálidas colchonetas y harapos que fungen como cobijas. En el fondo de cada dormitorio, hay un pequeño apartado donde los internos realizan sus necesidades fisiológicas. En ese momento, las rejas están abiertas, las celdas desocupadas y el ambiente carece de olores fétidos; no obstante, el espacio en sí, me resulta desolador. </span></p>
<p class="p4">Cuando salimos al aire libre, el director continúa saludando a los internos que insistentes le piden cigarrillos mientras pasamos a un segundo dormitorio. Esta vez dentro de la celda, tres reclusos se apartan abruptamente al tiempo que se cuadran para saludar.</p>
<p class="p4">Tras encaminarnos al comedor, el funcionario me dice que tiene capacidad para atender a 300 internos simultáneamente, porque cuenta con diez mesas reforzadas y 300 sillas plásticas acojinadas que están distribuidas en el amplio salón, en ese instante observo a un preso sentado sobre otro, pero ambos se levantan velozmente ante nuestra presencia.</p>
<p class="p4">Es la hora de la comida. Afuera del comedor varios pacientes esperan entrar, formados en hilera con una charola de plástico que aún permanece vacía, porque apenas traen el carrito de metal que soporta tres amplias ollas, con un guisado, guarnición y agua de sabor, respectivamente. La altura no me permite distinguir los platillos pero el guardia comenta: “Van a comer pescado”.</p>
<p class="p4">Al dar la vuelta, pasamos al lado izquierdo del inmueble donde se ubican más dormitorios, aunque esta vez no ingresamos a ninguno. El director sigue saludando, pero le pregunta a uno sobre su herida en la cabeza, el preso que aparenta más de 40 años, le contesta:“Ya, ya estoy mucho mejor, gracias”.</p>
<p class="p4"><span class="s1">Después cuestiona a un muchacho escuálido que sufre temblores constantes en los brazos, “ponto saldrás libre, ¿ya sabes qué harás?”, a lo que el joven sonriente responde: “Llegaré a mi casa, acomodaré mi cuarto y tenderé mi cama para ver la televisión todo el día”. El director ríe, pero le recomienda buscar empleo, y titubeante el interno dice: “Sí, un familiar me va a prestar su taxi”. </span></p>
<p class="p4">Posteriormente se dirige hacia un joven que se cubre la cabeza con un gorro beige: “Ya pronto vas a salir ¿cómo te sientes?”, el preso responde: “Bien, pero estoy confundido, no quiero salir”.<span class="Apple-converted-space">  </span>“¿Por qué no quieres salir?”, pregunta el funcionario sorprendido mientras el joven admite: “Aunque aquí me controlo, últimamente me han dado ganas de golpear y si salgo sé que lo haré de nuevo”. Sin embargo, recibe un aliento: “No te preocupes, a tu mamá le diremos qué medicamentos necesitas y verás que estarás bien”, el joven resignado asienta con la cabeza.</p>
<p class="p4">Más adelante las dentaduras chimuelas de los internos se dejan ver cuando nos ofrecen sonrisas y chocan sus puños con los nuestros, uno me extiende la mano, le correspondo y siento que está helado; otro copia la acción, de igual forma siento que está fría y pegajosa. Entiendo por qué el funcionario los saluda con el puño cerrado.</p>
<p class="p4"><span class="s1">Mientras tanto, el director me comenta que actualmente también residen salvadoreños, hondureños y hasta un español. Antes de salir, es cuestionado por un joven: “Ayer mi familia me dejó dinero pero hoy en la tienda me dijeron que ya no tenía nada. Quiero saber si me lo tranzaron o qué”, a lo que el director responde: “Ven, de una vez vamos a aclararlo”, al regresar al módulo donde hay varios guardias, le encomienda a uno revisar el caso del inconforme.</span></p>
<p class="p6"><span class="s1"><b>Y tú ¿qué?</b></span></p>
<p class="p3"><span class="s1">El guardia corpulento me indica que mis compañeros están a punto de comer; dos funcionarias nos guían hacia el primer piso, donde se ubica la sala de juntas del director, la cual nos servirá de comedor. Posteriormente, un joven coloca sobre la mesa dos ollas grandes de comida y una jarra con agua de jamaica. No sin antes lavarme las manos, agarro una charola de plástico donde las compañeras sirvieron las raciones.</span></p>
<p class="p4">El director se sienta a mi lado y con actitud simpática felicita a los jóvenes actores, mientras ellos le preguntan sobre los internos y el Cevarepsi. A mí alrededor todos comen; excepto el director, no quiso ni agua ni comida.</p>
<p class="p4">Con los dedos intento desmenuzar la áspera pierna de pollo rodeada por una rodaja de cebolla. Al dar el bocado percibo que su sabor es intenso, penetrante, está tan cocido que desisto y prefiero probar el arroz blanco, que tampoco tiene una pizca de sal. Por no dejar pruebo el agua azucarada de jamaica y recuerdo las palabras que el trabajador me dijo acerca de la escasez del líquido, lo cual me lleva a pensar que, probablemente, el agua ha sido extraída directamente de la llave.</p>
<p class="p4">De reojo, el funcionario se percata que dejo el plato íntegro, y me lanza una pregunta: “Y<span class="Apple-converted-space">  </span>tú ¿qué?”. “Nada”, le respondo mientras aparto el plato de comida. Sin más, continúa la plática con los actores.</p>
<p class="p6"><span class="s1"><b>Un mundo sin colores</b></span></p>
<p class="p3">Antes de salir del Centro, solicito hablar con dos reclusos. Una funcionaria le comunica mi petición al guardia, no sin antes aclararle que les preguntaré sólo sobre la obra. El guardia acepta, saca a dos internos al módulo donde permanecen los uniformados, y se mantiene a mí lado. Le pregunto a un interno regordete si le gustó la obra.</p>
<p class="p4">Emocionado me dice: “Sí, me gustó mucho. Nunca había visto nada así, cantan muy bonito y dan un buen mensaje porque sí debemos cuidar las calles y en donde vivimos. Ojalá vengan más seguido para verlos, aunque ya no veo bien con el ojo izquierdo. Y es que hace mucho tiempo estoy encerrado, entonces al verlos, me recuerdan cómo es la calle”, y señala nuestra vestimenta colorida, “los colores son vida. ¡Carajo!”.</p>
<p class="p4">Inesperadamente, un guardia les ordena a ambos presos, con los que me disponía a seguir platicando, que inmediatamente ingresaran al dormitorio. Con gesto arduo se justifica diciéndome que mis compañeros están a punto de salir. Sin embargo, transportan la escenografía, incluso, un guardia le dice a un preso (que intenta hablar aunque sus palabras resultan inaudibles), que ayude a cargar la escenografía.</p>
<p class="p4">En ese lapso, tres curiosos presos, ansiosos y bonachones, se asoman por una puerta, que está frente al módulo de los uniformados, y me preguntan: “¿De dónde vienen? ¿Son los de la obra? ¿Por qué se van?” A la par el guardia, me dice: “Ahora sí ya se van tus compañeros”. Agitando la mano hacia los reclusos, me despido de ellos antes de iniciar el mismo recorrido, por aquel túnel color verde menta.</p>
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