Una nueva mirada al asesinato de Trotsky

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“En momentos tan difíciles como los que está viviendo nuestro país en el terreno político, un ejemplo como el de Trotsky es válido y necesario”

Arturo Sánchez Meyer

Arturo Sánchez Meyer

Entrevista con el dramaturgo Fernando Martínez Cortés

Afinales del año pasado, la obra de teatro Viena 19: La sangre, original de Emmanuel Martin y Fernando Martínez, fue seleccionada para otorgarle el EFIARTES, un estímulo fiscal cuyo objetivo es apoyar los proyectos de inversión en la producción artística.

La obra narra el paso de León Trotsky por México y su fallida resistencia al ser asesinado por un agente de Stalin en 1940.

Después de su estreno el 15 mayo de 2019 en el teatro El Milagro, Fernando Martínez, me concedió amablemente una entrevista para los lectores de El Ciudadano.

El asesinato de Trotsky 

Yo tuve unos padres que, afortunadamente, se preocuparon siempre por la formación de sus hijos. Mi padre leía mucho, no había terminado ni la secundaría pero se formó una cultura extraordinaria, siempre nos platicaba cosas interesantes. Cuando yo cursaba la secundaría me contó una historia que se me quedó grabada: el episodio del asesinato de León Trotsky (Lev Davidovich Bronstein).

Me impresionó la forma tan cobarde y vil en la que se fraguó la muerte de un personaje como Trotsky. Su asesino, Ramón Mercader, era un ciudadano español que vivió la época de la República. A mí me impactó la manera tan meticulosa en la que Ramón fue poco a poco ganándose la confianza de los Trotsky, enamorando a Sylvia Ageloff, quien era asistente de León.

Ramón Mercader estuvo tres o cuatro meses en Rusia, donde lo entrenaron, le lavaron el cerebro para que se hiciera fanático de Stalin y para que pensara que lo que iba a hacer era una obra patriótica a favor del socialismo. Mercader mató a Trotsky de una manera brutal, enterrándole un piolet en la cabeza. En la obra manejamos este hecho como un suicidio asistido porque Trotsky ya esperaba su final.

Verlo como un suicidio nos pareció interesante porque el teatro también es ficción, no puede estar siempre apegado a la historia al pie de la letra. El dramaturgo y el director pueden imaginar cosas que funcionan y son válidas en el arte.

Otra de las cosas que me influyeron para escribir la obra fue la novela El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura. Leí el libro de este autor cubano y está tan bien escrito y documentado que al estudiar la historia tan completa y con tantos detalles que yo no conocía, me surgió la idea de hacer un texto en compañía de Emmanuel Martin. Lo entusiasmé para que entre los dos escribiéramos y así fue como nació Viena 19: La sangre.

Humanizar a los personajes

Una de las apuestas de la obra es desmitificar la figura de León Trotsky, el tratamiento narrativo que le damos es el de un personaje con defectos y virtudes, con pasiones; no lo vemos solamente como un ícono de la revolución socialista, también fue un hombre que engañó a su mujer y que fue el comandante del ejército rojo, mató a muchísima gente, es decir, tratamos de retratar a Trotsky desde un ángulo más completo y complejo también.

Lo anterior puede resultar ofensivo para algunas personas a las que les gusta ver a sus héroes casi como inmaculados, de la manera en la que los representa la historia de los triunfadores, no les gusta ver a estas figuras desmitificadas, pero para mí eso es una de las grandes contribuciones de la obra, mostrar a los personajes más humanos, lo cual no les resta grandeza, sólo hace que podamos observarlos desde otro punto de vista.

El mismo Ricardo Mercader es un personaje complejo al que también se desmitifica en la obra. Después de asesinar a Trotsky y pasar veinte años en la cárcel de Lecumberri, recibió medallas en la Unión Soviética, pero vivió muy amargado porque en el fondo me parece que se dio cuenta de que León Trotsky no merecía esa muerte, Mercader llegó a conocerlo y admirarlo.

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La congruencia de Trotsky no pierde vigencia

Las denuncias que hizo Trotsky contra Stalin fueron comprobadas con el tiempo. Stalin se convirtió en un dictador y en la propia URSS lo quitaron de los pedestales donde lo tenían. Esa es la manera en la que Trotsky y sus ideales reviven. Su congruencia política, la lealtad a sus principios, la terquedad que tuvo para defender sus ideas y denunciar los crímenes de Stalin son grandes aportaciones políticas a la historia por parte de Trotsky y una enseñanza para las nuevas generaciones: la congruencia y la lealtad son valores que nunca pierden vigencia. En momentos tan difíciles como los que está viviendo nuestro país en el terreno político, un ejemplo como el de Trotsky es válido y necesario.

La obra va dirigida principalmente al público joven y también a quienes no sabían nada de Trotsky. La intención de la puesta en escena es sembrar la idea de la lucha por mantener vivos los principios y la congruencia de los propios ideales.

Cuando el texto cobra vida

El teatro me parece algo muy vivo y que está más al alcance de la gente, lamentablemente el promedio de lectura en nuestro país es muy bajo, por eso escogí el teatro, porque es un vehículo donde se pueden transmitir cosas de manera más inmediata.

Ver la puesta en escena fue para mí una emoción nueva e indescriptible, ver lo que uno pensó y escribió manifestado en los actores (quienes poseen un gran talento), ver al texto cobrar vida, adivinar los diálogos (porque uno los recuerda), son cosas que me produjeron mucha satisfacción. Observar la obra y compartirla con el público fue para mí una recompensa ante la cual vale la pena cualquier esfuerzo.

 

 

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