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LINCHAMIENTOS VIRTUALES Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN

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Tania Rosas

Tannia Rosas
@valeryvegarosas

D

ado que en la actualidad las redes sociales han dado paso a una forma de comunicación ágil y en tiempo real, ocurren diversos fenómenos debido a este cúmulo informativo y desinformativo; uno de ellos es el linchamiento virtual. Es claro que debe ocurrir un incidente, o no, que detone esa acción; sin embargo puede, o no, bastar con un mensaje, una foto, un tuit o una opinión personal para que alguien reaccione o accione una serie de ataques que, como consecuencia, terminan en el linchamiento en muchas ocasiones.

En el actual proceso electoral, la comunidad virtual de Ya sabes quién ha cobrado notoriedad por ejercer, al parecer de manera orquestada, su poder de linchamiento. Si bien es cierto que de atacar se trata, sus agresiones han sobrepasado los límites del respeto. La consigna, por lo menos en las redes, parece ser acabar con cuanto detractor o persona que exprese su opinión y que vaya en contra de lo que su iluminado candidato indique. Y los ataques son desmesurados.

Ejemplos sobran. En fechas recientes las embestidas se han destacado por ir particularmente dirigidas a periodistas; claro que en ciertos casos la reputación de esos periodistas es indefendible, por lo que no nos detendremos en ellos; sin embargo, cuentas de Twitter como las de Jesús Silva-Herzog Márquez, Enrique Krauze, Francisco Martín Moreno, José Cárdenas y la multipremiada Carmen Aristegui, por mencionar algunas, se llenaron de insultos y descalificaciones por diversos incidentes. Hasta el Wall Street Journal resultó “calumniador”, a juicio de dicho candidato, por publicar una nota en donde informaba de dos departamentos omitidos en su declaración de bienes.

La intolerancia con la que actúa el predio digital del citado candidato no es menor: injurias y ofensas, sin ton ni son, en contra de quien piense diferente o no esté de acuerdo en algún dicho de su líder son el común denominador. Basta con que Ya sabes quién haga una declaración o lance un tuit en contra de algún comunicador o persona de la vida pública, para que su ejército se levante en dedos y comience la batalla.

Tampoco son menores las agresiones del político tabasqueño contra estos periodistas: “articulista de la mafia del poder”; “conservador con apariencia de liberal”; “calumniador”; “mirona profesional” o “mal escritor”, son algunos de los adjetivos y frases que ha usado para denostarlos.

Peor aún, los invito a que, a modo de prueba, respondan un tuit del personaje o lancen un tuit con un cuestionamiento real hacia él, bien argumentado claro, o pongan en duda su reputación de alguna forma, para que vean la reacción de su ejército virtual, incluso contra ciudadanxs como usted y como yo.

Pretender arruinar la reputación de una persona, aunque esto ocurra en el mundo libérrimo de las redes sociales, o atacarla desde el escondrijo anónimo que les permite el medio es un acto repudiable, tanto de quien lo realiza como de quien lo orquesta de manera fría y calculadora, particularmente si de difamaciones y mentiras se trata.

Cabe señalar que opinaría lo mismo si el ataque fuera orquestado incluso contra Ya sabes quién, seguiría siendo impropio; aunque también es de todos sabido que si es en su contra, es la mafia del poder y su derecho a la libre expresión, pero si es en contra de otro candidato es porque se lo merece y son lxs ciudadanxs quienes los atacan.

Los medios de comunicación masiva constituyen en sí mismos un gran poder; así lo explica el fallecido jurista Jorge Carpizo en un texto publicado en número 96 del Boletín Jurídico de Derecho Comparado de la UNAM. Para concluir, nunca como hoy son bienvenidas también algunas líneas de su artículo “Libertad de expresión, elecciones y concesiones”, publicado en octubre del 98 en la revista Nexos:

  • La libertad de expresión no es derecho a mentir.
  • La libertad de expresión no es sinónimo de difamación y calumnia.
  • La libertad de expresión no es derecho a desdibujar, alterar o maquillar la realidad.
  • La libertad de expresión no es derecho a confundir a la audiencia.
  • La libertad de expresión no es el avasallamiento de los otros derechos humanos.
  • La libertad de expresión no es sustitución de los tribunales.
  • La libertad de expresión no es el derecho a crear nuevas inquisiciones.
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