Ciudadanos y responsables

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Tania Rosas

Tannia Rosas
@valeryvegarosas

Poco a poco nos hemos convertido en una ciudadanía enojada, crítica y dura en las redes sociales

La Real Academia Española de la Lengua define a la ciudadanía como “el comportamiento propio de un buen ciudadano”. Un buen ciudadano, hombre o mujer, se entiende como una persona que colabora con los demás, cumple las normas, es educado, responsable, honrado, justo y solidario.

Dado lo anterior, me pregunté si en México hemos cumplido a cabalidad con esta premisa de ser “buenos ciudadanos”. Me di a la tarea de observar más mi entorno, mis actitudes y las de los demás, y llegué a la conclusión de que no, muchos de nosotros no cumplimos con esa condición.

Estas líneas no pretenden agraviar a nadie. Bastante tenemos con el gobierno que nos lacera todos los días y, al comenzar este año, es más que suficiente con el maltrato económico del que somos víctimas gracias al irresponsable golpe dado por el Ejecutivo Federal al aumentar la gasolina. Sin embargo, no me parece tan descabellado exhortarlos a leerlas con una visión ligeramente autocrítica y reflexionar cuántas cosas de nuestro entorno podrían mejorar y son parte de nuestras responsabilidades e irresponsabilidades, más que del gobierno.

Observé que la palabra corresponsabilidad es inadecuada para muchas personas que tienen a la mano la frase “que lo resuelva el gobierno”. Percibí que quienes están poco familiarizadas con el término ni siquiera asumen que es una expresión con obligaciones implícitas.

Encontré, por ejemplo, que el intenso tráfico de la ciudad se resolvería en muchos puntos, en buena medida, si aplicáramos y respetáramos el “uno y uno”; y el que no se cumpla esta sencilla norma de orden no es culpa del gobierno.

No tirar basura en la calle es nuestra responsabilidad. La de las autoridades es mantener contenedores y recogerla cada cierto tiempo. Si no encontramos contenedores, debemos hacernos cargo de esa basura, llevarla con nosotros si es necesario, y depositarla cuando encontremos un contenedor.

Ceder el asiento a adultos mayores, mujeres embarazadas y hombres y mujeres con niños en los transportes públicos es un gesto de “buen ciudadano”; el que con frecuencia no lo hagamos no es culpa del gobierno.

Para abundar en nuestra falta de corresponsabilidad y a riesgo de poner el dedo en la llaga, recuerdo que en el año 2014 diversas fuerzas progresistas convocaron a marchas para detener el “atraco” que significaría (desde entonces se veía venir) la llamada Reforma Energética. Muchas personas acudieron al llamado, pero otras hicieron duras críticas a los “revoltosos de siempre que cierran las calles”. Hoy asestan un golpazo a nuestros bolsillos con un aumento desproporcionado en el precio de la gasolina, pero muchos no hicimos nada por detenerlo.

En cada proceso electoral, tanto las fuerzas progresistas como diversas organizaciones de la sociedad civil exhortan al “buen ciudadano” a ejercer su derecho al voto y hacerlo de manera comprometida; esto es, de manera informada y responsable, único camino para sacar del poder a los de siempre. Sin embargo, en nuestro desdén y justificado (aunque a veces irreflexivo) enojo, solemos sumarnos al voto nulo o simplemente no votamos, propiciando que todo siga igual.

Así, poco a poco nos hemos convertido en una ciudadanía enojada, crítica y dura en las redes sociales. Nos quejamos de las calles sucias, pero tiramos basura; nos lamentamos del tráfico de la ciudad, pero no cedemos el paso a nadie; nos quejamos de los tumultos en el transporte público, como el Metro, pero no ponemos nada de nuestra parte para abordarlo de manera organizada; nos indignamos por los terribles, corruptos y deshonestos gobiernos, pero no salimos a votar para quitarlos del poder que les dimos.

Aunque no lo parezca, la coyuntura actual ofrece un valioso nicho de oportunidad para la unidad ciudadana y la colaboración genuina; para no tener miedo de “ser parte de”, para sumarnos a todas las manifestaciones pacíficas y apoyar toda iniciativa que nos permita corregir y revertir lo mal hecho. Nuestra corresponsabilidad está a prueba hoy más que nunca. ¿Haremos lo que nos corresponde o lo dejamos pasar… otra vez?.

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