México, un cementerio de jóvenes

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Delegado Jóvenes en Movimiento Estado de México

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Según datos del Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE), la población juvenil en México se concentra principalmente en ocho entidades federativas: Estado de México, Ciudad de México, Veracruz, Jalisco, Puebla, Guanajuato, Chiapas y Nuevo León. El Estado de México es la entidad con más jóvenes en el territorio nacional, con 5 millones 287 mil 961.

El estudio “Mapa da Violencia 2015”, de Brasil, analiza el comparativo entre 85 países a nivel mundial, ubicando a México en el primer lugar de la violencia mundial contra los jóvenes. El análisis indica que el asesinato de adolescentes mexicanos de entre 15 y 19 años ha alcanzado una tasa de 95.6 muertes por cada 100 mil jóvenes.

México ocupó en 2012 el sitio número 13 de 90 países, con 15 mil 936 homicidios y 17 mil 752 actas de defunción por muerte con arma de fuego, y una tasa de 15.1 defunciones de esta índole por cada 100 mil habitantes, mucho más que Irak, un país en guerra, que registró mil 772 homicidios y 7 mil 822 actas de defunción por muerte con arma de fuego, con una tasa de mortalidad de 27.7 por cada 100 mil habitantes de la población abierta.

Ahora bien, ¿qué nos están indicando estas cifras tan alarmantes?

La crisis de muerte en jóvenes durante el sexenio Peña Nieto

Con base en actas de defunción, estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS), datos de organismos internacionales y estadísticas oficiales de criminalidad, México no había figurado en los primeros lugares de los estudios de violencia que se han realizado desde hace 17 años, hasta ahora.

El terrible ascenso de nuestro país en el mapa de la violencia mundial nos muestra que en los últimos años – primeros dos del sexenio de Enrique Peña Nieto – la violencia en México, en particular contra los jóvenes, ha crecido como parte de un sistema genocida.
México aparece en la posición 13 de la clasificación de “Homicidio de jóvenes de 15 a 19 años”, con una tasa de mortalidad de 20.2%. Mientras que en el estudio del 2013, nuestro país ocupó el séptimo lugar de un comparativo de 100 países, con una tasa de 17 defunciones por arma de fuego por cada 100 mil habitantes.

En el año 2012, México ocupó el sitio 17 de 92 países, con una tasa de 9.2 homicidios por cada 100 mil adolescentes de 15 a 19 años, y el lugar 19 con una tasa de mortalidad de 2.9 por cada 100 mil niños y adolescentes de 0 a 19 años.

Si hacemos un comparativo de los últimos siete sexenios con las cifras de muertes juveniles que muestran la violencia en nuestro país, estaríamos hablando de que durante los dos últimos años ha crecido exponencialmente el índice de muerte juvenil al frente del actual Ejecutivo Federal.
Datos de la OMS relacionados con las cifras anuales de muertes por agresión de jóvenes mexicanos de 15 a 24 años, indican que durante los últimos siete sexenios (López Portillo, De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto), los gobiernos mexicanos (priístas o panistas) han operado sistemáticamente un genocidio de la juventud mexicana.

Los datos anuales de defunciones (1979-2010), arrojan un saldo total de 98 mil 882 fallecimientos, lo que pone en evidencia el grave impacto humano que han tenido los gobiernos mexicanos en las últimas tres décadas.

A partir de las defunciones por agresión que esto genera, durante los gobiernos de los priístas José López Portillo, Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari, hubo una visible tendencia de crecimiento en el número de muertes de jóvenes de 15 a 24 años;  durante los gobiernos de Ernesto Zedillo y Vicente Fox hubo una ligera baja en las cifras; durante los sexenios del panista Felipe Calderón y su fallida “guerra contra el narcotráfico” hubo una estrepitosa escalada en el crecimiento de violencia que disparó significativamente el número de defunciones; y qué decir del actual sexenio, que marcó el regreso del priísmo al gobierno, con Enrique Peña Nieto y su “Estado fallido”. Las cifras sólo son un reflejo de nuestra realidad, una que demuestra la crisis de violencia desbordada en la que vivimos y con la que sangra todo una generación de jóvenes mexicanos.

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